LOS CAMINOS DE LO INCIERTO

El censo, la viruela y los marciano’
Las guerras, el tren y los billetes
La tarde, inflación, trigo y soquetes
Un presente que llena las pantallas.
¿El mundo, de valientes con agallas?
Adaptarse o sucumbir parece sano.

El humor y el amor en las desgracias
La amistad, la patria y las hormonas
Los hijos, los hermanos, las sobrinas
Un presente donde encontrar respiro.
¿El mundo, luz y sombras donde miro?
Mis rimas no se venden en farmacias.

Las redes que brindan posibilidades
La comunicación cada tanto tropieza
El frío que va dejándonos aspereza
El ciclón tropical y los que han muerto
Los caminos trazados por lo incierto.
( Los sueños repartidos por edades ).

Mañana, ayer y hoy y por supuesto
El porvenir se da sólo en fragmentos
En el presente están los pensamientos
Y allá hacia el horizonte nos movemos.
Si hay un lienzo blanco que pintemos
Que sirva de alegrías para el resto.

Los tanques que todo lo destruyen
Y todo aquello que no comprendemos
Lo poco o lo mucho que sabemos
Las ciencias que mejoran la vida
Alcanzar a cubrir techo y comida.
El futuro es de los que construyen.

Saber y no saber si risa o llanto
Las noticias que provocan tensiones
Películas que otorgan distracciones
La música que vibra y acompaña.
Mis penas tejen tintas de maraña
En un tonto poema o sobrio canto.

Vidriera ( microcuento )



Parado, firme, estilizado y con estilo, viste un traje azul que lo pinta como el otoño pinta de ocres las veredas. Por un momento pienso que me está observando, y me lo quedo observando como desafío: la corbata no combina, me digo. Para mantenerse parado mirando la nada, el vacío, el espacio entre la gente, hay que tener al menos una cualidad tangible, la tenacidad, y quizás otra solapada, la persistencia; y es evidente que para mostrarse en público hay que tener una cuota paga de narcisismo, y al menos dos para no inmutarse ante los espectros que se detienen a observar su figura con distintas intenciones. Más de uno como mi amigo Juan cree ( y con justeza ) que podría posar mucho mejor allí mismo, con gran elegancia y que con un salario justo podría costear los bifes y el puré de calabaza que tan bien le salen a la patrona y que a los chicos nutren cuando el frío aturde. Pero las cosas se dan de diversas maneras, a veces incomprensibles, y este maniquí, que viste tal traje azul en la vidriera, este primero de mayo tampoco se tomará un respiro.

El fondo del texto o…

La hoja en blanco representa un desafío, una invitación, un presente. La tinta que la va cubriendo debería tenerse por bien gastada, si las palabras que conforman el texto contienen algún valor, aunque todo sea simbólico, porque la hoja no es de papel ni blanca y la tinta sólo trata de caracteres sobre una pantalla, cuando la realidad pesa más que muchas palabras, cargadas de sentido y de razón, de sentimientos, de algún pensamiento más profundo, de las dificultades, de expresión, de fantasía necesaria e ilusiones. Queda sobre el fondo el tamiz de la hoja en blanco, simbología de veteranos escritores de pluma tenaz, tersa, figurada, que nos permite, nos facilita adentrarnos en un mundo donde las letras suplen las dificultades físicas, donde las palabras acarician el pensamiento contrastando con los surcos más ruidosos del cerebro, cuando la música -vaivén de melodías, sutil compañera de sueños y vigilias- no nos resulta accesible ni sorprende, donde el texto se desenvuelve ante la posibilidad de una lectura frugal que nos acompañe hacia la orilla fragante de un buen reposo. La hoja en blanco ante el escritor intermedia en la coacción del lector ocasional y se nutre de ambos: de las ideas precarias de uno, de las grandes interpretaciones de otro, y entonces comulgan, se genera el encuentro con epicentro en el trasluz del texto, de las palabras que adornan y decoran un pequeño espacio en la web, como insecto alado que vive un brevísimo tiempo y apenas tenemos suerte de observar, cuando no nos llega una notificación. Y entonces confiamos en el desafío que nos propone el día, porque como decía la canción en la publicidad: aunque no la veamos, la hoja en blanco siempre está.

Verbosidad

Me enseñaron que los verbos ser/estar, parecer/semejar se conjugan de la misma manera, pero…
Si yo soy y acá estoy, pareciéndome a algún otro y me asemejo a vos
A vos que también sos, y no sé si estás ahí, que parecés una sirena asemejándote a una rosa
Mientras él no será lo que creo, y quién sabe dónde estará, parece haberse ido pues se asemeja a una babosa, cuando nosotros
Nosotros somos lo que sentimos, lo que llevamos dentro, estamos bien, parecemos destinados el uno para el otro, asemejándonos cada día más a la unidad del crepúsculo y el horizonte, mientras ustedes
Ustedes eran espectadores, estaban sentados en su confort, parecían bajo el yugo opresor de la existencia, se asemejaban al potus que obsequiaron ellos
Ellos que fueron vida, lucha y amor, estuvieron en continuo apogeo, pareciéndose a la salida del sol hasta alcanzar el zenit, en el cual se asemejaron al Apolo 11, cargando nuestras ilusiones.

Quedan huecos

Todo quedará en el tintero, con muchas cosas por escribir, con muchas calles por caminar, con muchos rostros que observar, con muchas palabras por decir, con muchas conversaciones sustancialmente jugosas por compartir, con mucho aire por respirar, con mucho por delante, con todo por detrás. Y entre las tareas pendientes que me quedan por realizar, en esta vida o en las vidas que correspondan, un poco por haberlo pospuesto ya que debía atender ciertas ocupaciones, relaciones, ilaciones, etc. y otro poco por no contar con la capacidad suficiente para encararlas de lleno, a la altura que se merecen, se encuentran:
-Solucionar los problemas del mundo.
-Desatar cabos.
-Subir un piano al hombro por las escaleras, dieciocho pisos.
-Publicitar productos inútiles y cobrar regalías.
-Recorrer el supermercado en bicicleta.
-Subir a la Luna.
-Componer.

Esto no me desanima. Una canción espantosa es fuente de inspiración para muchos músicos que recién comienzan y dan sus primeros pasos en materia de composición, ya que es digno de superar algo tan malo. Después se verá si lo que hacen tiene algún tipo de difusión, pero ese es otro cantar. Y hablando de cantar, cuando alguien canta muy bien y hasta se podría pensar que en su faceta es insuperable, eso también es motivo de superación para el resto de los cantantes, sobre todo los que sienten admiración, porque es casi un ejemplo a seguir –en lo suyo- y un horizonte a alcanzar. Lo mismo pasa en los deportes, como el fútbol por ejemplo. Cuando los chicos ven a Messi gambetear pueden llegar a creer que lo que hace no lograrán hacerlo nunca, pero es una suerte de zanahoria que los invita a avanzar, a entrenar y, sobre todo, a jugar. Y si ven a un jugador muy malo, entonces la inspiración y el incentivo es mucho mayor porque los invita a superarse, al progreso y fundamentalmente a avanzar. El problema surge que en la confusión muchos no quieren jugar, no quieren cantar ni tocar el piano que no logré subir por las escaleras, sino que desean lo que la fama representa, quedando el camino de los derroteros pavimentado de jóvenes sin hambre espiritual, sin goce al transitar, perdidos en el desaliento que conlleva el consustancial desvanecimiento de los pequeños sueños. Con muchos escritores pasa algo similar, pero desde otra perspectiva. Pero no vamos a estudiarlo para no desvirtuar el terreno que hemos arado ( y sin que el lector lo sepa: sembrado ) con tanta dedicación, dando vuelta a los asuntos que no son temas menores, y por ello no los tratan en los multimedios, al menos no con la dedicación que muchos querrían. Por lo pronto, me decido a inflar la bicicleta y recoger, entre góndola y góndola, puré de tomate, yogur, café y otros productos que –algún día- promocionaré.

En el sillón

El hombre se sienta en el trono a observar, porque qué mejor terapia que juzgar lo que pasa delante de su vista. Juzgarlo todo, lo que esté al alcance, ya habrá tiempo para analizar cuando se apague la luz ( risas de fondo, de autodidactas del sentido común ). No es que el hombre, Jaime, busque juzgar y analizar, sino que se ha especializado en la materia, ¡Y lo hace gratis! Observe: son las 22 horas, y ya cansado de juzgar el mundo de las noticias con rumores de guerras, con guerras que apenas se mencionan, con un fotógrafo que muere de frío ante la indiferencia metropolitana, con vínculos sociales virtuales donde los abrazos cotizan en bolsa -y los magnates los juntan en pala-, donde las posibilidades de empleo son promesas de programar los teléfonos que programan mentes, donde los cartones son la única facilidad de comer que tienen unos cuantos, donde el agua está pero no llega a las casas, donde el fuego todas las noches arrasa, donde la muerte nace y la vida se aborta al ritmo dominicano, donde el hombre se harta y se conecta a internet a ver qué le cuenta NetFly. Jaime quiere volar pero se enreda. Es joven, el trabajo no le proporciona mayores satisfacciones, pero costea los gastos de una vida un poco superior al promedio, económicamente hablando. Ya chateó todo el día y para esta noche no logró concertar un encuentro cercano con Daniela ni con Agustina, por lo que ahí está, sentado en el trono. Ya cenó y ya miró el panfleto publicitario y ya se desabrochó el cinto y ya miró el noticiero…¿Miró el noticiero? El mundo no lo conmueve, la muerte es cosa de todos los días: por las enfermedades de distintas índoles, por los accidentes de distintas vertientes, por los refugiados que no tienen refugio, por las balas, por las drogas, por las ficciones, por la depresión, por el hastío, por la miseria, por los cowboys. ¿Qué mira Jaime? ¿Una película de tres horas o una serie de trescientos capítulos? La indecisión lo carcome. Observe: el consejo más repetido que el hombre escucha es: no pensés. Y el hombre lo adopta y se habitúa. El cine es una buena excusa, pero los espectáculos masivos están suspendidos por lo consabido, entonces qué mejor idea que un cine ambulante. En la cama, en el sillón, mientras lava los platos o sobre el inodoro, el séptimo arte lo acompaña hasta que se duerme. Y el hombre observa y juzga, las actuaciones son muy buenas y le dan ideas de lo que la vida podría ser, porque todo esconde un potencial, un devenir en el porvenir. Jaime se duerme con la película corriendo ( ¿O eligió la serie? ) y la pantalla de los sueños se enciende. Las actuaciones del inconsciente les dan otro tipo de ideas, que tal vez se reflejen en las relaciones laborales o cuando Agustina lo invite a bailar. Observe: el hombre duerme y juzga lo que ve, creando una barrera que lo distancia, indiferente a lo que lo llama a participar, por el hecho de ser parte de ese mundo de horrores, por esa realidad que además incluye las alegrías, las ilusiones, los nacimientos y desde ya los sueños, como ese que lo envuelve. Plácido, entre las sábanas, casi sin pensar.
Además la película que estaba viendo terminó.

La E. de la información ( Microcuento )



En Nippur, Aldo le comenta a su tía que siente urticaria. Elda, su prima, se va hasta el periódico local, el Saturday Fake, y le comenta al recepcionista que Oldi, el tucán, esa mañana desapareció con el viento. Ulder, el recepcionista, le pasa un dato no menor al redactor en jefe que acaba de llegar: hay ráfagas de viento de 70 kilómetros por hora. Hilda, la mujer del redactor en jefe, trastabilla en el baño de su casa y el teléfono celular cae irremisiblemente al inodoro, pasando a formar una masa sintética junto con semejantes en las profundidades del mar. Doly, la puercoespín de la familia, vomita en la alfombra de pantera que yace sobre el living. Mientras tanto, Lidio, el bienviviviente de Nippur, primo de Edil, el malechor, busca alguna información en la edición quinquenal de Rayuela que lo saque del tedio. Clic.

Los zapatos ( Microcuento )

El viejo y la vieja del Pachu siempre enseñaban con sus consejos y ocurrencias. Recuerdo aquella tarde de abril en que don Sixto nos enseñaba cómo hacer para entender a los demás.
-Vos tenés que ponerte en los zapatos del otro.
Y doña Carmen agregaba elocuente:
-Pero primero esperá que saque sus pies.

ANA e INÉS ( Microcuento )

Dos amigas que cursaban la carrera de odontología en los años noventa, compartían la habitación de la pensión de Alcira sobre calle 4. Una de ellas, Ana, siempre respondía a destiempo los cuestionamientos de la otra, llamada Inés. Por su parte, Inés alternaba episodios de euforia y depresión, de bronca y alegría a intervalos regulares e irregulares. Ana sentía empatía por su amiga, pero cuando la quería asistir por su depresión, por ejemplo, Inés ya estaba cantando a grito pelado; o cuando la quería acompañar en un baile, Inés ya soltaba el llanto.
Así pasaron sus años de cursada en que Ana Crónica se desenvolvía en tiempos que ya se habían despedido sin que ella lo notara e Inés Table dudaba entre estados anímicos que duraban lo que un suspiro.

DEL ABURRIMIENTO Y OTROS ENSERES

Si se apaga el sol

se apaga la vida,

si te apagas tú

me apago, querida,

de sólo pensar.

Tengo la cabeza

repleta de fantasías,

tengo el corazón

colmado de versos

soy como una droga

sin efectos adversos

cuidado que seguirme

es un viaje de vida.

En tiempos complejos

a lo cerca y a los lejos

le damos la bienvenida

a todo lo que nos haga

pensar, mi vida, pensar.

El sota ( Microcuento)

Ayer te llamé, pero no estabas. Barajé la posibilidad de encontrarte en el café. Cuando me quise acordar, ya te había olvidado. ¿Dónde te habías metido? Esperé. Fumé dos pitadas y me asquié. Guita no me sobra, pero un pucho es un pucho, y lo guardé. Había mucha gente caminando. Inicié una conversación con la vecina de mesa. Jodimos, bromeamos y en un momento incluso nos abrazamos. Kiosco cerca para comprar forros no veía. Largamos la carcajada.
-Mirá, sería bueno continuar con esto en un ambiente más cálido. ¿No te parece?
¡Ñandúes y comadrejas! Oí su sensual voz generarme un cosquilleo que bajaba desde el cerebro hasta mi entrepierna. Podría avanzar y tirarme a la pileta, pero algo que vi en su cartera me hizo dudar. Quizás era cuestión de… Reculé. Siempre recuerdo las palabras de mi amigo Marlon que me invitaban a desconfiar. Tomate un tiempo y pensá, me decía. ¿Usted qué haría? Viérame en semejante situación, de calor en ebullición. Wanda Nara, fea a su lado, me dijo que tardé mucho en decidirme y se fue, antes de responderme cuando le pregunté por su nombre. Xiomara, imaginé.
-¿Yo? Zoilo, la hubiésemos pasado bien. -le grité, pero ya iba cruzando la avenida y creo que no me escuchó.

Epifanía ( microcuento )

Más allá de los argumentos de Darwin, por momentos más que un mono me siento el árbol del que desciende, con anchas y profundas raíces, sediento, un refugio para ciertos pájaros que vuelan y vuelan para anidar en mí. Y también me siento la sombra debajo, en la que los perros reposan y beben el agua que gentilmente les ofrece la vecina. Mis sueños, en tanto que árbol, son el viento que mece, la lluvia que baña, el sol que vivifica y una mirada cómplice. Todo lo demás es vigilia, despierto, casi casi como los hombres que pasan caminando y me arrancan las hojas y los niños que me quiebran las ramas y los borrachos que me orinan, muriendo y renaciendo con las estaciones bajo el haz de luz de luna que me nombra:
-¿Estás durmiendo, Evaristo?

Raras veces le contesto.

La depresión le vigila los pasos

La vida se le presenta con baches a Eduardo, como el pavimento, con huecos vacíos, con pozos anímicos, tras una marea de gente ansiosa, tras un mar de apatía e indiferencia, tras un vendaval de impresiones que el vivir diurno ofrece despojándolo de los sueños. El ritmo fluye, la vilipendiada armonía se enturbia con el ronroneo de los diversos motores, la música se torna mecánica, las voces metálicas, los abrazos se postergan, los puños se chocan en señal de disidencia. La antojadiza normalidad le muestra coreografías de danzas frenéticas y circulares. La moda atropella cualquier intento de reflexión, lo embiste, lo arrolla, y la ambulancia hace el resto del trabajo sucio. Dolores y penas se quedan en las profundidades, dentro, esperando el proceso que las purgue, esperando el retorno a algún atisbo de felicidad, aunque más no sea momentánea.
Esperar que el afuera le traiga lo que no está adentro, lo que no está en ningún lado, esperar palabras, rascar la superficie, observar imágenes en movimiento, fotografías estáticas, el correr del arroyo, el vuelo de las aves, el tránsito vehicular, el ajedrecístico tránsito vehicular, observar y escuchar, aburrirse, morir en el intento de vivir, respirar profundamente para refutarlo, hablar para negar la muerte, dar consuelo, llorar a mares, despertar con alegría, despertar con sueño, despertar sin levantarse, despertar en la oscuridad, despertar muy tarde para estar despierto, despertar porque es el único remedio. Y luego suspirar, y luego inspirar, dar vueltas en la cama, dar vueltas las ideas, dar vueltas los pelos, la cabeza, recorre la casa, dar vueltas por la ciudad sin mirar nada como si fuera la primera vez, sin mirar, mirando al cruzar la calle, mirando vidrieras, mirando pasar la gente, la gente común, la gente en su mundo, en el mundo en común, mirando a los que trabajan, a los que duermen, a los que andan, y luego caminar o más bien deambular, con los pies rozando las baldosas, tropezar. Subirse al auto y olvidar, manejar y no pensar, volver y recordar. Prender la televisión y buscar, buscar, buscar. Apagarla y dormir, y en el transcurso soñar. Desayunar a las 3pm. Y en el intento de hacer cosas, las cosas lo van haciendo. Erguirse, doblegarse, redoblar la apuesta. Limpiar todo, purgarlo, limarlo, extirpar impurezas. Mirar el espejo de reojo, con desconfianza, con cautela, con expectación, con sorpresa. Sonreír. No, no era lo que pensaba Eduardo: Era lo que pensaba. Pero ya no. Levantarse, una vez más, levantarse y andar.

Domingo vista al mar

Otro domingo que nos tapa la frazada de la lluvia, otro domingo sin sol asomando en la ventana. Otro domingo enredado, ¿O será el mismo? Cada momento tiene un toque único, un pequeño roce con la eternidad que raras veces nos llama la atención, subsumidos en el ansia de captar imágenes a toda velocidad, más rápidos que furiosos, durante el cual pasa el instante -efímero- casi como pasa nuestra vida por la Historia. Pero las historias no siempre tienen correlato, no siempre son novelas magistrales o películas sumamente entretenidas, sino que se cuentan de a sorbos, en pequeños sabores como el café de un domingo del que no sabemos o no tenemos la certeza de considerarlo como único o como uno más, como la mermelada sobre el aroma de la tostada, sí, un poco quemada, como el barro que pisamos al asomarnos a la vida, ese barro que nos da forma, o como la salsa que baña los tallarines con una hoja de laurel en el fondo de la olla. Los sabores, los olores, el primer beso de la mañana, o los primeros «buen día» que llegan, son los deseos de la misma vida que me invitan a descubrirla, a desplegar el día en el iris de los ojos, en el palpitar del corazón, en los pétalos mojados de las rosas que asoman anunciando la primavera, despidiendo el invierno que nos dejó el cerebro helado, cubierto de nieve donde los pensamientos esquían y tropiezan. Los domingos se me da por ningunear, pero no a la gente que goza de los bienes y sufre las miserias como uno y como cualquiera, no, se me da por ningunear los malestares. Hoy, domingo repetido, domingo particular, domingo único, plácido domingo, no hay mal que me hunda, no hay malestar que me acongoje, porque todos saben que el domingo tiene su magia sagrada en la que podemos reposar, es un día en el cual podemos olvidar todos los males de la existencia que nos aquejan, como si fuera un pequeño respiro que se tomara para proseguir el camino de nuestras vidas con la frescura que dan las ideas renovadas. El día se humedece y los truenos son la música de ambiente de un capítulo donde las bicicletas brillan con ausencia. Los colores de las viviendas se desdibujan en tonos grises, los limpiaparabrisas hacen las veces de trabajadores infatigables para aclarar la visión del conductor, claridad que a veces necesitamos tanto como un plato de comida o un vaso de vino para ver las cosas un poco mejor, más serenos. Sí, es domingo, y se refleja en un billete de cincuenta pesos caído en un charco o en un busto del parque Sarmiento bañado con gel, y si bien la lluvia pareciera entristecernos, esa lluvia que le pone una pausa al sentimiento nos dará la pauta para encontrar el brillo de la vida y de las cosas, un domingo perdido en el almanaque, quizás en un rincón de nuestras más lúcidas ocurrencias.

Al sur de la frontera

No sé qué ocurre detrás de la pantalla que les muestra este texto, pero por estos lares llueve, y llueve más adentro que afuera. Será por las goteras, goteras en los sentimientos al ver a través de las pantallas, al recorrer las calles, las miserias que se viven y que padece nuestra gente, sentimientos encontrados porque, claro, así mismo se gozan de los bienes que la vida ofrece. Sí, hay cuestiones de injusticia que podemos corregir con entusiasmo, y siempre podemos dar una mano a quien lo requiera, pero hay otras que en el mundo maquinal escapan a nuestra jurisdicción, a nuestro ámbito del quehacer y es allí donde una palabra cálida, sentida, puede aliviar los malestares como la medicina que llega justo cuando nuestros males se acrecientan, cuando la esperanza se marchita como el frío invierno en un suave chillido musical de la mente. Necesitamos un nosotros que prescinda del ustedes, por anexo, por humanidad o por lo que corno fuera, un nosotros bien entendido, un tú-y-yo sin conjunciones que nos separen, algo que sólo ocurre con la maravilla que place la música que nos invita a bailar. Llueve, casi lo había olvidado estando empapado de agua destilada, y es una lluvia que nos invita a buscar refugio y a soñar, como lo hacen los niños sin pretextos, aunque con los berrinches típicos porque querrían seguir jugando. La calle es tan gris como el domingo, pero los lectores tienen 32 mil colores en las pantallas que le impiden ver. El día no es triste, ni alegre, ni divertido, es el cuadro que pintamos con los pinceles del alma, esperando, sintiendo, conversando, escuchando, dando un poco de cada uno de nosotros cuando un ser humano se acerca con curiosidad y dialogamos acerca del porvenir, de nuestra gente, de esta lluvia insidiosa que no nos permite acariciar la primavera.

Fotografía de Jorge Guardia

Los poetas

Los poetas caminamos entre líneas,
algunos van silbando una canción
otros van pensando lindas rimas
pero todos al tuntún del corazón.

Los poetas creamos desorganizados,
(tenemos orden en nuestro desorden)
disparamos los poemas disfrazados
como flechas, esperando que lleguen.

Sus puntas no lastiman, inocentes,
son palabras tan suaves, derretidas,
que acarician heridas impertinentes.

Los poetas, subibajas de emociones,
alter-egos de almas incomprendidas
dan vida en versos sin pretensiones.

Se fue volando

Se va otro domingo del calendario de los años, en el que logré posponer todo lo que me pospuse, predispuesto a soñar hacer en el sueño todo lo que no hice en la vigilia, como volar remontado en un barrilete, y seguramente cumpliré con el cometido porque la vida es de los que se atreven y felices y dulces, los sueños, aunque a veces vengan con Chuker.
Por lo pronto, escatimemos la relevancia de sus tramas, y quedémonos con la imagen final, que representa la alegría de un nuevo despertar y la danza de un corazón contento que no se cansa de bombear cada noche nuevos y narcóticos sueños o cómicas pesadillas.
Basta por hoy, bajame el telón, que aparezcan la luna, las estrellas, los planetas, las brujas con sus escobas, los barriletes nocturnos, las lámparas led, los que bailan por un sueño, los que viven por un sueldo, los chicos en las aulas, los maulas, los dichos de Tata y Mama, el día de la Tierra, el día que caiga agua, los pastos blancos, las heladas, los helados, los pelados, los preludios, la euforia sobre el colchón, el salchichón, que aparezcan la confianza en la bondad, el interés, la comprensión. Y que YouTube y Facebook se traguen las publicidades. En definitiva, los domingos tienen por costumbre irse por donde vinieron, y el de hoy es tan sólo el primero en anunciarlo este Agosto, pero queremos creer que los demás no se quedarán atrás en este camino rumbo a la infinitud. Nos queda lo vivido, nos quedan las sensaciones, lo que no queda es tiempo para seguir narrando todo lo que viene, lo que trae un nuevo día, cuando los sueños cobran dinamismo y el entusiasmo por encarar la vida, se hace vívido con un nuevo amanecer.
Pero en este juego de dados, sólo por hoy, tachame la doble.

Leer es una avenida de poco tránsito

Con la lectura el día tiene un paso lento. El trajín de los peatones son frases u oraciones que parecieran pasar como la señora va con los años y el gorro a cuestas hacia el almacén, o como el hombre camina con la barba por la mañana atravesando el aguanieve en busca de un atado de cigarrillos que le permitan pensar en otra cosa, y no en los males de la vida, que se disuelve como humo en el ambiente. Las palabras caminan, lento pero firme. Nunca en fila india, sino dispersas, noctámbulas, quizás con un hilo conductor que las lleva como buen pastor a las ovejas a un prado verde y a un afluente. Con la lectura, la vida se torna calma, como cuando la hamaca de las frustraciones se detiene y dejamos de prestarle atención, la atención de niños, al movimiento y nos centramos, nos enfocamos, en el paisaje que nos rodea como esa madre al niño que busca el refugio, el calor, y empieza a conocer el amor. Los puntos suspensivos propician la pausa justa para atarse los cordones y proseguir el camino sin tropiezos. Los puntos seguidos son como el parpadeo de los ojos, como el suspiro que nos permite llenar los pulmones, y continuar apalabrando el aire. Detenerse en una palabra, en una oración, puede transformar nuestra vida. Pero no hay tiempo para detenerse, porque el texto prosigue, porque el trajín continúa, porque esta lluvia no cesa, porque la música nos hace bailar para no perder la silla cuando se detenga. Y vaya si hemos bailado… Por eso continúa este periplo, por este sendero. Porque el camino que recorro aún no está trazado, y caminar es ir viendo cómo se abren las puertas de lo que fuimos, de lo que somos, de lo que seremos.

Arena de mar

Ufff…hay tantas cosas que nos pueden salvar del sufrimiento como la medicina adecuada: un amor, la sonrisa de una hija, terapias clásicas o alternativas, la palabra justa, un arte, la artesanía, un momento a solas, un coito, el primer mate de la mañana, una película espantosa, una frase en sentido figurado, la cebolla y el morrón, respirar profundo hasta perder el aliento, mirar la luna, el vino, la noche de paz, Jesús, una melodía armónica, la voz de un cantante, la letra de una canción, un libro o un pasaje de él, decir lo que pensamos, callar, afrontar el dolor, resolver un problema, resolver otro, recordar y olvidar, olvidar o recordar, besar, amar, sentir, gozar, escribir desde el alma, desde las venas, desde las tripas, razonar, entrar en razón, amar ( sí, una y otra vez ), cantar en la calle, recitar poesías, Darío, caminar mientras, caminar durante, caminar a pesar de, contar los años, perder la cuenta, soñar, dormir, despertar, inventar, crear, transformar, hablar sin decir tanto, decir sin hablar mucho, salvar, dar más, pedir, trabajar, escuchar a alguien, la amistad, oír, vivir. Pero hay algo que no podemos salvar, y es el instante que pasa y, sin aviso, se va.

Reivindica

Muchos recuerdan el monólogo de Segismundo de Calderón de la Barca o parte de él, pero no lo recuerdan como poesía sino como máxima; otros, en cambio, lo interpretan como disparate o metáfora desaforada; muchos lo hicieron parte de su vida ( o de su sueño, según convenga ). Lo cierto es que ha dado que hablar durante siglos, que hablar y que escribir. A mí, por ejemplo, se me ocurrieron estos versos, que el tiempo ( y la almohada ) dirá si son válidos.

***

Yo vivo soñando aquí
y no todo el sueño vi.
¿Qué es el sueño? Una lección
un misterio, una atracción.
Pues bien, durmamos  señores,
la cama comprometida,
que cada sueño es la vida
y nuestra vida, vida es.

Canción del naranjo triste

Surge de repente en tierra
Surge como nuestra fruta,
Ante la vida se aferra
Firme pese a la disputa.

La veo venir y acecha
La veo subir maltrecha
Matándome para vivir
Subiendo para resistir.

Trepa el tapial y el árbol
Trepa y nos oculta el sol
Enredadera del viento
Trepa así el pensamiento.

NO SE CALLA LA POESÍA

me estoy aburguesando
en mi zona del conforte,
en la música del silencio
en la cumbre poética
en el llano estético
en el valle esquelético
en las runas circulares.
¿Status quo vincit?
Leo nardos de Da Vinci.
Como toda revolución
lírica, anatómica
que cae en manos ociosas
labran el ayer con entusiasmo
auguran del futuro los orgasmos,
mas la cauta parsimonia
el vientre plano
la rítmica alegría
dejan todo intacto
y un solo de haz de poesía.

ANOCHE



Leer a Borges hasta quedar perplejo
dormir, soñar, mover el esqueleto
atravesar el aura que imprime el espejo
elevarse por encima de un soneto.

Cruzo la frontera que surca los cielos
todo lo que cae no es de terciopelo
son atronadores llantos del desgarro
ayer un edificio, hoy nomás es barro.

Duke Ellington toda la vida y una noche
junto a vos, suena fabuloso en tu corazón
brindo por los rastros que deja el derroche.

Y todos los astros que también nos guían
serán la ventura que honren la razón.
Si no nos alcanza, quizás te lo fían.

LLEGARÁ

Llegará tras la noche
en la que el alma se estrella
llegará a las pampas
el día que entendamos
y ya en paz comprendamos
que vivir no es durar
que vivir es dudar
que soñar es confiar
que al sentir y pensar
con ardor descubrimos
en comunión compartimos
llegará desde el mar
el día que celebramos
cuando al fin entendamos…

Oye, cuándo

Cuando cruces la esquina
Cuando cruces el llano
Cuando cruces la plaza
Si cambia de estación
O ves la rebelión
De la ley del Talión
Si reclamas justicia
O cantas alabanzas
Ten presente en la mente
Y también cuando danzas
Que tan sólo se vive
Aunque no lo desmientan
De vital alimento
Y que no hay sustituto
Como entretenimiento
Que le rinda tributo
Al común sufrimiento
En el que comulgamos
Sólo juntos los dos
Cuando la sociedad
Tropieza en las orillas
De este río vital
Que nos da de beber
Como el vino de ayer
Que trajo a colación
Una ilustre emoción
La de habernos sentido
Sobrios y comprometidos
Y al placer de escarmiento
Sorbíamos sentimientos
Escapando y curiosos
Lerdos y perezosos
Del virtual consumismo
Que nos lleva al abismo
De jamás entender
Qué será esto de ver
Y prestos a conocer
Vaciaremos la copa
Por la noche las ropas.
Ya en el amanecer
Pintaremos, mujer
Trensaremos el ser
Jugaremos al quién
Volaremos también
Viviremos, amén.


Casi

todo está mal.
Los árboles son la excepción
la regla es la deforestación
de la naturaleza más pura
como así también de la cultura.
Los buzos rotos están mal cosidos
los miserables están mal paridos
la intención está mal camuflada
la contaminación está mal disimulada
la estupidez está mal publicitada
la propaganda está mal concebida
la conciencia está mal comprendida
los pulóveres están mal tejidos
los matamoscas me tienen podrido
los dirigentes me da igual.

Las canciones están mal cantadas
los hechos están mal contados
los cuentos están mal leídos
las mentiras están mal narradas
las falacias están mal envasadas
y los soretes están mal cocidos.

Los dibujos están mal pintados
las poesías mal recitadas
las uñas están mal cortadas
las cabezas están mal peinadas
los huevos están mal rascados
y los loros están mal hablados.

Las comidas mal masticadas
las personas están mal pensadas
las frases están mal escritas
y ni hablemos de las papas fritas.

Los planetas están mal nombrados
los nombres están mal llamados
las llamadas están mal marcadas
y las marcas mal registradas.

Los sentidos están mal tratados
los tratados mal redactados
los flujos están mal encauzados
los calzones mal confeccionados
los pensamientos mal encaminados
los caminos mal señalizados
las señas mal interpretadas
las palabras mal utilizadas.

Las semillas están mal sembradas
las tierras están mal labradas
las yerbas están mal del mate
y la cordura está de remate.

Las preguntas están mal formuladas
las mascotas mal alimentadas
las familias mal comunicadas
los consumidores mal informados
los productores están mal parados
y los maestros mal educados.

También está mal el exceso de sal.
Las discográficas están mal orientadas
la música mal escuchada
las fotografías mal enfocadas
las redes mal entrazadas
los refranes están mal dichos
los castigos mal legalizados
los poetas están mal vistos
y los crápulas mal bichos.
Los escritores están francamente mal.

Las casas están mal de entrada
las calles mal asfaltadas
las ciudades mal iluminadas
las fortunas mal acumuladas
la basura está mal repartida
las migajas mal distribuidas
los doctores están mal pagados
los enfermos mal acompañados
los tiempos mal cronometrados
y los naipes están mal barajados.

Los actores (tienen) malos repertorios
las películas malos augurios
los augurios malos guiones
los conciertos malos preludios
los programas malos estudios
los estudiantes malos programas
los cuadros malas exposiciones
las exposiciones malas conclusiones
las novelas tienen malos dramas
los dramas malas actuaciones
las actuaciones malas filmaciones
las filmaciones malas direcciones
las directivas malas perspectivas
las perspectivas malas percepciones
las percepciones están mal observadas
las observaciones mal diagramadas
los diagramas
parecen estrofas
las estrofas
se van por las ramas.
Pero hay algo seguro
el arte tiene futuro
indudablemente promisorio.

Los tres valientes

En Bulubú, un pueblito sin conexión con el resto del mundo, tanto que nadie fuera de él lo ubicaba en el mapa siquiera y nadie dentro sospechaba que el mundo continuaba más allá de los límites establecidos, habían inventado un dispositivo muy entretenido, aunque no demasiado útil, llamado la mente analítica, BLV por sus siglas en dialecto bulubuense, que rápidamente se puso en venta en los almacenes generales del pueblo mediante el cual, quienes lo adquirían, lo ponían en funcionamiento y podían emplear ese precioso tiempo en vivir.
Sólo unos pocos, se estima que tres habitantes, lo compraron. El resto le daba vueltas al asunto, lo encontraba innecesario o redundante, y desistía de hacerlo. La mayoría nunca supo del invento.
De los tres que lo compraron, uno creía que si lo ponía en funcionamiento tenía mucho que perder, por lo que lo dejó sobre la mesa para poder observarlo mejor y encararlo cuando encontrara el coraje de hacerlo, aunque nunca lo encendió. Cada tanto se lo quedaba observando con suspicacia, hasta que lo fue asimilando como al resto del mobiliario del lugar y dejó de llamarle la atención, hasta que lo olvidó.
El segundo, quiso ponerlo en funcionamiento enseguida, pero al enchufarlo el aparato hizo un cortocircuito y saltó la llave térmica. Cuando todo volvió al orden, resolvió que lo mejor sería devolverlo, porque le entró la desconfianza y comenzó a analizar la situación, lo que lo llevó a resignar el dinero que había pagado por él, ya que no se lo quisieron reintegrar, con tal de deshacerse del dispositivo.
El tercero, finalmente, era muy perezoso, y a pesar de que lo había adquirido con entusiasmo, le llevó casi cuarenta años ponerlo en funcionamiento, porque cuando se acordaba que lo tenía la pereza le ganaba y se decía a sí mismo que lo haría después, en otro momento, que estaba cansado, y cosas así.
El día que el BLV entró en funcionamiento, el hombre ya era viejo, muy viejo, y no recordaba ni para qué lo había comprado. Lo enchufó porque todavía sentía esa curiosidad vital que, cuando no se dejaba abatir por la pereza, sentía ganas de experimentar. Lo enchufó y lo prendió, y se sorprendió en una mezcla de alegría y extrañeza, tanto que los vecinos más cercanos, distantes a unos cien metros entre sí, lo oyeron exclamar: ¡Bulubu non siñal!

La casa recomienda

Para bajar a un pozo de estrellas

Marcial Souto

Editorial Dábale arroz

Joya literaria que no se presenta dos veces en la vida. Hay que revolver muchos estantes y recorrer varias librerías para encontrar algo de este calibre. Imperdible.

Valor de la casa: ⭐⭐⭐⭐🌟

NO SÓLO VIVE

La melodía brillante
cautiva por adelante
y enamora por detrás,
con algún arpegio quizás
atraviesa la corriente
surca el aire de repente
y te envuelve de armonía
con lírica poesía
que resulta estimulante
a la vez muy relajante
pues la música es valía
y es el pan de cada día.

LUCERO

Despertarse con ánimos renovados,
ya veremos qué trae el universo
seguramente un poco de aire fresco
y en la tinta, términos inesperados.

¿Pero qué son los términos que llegan
a la vista, a todas luces consagrados?
Es lo que nos dicen cuando pegan
y se quedan, nos siguen a todos lados.

Qué será esta palabrita prometedora
que entusiasma, que refleja, que ilumina
nuestra magra penumbra en esta hora.

Será que abre puertas al entendimiento
y el alma bajo el sol baila y camina
despierta al abrigo del firmamento.

A media tinta

El último eclipse nos dejó en penumbras
La inspiración parece haberse disecado,
En el cielo una estrella o una mujer brilla
Y aquí abajo este festejo también duele.

Una marcha, una congregación despierta
A la gente que por las noches trabaja
A quienes se adormecen en indiferencia
Ante el agravio y el sopor de la (in)justicia.

¿La cura tardía o la bendita prevención?
Ser humano no se enseña, empero
Se aprende y se ejerce, por convicción.

Hasta aquí llegamos, veintiuno, iluminados
Con muchos errores, enceguecidos, despechados, pero
Algo cambiará pues vivíamos equivocados.

UN SEÑOR EN MI CAMINO

Hilvanando un discurso
que cayó en saco roto
me encontré con un viejo,
un señor, con un sabio
con una exponencial trinidad
que me decía mirando
con los ojos ciegos:
Si hay sol, es de día.
Si hay luna, es de noche.
Si no hay noche ni sol
Estás muerto.
Entonces,
si la vida es tan simple,
tan amable, tan noble,
¿por qué existe el amor?
¿para qué la paciencia?
¿para qué el arco iris?

No me sigas

No me sigas, no, no me sigas
No creas que aunque me veas
Andando por ahí, balbuceando,
Esgrimiendo palabras, poetizando,
Llegarás a algún lugar de reposo,
No, no me sigas. No me digas
Que querés algo de lo que tengo
No, o no ves que yo no tengo
Mucho menos de lo que tienes
Y no entiendo por qué vienes
Los bienes inmateriales no se ven
A simple vista. Llévatelos si gustas
Pero no me sigas, no, no me sigas
Llevate la tranquilidad, el deseo
La calma de la aurora, llévatela
Y si encuentras paz hazla tuya
Pero por favor no me sigas
Que no te arrastren las palabras
El pensamiento es un océano
Y es necesario saber nadar.
Por eso, atraviesa el firmamento
Desde el convento hasta las nubes
Busca la base del arcoiris
Zambúllete en el río dos veces
Y dime si eres el mismo,
Surca el abismo, merodea la inmensidad
Anhela la felicidad, vive tus sueños
Hazlo con la gracia de los dioses
Ríe con gozo, goza el placer
Degusta, saborea, palpa, piensa
Pero de ninguna manera me sigas
Que mi voz te acompañe,
Y que no se empañe tu vista
¿O no ves que yo no voy?
No me dejes tus huellas
Que guíen a otros caminos,
No vengas, no derrames el llanto
No pidas, sólo escucha el susurro
Del viento: no me sigas, no,
Que yo no voy, no, yo sólo soy.

ESTOLIDEZ

Una buena conexión inalámbrica
te permite ver películas cómicas
percibir sobre todo en ficciones
que lo real no vive en las canciones.

Si bajas más de un yiga en video
(no es lo mismo lo miro o lo leo)
escondelo en la rigidez de tu disco.
Lo mirás en tres de y quedás bizco.

El vecino tiene otra banda ancha
él navega, además, en su lancha,
internet está lleno de gente
que cree que navega su mente.

De palabras surgieron opiniones
sólo dicen, sugieren, renglones
simbolizan espacios en blanco
manchados, como aquél, era manco.

Lo que se ha dicho en un momento
no difiere de cualquier evento
donde hablen, comenten, opinen,
manifiesten vivencias, dirimen.

Considerémoslo brevemente:
que se diga no es lo que siente,
sólo emergen palabras al viento
el amor no es sólo sentimiento.

Si leés un día que ya se dijo
preferible usá teléfono fijo
para hacer tu llamado seguido
el cerebro estará agradecido.

Cualquier cosa que surja de impronta
el cede en linux no se te monta.
Qué tonto es haberme creído
que estas líneas tenían sentido.

Lo perdí y me quedé sin consuelo
alguien dijo éste será otro lelo.
Desconoce que mi coeficiente
desconfía de un tipo indecente.

Quien confía en su intelecto
no sabe que será abyecto
cuando quiera llegar a la cima
y cayendo encontrará la rima.

Llevá un tele derechito a Marte
para que al volver demos parte
de que allí encontramos la evidencia
que en planetas así hay inteligencia.

Las palabras son como diamantes,
canciones eran las de antes,
decime dónde quedó la sapiencia,
explicame, te tengo paciencia.

El destino insinuaba el origen

No tengo plata, ni tengo arrastre
No tengo amarras ni tengo lastre,
No tengo ideas ni corolario
No tengo galgos ni un dromedario.

No tengo dónde caerme muerto
No tengo fanas ni seguidores
No tengo plato ni tenedores
No tengo sed en este desierto.

No tengo nada ni mucho menos
No tengo idilios ni tengo frenos
No tengo ni lo que tiene un croto.

No tengo escape ni escaparate
No tengo modales ni flor de loto
No tengo inicios ni tengo remate.

No es que no tuve es que no tengo
Pues acá arriba no hay posesiones
No hay divisiones ni distinciones

Y cada quien es como cualquiera
Que nada tienen en esta esfera
No como abajo de donde provengo.

Acá no llueve, eso es un hecho
Y todos caen, tarde o temprano
Ni vacaciones, pues no hay verano
Acá en el cielo no tengo techo.

Un punto aparte para mi muerte
Es sólo un ítem en el camino,
Y aunque de a ratos lo grite fuerte
No son recuerdos de un peregrino.

Arte sano

Para los que producimos arte en general y literatura en particular, lo más difícil es que la obra tenga cierta difusión. En líneas generales, el artista se ve obligado a convertirse –además de creador- en un vendedor de su obra, y eso no es apto para todos pues puede llegar a ser incómodo para quien no esté habituado ( algunos tienen mucha “cancha” en marketing, mejor aún que sus dotes artísticos, y venden bien ). Una vez que la obra literaria tiene difusión, encuentra a los consumidores, lectores e interesados en leerla, ya que hay para todos los gustos. Hay muchos tipos de lectores –como describió y clasificó Macedonio Fernández- y la literatura ofrece un abanico de posibilidades para que cada quien encuentre, con un poco de esmero, lo que anda buscando a la hora de leer, aunque muchas veces esa búsqueda se puede ver retrasada por otras formas de esparcimiento espiritual, tal como ocurre con la alimentación cuando ingerimos comida chatarra y nos terminamos habituando. En fin, escarbando un poco en la cultura, nos podemos encontrar con cosas por demás interesantes.
Con motivo de haber llegado a las 1000 entradas en el blog La otra mitad, quería enviarle un afectuoso saludo a quienes saborean a diario o esporádicamente mis escritos por aquí, y dejarle algunos enlaces a algunas de las piezas que van quedando abajo por la dinámica propia de este tipo de plataformas, para que le echen un vistazo, si gustan.
Les recuerdo que en la pestaña “Libros” pueden adquirir mis primeras obras impresas desde cualquier lugar de la Tierra, y de paso les anticipo que estaría proyectando dos nuevos libros y esperando llegar a, quién dice, 2000 entradas por aquí para que puedan leer un poco más de lo que hago en materia literaria.
Un abrazo

Los enlaces:

PROYECTO DE POESÍA

¿QUÉ ES LA POESÍA?

PINCELADAS XII

VIDA DEL BLOG

OLOR A GOL

QUÉ COSAS TIENE LA VIDA, DOÑA AMELIA

CREAR O REVENTAR

Mens sana, comé manzana,
la salud es para el mañana,
no basta corpore sano
se pudre y come el gusano.

Libera de ti esa amarra,
la mente es como una garra
que no deja despegar
cuando tú quieres volar.

Corazón que cruza el abismo
que separa a vos de vos mismo
dará las explicaciones
que otrora eran confusiones.

Pregunta mal formulada
no puede ser contestada
mas debe ser repensada,
mejor no preguntar nada.

De la nada surgió todo,
del agua y la arena, lodo,
el cielo inspiró un suspiro,
¿Desnuda estás o deliro?

Tu belleza es la evidencia
que Dios padece demencia,
o cómo podés explicar
que acaso te dejó escapar.

Tal vez en su imaginación
piensa en otra creación
como un gorrión o aguilucho
que no lo distraiga mucho.

Pues si quedara observando
a ti, bella, contemplando
no atendería las plegarias
que claman a sus malarias.

Pero no hablemos de algo
que tú ni yo conocemos.
Dale de comer al galgo
así fuertes creceremos.

Él es otra maravilla
ya sé, dirás, que se pilla,
es un pequeño tesoro
no es un lingote de oro.

Todo lo bello y bonito
ocupa un espacio finito
de esta manifestación
que algunos llaman creación.

No sólo crearon los dioses
¿Te pasa algo que toses?
Cuidá la salud querida
es lo más preciado esta vida.

¿Cómo surgió la alegría
que te creó una poesía?
Así surgirá esplendorosa
tu alma y será asombrosa
una vida o fantasía
plena, solemne, hermosa.

URGENCIA

Vicente se había preparado unos mates. Sentado en el comedor, mientras tomaba uno, aparece su hijo con cierta urgencia.
-Viejo, necesito urgente el coche. El Tecla se quebró una pata acá en la canchita y lo tenemos que llevar al hospital. No sabés cómo está.
– Me imagino. Sangre por todos lados y vos encima querés que te largue el auto así nomás. Y todo por un raspón.
– No, viejo. Tiene una quebradura que se le salen todos los huesos de la piel.
– Si, son cosas que pasan. Gajes del oficio, se le dicen. Si jugaba de árbitro esas cosas no le pasan. Aunque por ahí se ligaba un botellazo en la marola.
– Bueno, ¿me prestás el auto o nos llevás vos al hospital?
– ¿Por esa pavada? Vayan caminando, ¿qué serán? Veinte, veinticinco cuadras, así de paso le afloja el hematoma a ese infeliz…
– ¡Qué hematoma! Te digo que se que-bró.
– ¿Si es para tanto por qué no llaman una ambulancia? Los pibes de hoy en día no sé en qué tienen la cabeza… piensan en boludeces. ¿Para qué practicar un deporte de verdad que te podés raspar como ese infeliz del Tecla cuando te podés quedar en tu casa calentito y limpio, apretás dos botones y jugás como si fueras el 9 del Real de Madrid? Hay cosas que no se explican…
– Chau viejo, gracias.
– El diablo sabe por diablo, pero más sabe tu viejo. No por mucho ayudar a Dios se madruga más temprano.

De una habitación sale Ana María, se para frente a un espejo y mientras se peina le habla a su marido.
– Vicente, ¿qué quería el Matías que andaba tan apurado?
– Andá a saber qué quería el borrego ese. Siempre te viene con cuentos. Habrá aprendido de vos.
– ¿De mí?
– Sí, claro que de vos. ¿Te acordás cuando nos vino con la historia esa de que le había robado la gorra a un policía? Pálido estaba de lo asustado que vino.
– Pero era verdad. La gorra la tiene en un cajón. –dice Ana María.
– ¿Qué va a tener ese? Mirá que el policía le va a prestar la gorra al infeliz del Matías…
– ¿Prestar? El Matías se la robó a la gorra. O no te acordás que tuvimos que ir a declarar a la comisaría…
– No creo. Hay cosas que no se explican. ¿O vos pensás que el policía le va a prestar la gorra al Matías? Decime, para qué. ¿Para qué? Tenía una fiesta de esas, ¿cómo se les dice? Jálogüin. Me imagino al Matías disfrazado de policía y me da escalofrío.
– No, viejo, Halloween es otra cosa. –dice Ana María.
– ¿Vos qué sabés? Capaz que hablamos de lo mismo pero con distintas palabras. Tantos años de discusión tirados a la basura. ¿Qué vamos a hacer con tantos años de discusión? Capaz que sacamos algo en limpio. ¿Quién te dice? Vos que le creés todo a ese infeliz del Matías, ¿me querés decir para qué vino recién?
– Pero si yo no lo vi, estuvo hablando con vos.
– ¿Conmigo? –pregunta Vicente confundido.
– Sí, viejo, con vos.
– Cómo te gusta contrariarme…
– Vicente, sacá el auto que me tenés que llevar a lo de Chelita. Me está esperando con unas tortafritas. Dale que después le pido que me dé algunas para vos. Seguro que ya me guardó, sabe que te encantan.
– ¡Uh! La última vez que comí de esas porquerías me indigesté. Me hiciste acordar y ahora me dieron unas arcadas… agghhh
– No, viejo, eso fue con los canelones de la Gladys.
– Agghhh…
– Dale, viejo. Llevame que estoy llegando tarde.
– Pero a vos te parece que con los mates recién preparados tenga que dejar todo para sacar el auto, llevarte hasta lo de esa amiga tuya que, vamos a ser honesto, es una infeliz. No me lo niegues. Te tengo que llevar a lo de esa infeliz y después venís toda angustiada porque no puede seguir viviendo sin ese que tuvo por marido, que extraña y no sé qué más. ¿Para eso querés que saque el auto ahora? Aguantá. En una hora me tengo que ir a buscar unos destornilladores a la ferretería.
– Me están esperando Vicente. –le dice Ana María con cierta impaciencia en sus gestos.
– Que espere. O vos conocés a alguien que se haya muerto por esperar. Capaz que se murió de viejo y esperando, pero la causa no fue la espera misma. Eso te lo discuto a muerte. Paro cardiorespiratorio, en todo caso. Además, tanto apuro para qué, me querés decir. Después venís toda así, ¿cómo se dice? Acongojada. ¿Y todo por qué? Por haber estado tres horas escuchando los lamentos de esa otra infeliz.
– Chau, me voy en taxi. –se despide Ana María.

Vicente se ceba un mate y, luego, lo toma. Se levanta, va hasta donde tiene la radio y sintoniza otra emisora. Calienta un poco el agua de la pava y vuelve a ubicarse en el mismo lugar del comedor. Entre tanto, entra Dani, su hija menor acompañada de una amiga.
– Hola pa.
– Hola chiquita, ¿trajiste visitas a casa? –dice Vicente mientras saluda con un beso a cada una.
– No, pa. Ceci me acompañó hasta casa para ver si la podés llevar hasta la suya. Hoy no hay colectivos por paro de choferes.
– Y no es para menos. ¿A vos te parece poner el lomo todo el día por dos pesos que no te alcanzan ni para pagarte un chegusán? Lo único que falta es que se tengan que pagar el combustible para poder trabajar. ¿En qué cabeza cabe? En la mía seguro que no. No sé cuánto estarán cobrando, pero te digo que igual es poco. Además, te cruzás con un atorrante que no tiene nada mejor que hacer…¿y? ¿Qué hacés? Le tenés que romper la marola con el volante.
– Bueno pa. ¿La llevamos?
– ¿A tu edad sabés cuántos kilómetros caminaba por día? Treinta y dos. Diez para ir a la escuela, diez para volver y doce haciendo los mandados a la vieja. Tu abuela, descansa en paz. Todos los días. Cinco kilos de papas, dos calabazas. Después el pan de lo de don Octavio, la leche del tambo… Y acá tu amiga que no puede caminar ¿cuánto?
– ¡Qué se yo! ¿5 kilómetros?.
– Cinco kilómetros. No me hagás reír que me vas a hacer volcar el mate. Ahora, decime, vos querés que deje todo así, que apague la radio, saque el auto y deje el mate recién hecho para llevar a tu amiga hasta la otra punta con qué excusa más ingenua: el paro de choferes. Contate otra porque con esa no vamos a ningún lado.
– Vamos afuera que te acompaño hasta la esquina Ceci. –le dice Dani a su amiga y se retiran de la casa.

Vicente se levanta con la pava, le agrega agua y la pone al fuego a calentar. Pocos minutos después, vuelve a entrar Dani mientras Vicente está hurgando en la heladera.
– Chiquita, ¿viste donde quedó el salamín que me compré la otra noche?
– No quedó. Se lo terminó el Mati con el Tecla ayer.
– ¡Si serán infelices!

Vicente tomó las llaves del auto y salió urgente de la casa. Dani lo miraba desde la ventana. En eso, ve que su padre deja el auto estacionado frente a la casa, se baja e ingresa a la misma.
– Chiquita, vigilame la pava que dejé sobre el fuego que ahora vengo. Voy hasta la fiambrería.
– Si, pa. –le respondió Dani, mientras reflejaba su expresión declarando por lo bajo: hay cosas que no se explican.

PROLIFERA

En los aires
Se respira el descreimiento
Basado en la desconfianza,
La de tanto haber creído
En bobas adivinanzas
Y en preceptos confusos
Que embotaron a la mente.
En un raro escepticismo
Que confluye en el presente
Se niegan también certezas
Con grito feroz y estridente,
Será tal vez que las gentes
Se hartaron del engaño frecuente
O será que aquél nihilismo
Los dejó solos como reclusos
A solas con su pensamiento,
El mismo tiene potestad
De dar y negar felicidad,
Él, de palabras constituido
Y siempre detrás del viento
En los aires.

LUMINISCENCIA

El sensei le había dicho a Arturo aquél día en tono monocorde: alcanzarás la iluminación en el instante menos pensado. El que ha recorrido el camino era un japonés bajito de rostro pálido que hablaba muy mal español. Arturo se marchó cabizbajo a la espera del colectivo. En la parada había un hombre con cara de foca y, a su lado, una foca con rostro de hombre, atada a través de un collar.
-Lindo día. –dijo la foca.
-Sí. Está lindo. –agregó Arturo.
-¿Cree que hoy pasará a horario? Me esperan para almorzar abadejo.
-Están viniendo a horario normalmente. –dijo Arturo.

De pronto, a la distancia, se observó venir el 48. La foca aplaudía alegremente. Los tres abordaron el colectivo, junto con un idiota que llegó corriendo. El chofer le dijo al idiota que coloque su tarjeta en la máquina para costear el viaje pero el idiota no entendía el procedimiento. Arturo regresó tras sus pasos y lo socorrió.
-Gracias. –dijo el idiota.
-No hay de qué. –respondió Arturo.
-No entiendo cómo funciona esta aparatología.
-Cuesta al principio hasta entrar en confianza con la tecnología. –agregó Arturo.
-De los setenta para acá no entiendo un pomo. Las cosas cambian demasiado.

A Arturo le caía simpático el idiota. Se sentaron juntos en un asiento doble, Arturo del lado de la ventanilla. El idiota observaba con curiosidad a un niño que jugaba con un dispositivo electrónico.
-Antes todo era más simple. Ahora hasta entretenerse es complicado. ¿Por qué cambian todo con lo bien que vivíamos?
-Lo hacen para beneplácito del consumidor. Inventan cosas que llaman la atención por lo novedosas, pero no necesariamente hay que utilizar todo lo nuevo que sale al mercado. –explicó Arturo.
-Yo no sé… Pareciera que si uno no compra las novedades uno fuera un idiota. –Dijo el idiota- Pero qué voy a comprar si no entiendo ni cómo se usan.
-Son formas modernas de matar el aburrimiento.
-No veo cómo me puedo divertir con algo así en ésta época donde todo parece brillar en una pantalla.
-Así es, es la era de la luminiscencia. –Agregó Arturo- La virtualización de la inteligencia.
-O la realización de la idiotez. –dijo el idiota.

Arturo se rió. El idiota le despertaba cierta ternura con sus comprensiones. Sin dudas, habían ocurrido cambios drásticos en la sociedad en los últimos años, modificando las costumbres de la gente sobre la tierra como nunca antes había ocurrido, y los que quedaban al margen de los cambios se sentían desorientados en una soledad que los dejaba cavilando en otros tiempos. Tal era el caso del idiota que no había asimilado los cambios. Al colectivo subió un neurópata con temblores. El idiota lo miró y Arturo también le prestó atención.
-¿Qué le pasa? –inquirió el idiota en voz baja.
-Son los nervios. –dijo Arturo.
-Yo cuando me pongo nervioso me tomo un té de tilo y se me pasa.
-Es bueno para eso.

El idiota se despidió de Arturo pero no sabía cómo bajarse. Arturo se levantó y presionó el timbre, el colectivo detuvo su marcha y el idiota se bajó tras agradecerle. A las pocas cuadras, Arturo se bajó. Ya estaba llegando a su casa, cuando un hombre le pidió unas monedas. Buscó en sus bolsillos algo de cambio para darle y se lo tendió. El hombre le agradeció y le convidó un trozo de queso que tenía. Arturo no quiso menospreciarlo y probó un bocado. Luego se despidió y entró en su vivienda. Cuando lo hizo, comprobó que no tenía luz. La claridad del día le permitió comprobar que no había ningún desperfecto en la instalación. ¿Qué había pasado?, se preguntó. Salió de la casa y golpeó en lo de su vecina. Le preguntó si tenía luz y ella le dijo que había un corte hasta el mediodía. Regresó a su casa y se preparó una taza grande de café. Sonó el timbre que era inalámbrico y Arturo fue hasta la puerta a atender. No era otra que Nancy, su novia, quien llegaba con una docena de facturas en mano, entre las cuales sobresalían las medialunas, las carasucias y las bolas de fraile. Arturo encendió un pequeño cabo de una vela, pues su casa era bastante oscura sin luz artificial, y la colocó sobre la mesa. Nancy tenía un hambre voraz y devoró una bola de fraile de dos mordiscones. Arturo apenas si había probado una medialuna salada.
-Este es un momento mágico. La luz de la vela le da el toque justo de romanticismo a nuestra relación. –dijo Nancy.
-Qué se yo. –dijo Arturo.
-Juntos, bebiendo café, el encuentro esperado se da en condiciones favorables para hacer el amor en una velada soñada.

Caminaron hasta la habitación fundidos en un abrazo interminable. Sus cuerpos se vistieron de piel y sus ropas cayeron dispersas por la habitación. Un beso sentenció la unión del amor en el acto sexual. Nancy tenía la cabellera revoloteada y reposaba sobre el pecho de Arturo. Éste tenía ganas de fumar pero los cigarrillos habían quedado en el comedor. Ella le hablaba del presente y los vaivenes del tiempo. Lo vivido en armonía y el porvenir que se venía. Arturo sólo pensaba en fumar pero se aguantaba las ganas momentáneamente. Después de un rato, ambos se vistieron y volvieron al comedor. Nancy dijo que se iría y no tardó en cumplir con lo prometido, tras despedirse con un beso. Arturo cerró la puerta y se quedó pensando, no en lo acaecido, sino en la vívida imagen de su maestro, evocando aquellas palabras que tanto le habían aclarado su visión de las cosas. De repente, la heladera había empezado a funcionar emitiendo un sonido grave al arrancar el motor. La luz del comedor se había encendido y Arturo se sacó las ganas encendiendo un cigarrillo. Largó una bocanada de humo que cubrió el ambiente. Observó la punta del cigarrillo encendido y miró cómo la vela, consumida en su totalidad, se estaba apagando. Del cigarrillo cayó una brasa sobre el cenicero que hizo un pequeño fogonazo. Arturo, sorprendido, pensó: qué más da. Fuego, amor, humo, ilusión. La vela se apagó completamente dejando un hilo de humo en el aire. En ese momento, alcanza el nirvana.

Lo que me gusta de tí

Me gusta cuando hablas
Porque estás presente
Y tu voz se siente
Tan alegremente.
Te extraño cuando duermes
Y la soledad
Se ve acrecentada
Con trivialidades,
Con las vanidades
De la gente torpe.
Me gusta cuando vuelves
A poblar mi mundo
Con todo lo que sabes
Y con lo que entiendes
Con todo lo rotundo
Que escapa a la razón.
Te extraño cuando tengo
Que irme a trabajar
Que irme a recorrer
Los senderos magros
Que sólo me conducen
Muy lejos de vos.
Me gusta cuando estás
Aquí para contarte
Lo que de tí me gusta
Y lo que te extraño
Cuando plasmo en arte
Lo que no me asusta
Que se lea en baños.

Desandar

No estar cómodo en una ideología
Atravesar el camino, desentrañarlo
Aminorar, aventurar, jugar el juego
Abrirse paso al calor de una poesía.

Mudar el entretemiento por valor
Esquizofrenia por la comunicación,
Atizar el lánguido triunfo del amor
Ante escuálidos vestigios de creación.

Del impulso a la ocurrencia, chispazo
Retrocede sin excusas la imaginación
En la mente, de repente, un fogonazo

Que anticipa cual tarot el movimiento.
En su rostro lo que otrora fue ilusión,
En la palma, un fecundo sentimiento.

Pacto

Tengo un pacto de convivencia con los mosquitos: no los mato a cambio de que no me piquen. Ellos, dada la desigualdad de envergadura, por norma, aceptan a gusto.
No obstante, hay algunos que ignoran dicho pacto y se atreven a alimentarse a costa de mi sangre. Por las dudas de cometer el atropello de matar a uno de ellos que efectivamente sí respete el pacto no tomo medidas drásticas, sino que simplemente mantengo mi palabra porque comprendo que siempre puede haber algún rebelde.
Eso sí, al que anoche me picó el culo cuando dormía se la tengo jurada.

NADIE LE DIJO

Nadie le había dicho
que aquí nada es permanente,
y lo supo de repente
cuando aquello terminó;
la relación se disolvió
como pintura en solvente,
a la lápida del nicho
epitafio le pusieron
y con ello terminaron
cada cual a su ruta
a proseguir su camino
pues así quiso el destino
que a veces la calle puta
se bifurca, se entrecruza
se abre, visión de lechuza,
separando voluntades
( o países y ciudades
que buscan autonomía
que la buscan con porfía )
y dejando las esquirlas
del amor y la explosión.

Desconsuelo y confusión
vuelos de aves de rapiña
restos de una transfusión
se encontraron con la niña
que pensaba que era eterno
un romance sempiterno
y ahora debe hacer el duelo
de enterrarlo bajo el suelo,
porque a ella nadie le dijo
que aquí nada es permanente
y lo supo tristemente
mientras buscaba consuelo
mientras sentía a su hijo
pateándole la pancita
con instinto goleador
y ella canta y le recita
al pequeño emperador
una canción armoniosa
descarnada y portentosa
que le hace olvidar la pena
encarando el porvenir
con una actitud serena
pues el corazón al latir
le da la calma fecunda
que de alegría la inunda
y así al pesar despedir.

En una sentencia profunda
nada es válido para todos
sabe de cualquier modo
en una felicidad rotunda
que un estado duradero
y por cierto placentero
no sólo le hace olvidar
sino que le hace amar
así en la vida amando
así en la vida jugando
su alma vuelve a confiar
se vuelve a sentir plena,
y si dos no son de fiar
y uno enturbia su melena
con la vista en el futuro
que se asoma puro y seguro
tendrá también por presente
que al saberlo de repente
que aunque nadie se lo dijo
de esperanza, muy prolijo,
tiene en el amor certero
un presente verdadero.

Estrellas

En el remanso de las relaciones
Se diluyen todas las complicaciones,
En el ocaso de la impermanencia
Caen recuerdos de nuestras vivencias
Como sueños que pierden sentido
Como ensueño todo lo vivido
Se descubre la significancia
Lo olvidado con mucha elegancia
Y un cúmulo de constelaciones
Con el día se tornan ilusiones.

La primera cena en tierra

Habían transcurrido sin decoro las mil y una noches navegando con aplomo veinte mil leguas de viaje submarino y Nelson estaba, digamos, cansado. El colchón era demasiado rígido y la almohada demasiado blanda, y la combinación de ambos le había producido el mismo efecto que correr tres maratones en una semana. Salió por la escotilla y no se sorprendió al no ver siquiera una comitiva de recibimiento, como mera formalidad. La tripulación comenzó a descargar los equipajes y fueron saliendo uno a uno a la olvidada tierra firme.
-Deberíamos contar la historia -sugirió Aquiles, llevando una enorme valija sin rueditas-, tal vez un día podrías escribir un libro, es una buena aventura.
Nelson lo miró desentendido, quería llegar a su casa cuanto antes. En lo último que pensaba era en narrar el viaje, siquiera en contar las anécdotas que pudieran ser de interés para alguien, aunque siempre había público para este tipo de comunicación, ya fuera verbal o escrita. Pero Nelson no publicaba hacía varios lustros y cuando le preguntaban el por qué desistía de hacerlo cuando mucha gente, tiempo atrás, halagaba sus narraciones, respondía con aires de haber cumplido lo que algún destino le hubiese impuesto si no fuera porque él se le anticipó:
-Porque todo fue dicho ya, y mejor que nadie, por Leo Maslíah.
Él consideró en algún momento y solía decir que sentarse a escribir para darle vueltas a los asuntos que lo movilizaban ya no le producían la satisfacción de sus comienzos. No obstante, había cierto grado de mentira en su respuesta, ya que a escondidas de todos de vez en cuando escribía algún cuento que le zumbaba y lo guardaba en un pendrive, sin darlo ( o darlos, porque se habían acumulado un buen número ) a conocer.
Se tomó un taxi que lo dejó en la puerta de su casa. Al ingresar, percibió un fuerte olor a humedad y a encierro, si es que el encierro tiene un olor particular, o a la falta de ventilación. Abrió las ventanas y el sol iluminó las dos habitaciones. Pensó en la cama que lo había estado esperando y en las ventajas de tener un televisor. Lo encendió. Transmitían las noticias.
-¡Ah! -exclamó con sorna- La vieja novedad.
El presentador cambiaba el semblante desde la presentación del último ganador del Quini 6 a la noticia del último femicidio como quien se toma vacaciones de la vida en sociedad y se interna en un bosque a la intemperie a deducir el código Da Vinci.
Se puso a acomodar las cosas que llevaba, en los cajones, y vio de imprevisto las luces de un patrullero por la ventana de la habitación. Escuchaba funcionar el handy, y que alguien hablaba pero no alcanzaba a interpretar lo que decían.
Golpearon la puerta. Nelson fue a abrir y un policía le preguntó por Fulan Omar.
-Ni idea, no lo conozco, oficial. -esgrimió- Recién llego de un largo viaje.
-Seré curioso, ¿De dónde viene? -preguntó el agente.
-De las profundidades. -justificó.
-Pero mire qué suerte, a mí me toca siempre cotejar las superficies, no tuve tiempo para más.
-Ahora voy a incurrir en la curiosidad yo, ¿Por qué lo buscan a ese hombre?
-No se lo puedo decir, pero, entre usted y yo, el mundo está lleno de vivos que hacen parecer la muerte sin prestigio.
-Como los ensambladores de pistacho.
-Bueno, ha ido usted demasiado profundo. -dijo el oficial con una risita entrecortada.
Luego se marchó. Nelson podía oír el handy pero ya no le prestaba atención. Enchufó la heladera y se puso a limpiar la cocina que estaba cubierta de polvillo. Cuando terminó se fue a aprovisionar de algunos víveres, productos de limpieza e higiene, cervezas y un lápiz, entre otras cosas. Guardó cada una de ellas donde consideró conveniente y se fue a dar una ducha caliente.
Más tardé preparó la cena, pollo al horno y papas a la espinaca, que comió en silencio con el sonido de una telenovela colombiana de fondo. Al caer la noche, cuando se fue a dormir, se preguntó si sueñan los androides con ovejas eléctricas, y esa duda aunque no le impidió apagar todas las luces de la casa sí le dificultó un descanso profundo, ya que cada tanto se despertaba sobresaltado por alguna trama perturbadora que estuviese soñando, o porque algún crujido de la cama le hacía recordar que el mar era la mitad de su pasado.

SUPERFICIES

Un problema que nos acucia
la falta de profundidad al tratarlo
mediocre, medio creído, medio crédulo
el abismo que separa al corazón
de lo que tiene en porfía tu pensar,
sin sosiego por las impresiones
con el tamiz de la imaginación
sin el remanso de la reflexión
se retuerce con las emociones
y en el sostén de los sentimientos
la reacción ante las situaciones
queda al margen, casi al fondo
la armonía que costó un perú
y se derrama el vaso colmado
por la gota que no se secó,
si vacío la copa nocturna
el vacío es posibilidad
la distancia una oportunidad
el reposo de la mente calma
se deleita en la posteridad.

EL LECTOR CURIOSO



Leyendo la borra del café
Como a un libro intrigante,
Descubro un sinfín de sensaciones
De imágenes ideadas
De ideas imaginadas,
Me distraigo en la contemplación
Al encontrarme con tu sonrisa
Sin apuro, sin ninguna prisa
Leo también tu rostro
La felicidad rebosante
La ternura trepidante
La serenidad, los divagues
Que leo al salir de tu boca
Y la excitación que me provoca
Al leer tu sensual mirada
Esquiva, precisa, recargada
Que me busca y se compromete
Sobre la almohada de plumas.
Leo tus pechos y tus cabellos
Que me cuentan cosas
Son espinas las rosas
Que se me clavan en el iris
Cuando leo tus tatuajes,
También leo tus ropajes
Cuando ruedan por el suelo
Leo crónicas marcianas
Y las nubes en el cielo
Cuando subo las persianas,
Leo además los mensajes
Que me obsequian un consuelo
Los titulares de los diarios
Los feriados del calendario
La poesía revolucionaria
Las metáforas más estrafalarias
Los proverbios, el pronóstico
Leo tus besos en Braile,
La novela interminable
Subtítulos, boletas, contratos
Leo intermitente y de a ratos
De corrido, continuamente
Con suspenso o curiosidad
Como al saborear tu piel,
Lo que dicen las cosas que leo
Que a veces capta la atención
Y en otras, con la mejor intención,
Aunque lo vea no lo creo
Me alegran, me conmueven
Me distraen, me despejan,
Me aleccionan, me interpelan
Y después ya no hay después
Es un tiempo en presente
Un vaivén de movimientos
Vuela con los pensamientos
Cual gaviota ante el ocaso
Sobre la playa serena
Caminando por la arena
O surcando la brisa,
Y si lees propiamente
Tal como leo activamente
Encontraremos el sentido
De lo que no es conocido
De lo que está por descubrirse
Antes de que empiece a abrirse
Como flor ante el rocío
Como vino en el estío,
Como vino así se irá
Y al leer florecerá.


MOVIMIENTOS DE LA MENTE

Desperté temprano para ver el amanecer
espectáculo que obsequia la naturaleza,
mas no lo vi, tenía mucho por hacer
cambiar el mundo, ordenar la pieza,
en lo primero tuve éxito sin desmerecer
en lo segundo me ganó la pereza
y quedó el desorden bien ordenado
que sólo entiende mi vencida cabeza.

A todo esto, la aurora había pasado
iluminando la mañana, el pavimento
donde los perros buscan alimento
donde las aves evocan el pasado;
no hay autos y es poco el movimiento
los domingos tienden al descanso,
rinde sus servicios este viento
que al calor nos ofrece un remanso.
Las ideas, el promiscuo pensamiento
van cambiando sobre el espíritu manso.

Quedarían arbitrarias emociones
que exaltan la pasión que asoma,
un chimango devora una paloma
llego tarde, con algunas distracciones,
pierdo el ritmo, cedo el paso
y en el aire se perciben ilusiones
parecieran -como el día- transiciones
que en un rato todo cae ante el ocaso.

FIESTA SIN DEE-JAY

El deejay está confundido
la música no suena bien
ninguno quiere bailar
no hay tragos en la barra,
la gente busca un culpable
como es Susana Costumbre
y todos le apuntan a él,
pero no tienen con qué tirarle
los tomates están muy caros
y los huevos por las nubes.
Los insultos no se hacen esperar
todos lo quieren apedrear
pero en un rapto de intuición
el loco va y cambia de canción
entonces vuelve la fiesta
todos danzan y cantan
en una orgía a toda orquesta
olvidando su previa intención.
El deejay aprovecha la ocasión
ve que reina la diversión
resuelto va y se tira por el balcón.

EN PRINCIPIO, UN UNIVERSO

En principio, un universo
colmado de vidas y fragmentos
cargado de emoción y pensamientos
todos bajo el mismo firmamento
yaciendo al calor del pavimento.
”A la final”, todo era verso
preciso, certero, en movimiento
en el placer de verter los sentimientos
al alba y al ocaso, en crecimiento
en la unión refrescada por el viento.
En el medio, plácido, converso
del porvenir, del devenir, del elemento
del sentido de inmanencia, el complemento
de lo fugaz, de lo trivial, del juramento
de lo profano y lo sagrado, del fundamento.

CELSO ERA UN TIPO HORRIBLE

Celso era un tipo horrible. No tanto desde lo físico, ámbito en el que pasaba los cánones de belleza masculina que idolatraba la sociedad, sino desde el comportamiento. En su conducta era pendenciero de bares, agitador de multitudes, borrachín nocturno, charlatán de quincho, enturbiador de ambientes y demás cosas que se le podían endilgar –y de hecho lo hacían- quienes tenían la mala fortuna de conocerlo o cruzarse en su camino.
Cierto día, el horrible Celso tomó el coraje de cambiar, quizás a falta de paz y serenidad en su sino o tal vez porque el flujo vital le pedía un cambio que los diferentes peinados no le daban. Pero no tuvo tanto coraje como para cambiar de vida, que a esa altura ya cargaba una mochila muy pesada como para dejarla en la banquina, sino que resolvió cambiarse el nombre.
Hoy día, podría decirse que su andar es menos molesto para el conjunto de la sociedad que lo alberga en su seno. No obstante, nadie lo llama por su nuevo nombre, tal vez por el temor de suscitar nuevas conductas perniciosas que pudieren aparecer, ni tampoco por el antiguo, que ya no corría desde aquella decisión. Ahora para todos, como un truco de magia, es excelso.

Kant, el filósofo

La tarde caía levemente sobre los techos, los tejados y el río, manchando de sombras alargadas la tierra y las callecitas. Las últimas aves jugueteaban revoloteando en el cielo o sobre los eucaliptos más altos. Kant se preparaba para pasar la noche en un cantero, para soñar con otros parajes, luego de haber corrido autos y motocicletas durante todo el largo día. El negro de la noche lo ocultaría de cualquier peligro que asomara. En el Coliseo Rumano se sentaban a beber cerveza y a comer papas fritas los primeros en llegar, como Elpidio y Noyo, celebrando la amistad tras la jornada laboral que a algunos dejara exhausto. Para otros, era rutina mecánica. La cuestión pasaba por la recreación, por el despeje mental de los asuntos cotidianos y el divague labial al que sucumbían hablando de bueyes perdidos o tesoros encontrados. Elpidio sugirió sentarse en la mesa bajo la palmera, pero Noyo lo contrarió y al final se sentaron frente al gran ventanal que daba de frente a la entrada del bingo, desde donde veían desfilar los ánimos de quienes entraban y salían, alternando entre desconsuelo y euforia disimulada. Cada tanto, Kant levantaba el hocico para observar el paso de algún peatón que caminara cerca del cantero.
Pidieron dos pintas, ipa Elpidio, amber Noyo, y una fuente de papas cheddar que demoró más de la cuenta en llegar, casi cuando habían terminado de beber la primera ronda de cervezas y encaraban la segunda.
-Qué hambre que tenía. –exclamó Noyo con las papas en el buche.
-La música que pasan en este lugar es lo que me hace venir una y otra vez. –dijo Elpidio, echando un vistazo al ambiente, en el que se veían cuadros decorando las paredes y hasta un maniquí de futbolista del Real Madrid en un rincón. En cuanto se quisieron acordar de un gol de Ramos en la final, ya habían entrado en lo más apacible de la noche sin preguntarse qué estaban festejando.
-Yo lo encuentro todo positivo. –esgrimió Noyo, tragando lo masticado.
-Sí, pero no podés mirar todo con un cristal de esa tonalidad, porque si no, en realidad, lo que ves no es la cosa en sí, sino que te quedás observando ni más ni menos que sólo el cristal. –acotó Elpidio. A su lado pasaba la camarera con la bandeja cubierta de cervezas.
-No te entiendo. –se excusó Noyo, invitándolo a explayarse en el asunto.
-Mirá, hay cosas que de acuerdo al contexto serán positivas o negativas, no hay absolutismos en la cultura –explicó Elpidio en un tono que daba a entender que sabía de lo que estaba hablando.- Te pongo un ejemplo: la improvisación. En la música, es una virtud para el aplauso y la ovación; en política, un bochorno para el escarnio y la detracción. –Noyo escuchaba como quien escucha el pronóstico del tiempo de otra ciudad en la radio.
-E incluso esto puede invertirse –prosiguió Elpidio besando la ipa que estaba fría como un témpano- y darse la situación de que una improvisación musical parezca un espanto acústico o, en política, una maniobra eficaz para sortear dificultades.

-Entiendo lo que decís, pero yo me refería al contexto, en particular, y a nosotros en general.
-Sí, lindo lugar para pasar un buen rato, para distraerse y aflojar tensiones.

Tras unos minutos llegó Elvira, dejó la cartera sobre el respaldo de la silla y se sentó con aquellos. Cuando se acercó la camarera, pidió un jugo exprimido.
Kant se levantó de su letargo para perseguir a una hembra de pelaje blanco que paseaba atada por una correa a la mano derecha de un anciano. Luego de unos metros y de olisquearse entre sí, pegó la vuelta para reacomodarse plácidamente en el cantero.

-¿Sabés por qué es más importante lo que sentimos y lo que pensamos que lo que nos rodea? –inquirió Elpidio a sus interlocutores, aunque mirando a Noyo, que observaban el panorama del lugar. Elvira se quedaba con el mobiliario mientras que Noyo prestaba atención a los adornos que colgaban o bien del techo entre luces o bien de las paredes entre cuadro y cuadro.
-Porque es ahí donde vivimos, en la mente y en el corazón, tanto en los propios como en los de los demás. –esgrimió Elpidio, para perderse con la mirada en el tránsito de la calle, que a esa hora era pausado, lejos del trajinar de las tardes donde todos buscan volver rápido a sus hogares o llegar a tiempo a los negocios que esperan cerrar a horario.
-Ser feliz es el mejor negocio que podés hacer. –escupió Noyo, casi para sus adentros, que sólo Elvira escuchó y asintió con una sonrisa.
De repente, cuando los tres ensayaban un brindis en honor a la amistad, ingresó por la puerta vaivén un hombre vestido de traje con carpetas y unos papeles en la mano, acompañado por dos agentes de la policía. Elpidio se quedó observando las luces de los patrulleros. El hombre de traje discutió con el encargado del lugar por un breve lapso, atrayendo las miradas. Luego, completó un acta con birome y le anunció a los presentes que el Coliseo Rumano quedaba, desde ese momento, clausurado. Todos lamentaron el episodio, recogieron sus pertenencias y se marcharon lentamente al tiempo que la música moría en un silencio retórico que cursaba en las preguntas que se hacían todos.
Noyo se despidió y se fue caminando. Elpidio y Elvira se fueron cada uno en sus respectivos vehículos, quizá a dormir, quizá a beber, quizá a soñar, mientras en el cantero, Kant soñaba con prados en los que corría ovejas llevándolas al corral.

Ilusión de permanencia

La situación escapa del cuadro
se sale por los bordes del marco
se despliega pintando las paredes
abarcando en un sinfín las construcciones
hasta ocupar el mismísimo universo,
complejizando así todas las cosas
que pasaran de ser cosas sencillas
a ser algo que ya nadie comprende
quizá algún profesor de física
o un erudito, o un metafísico
que lo explique con palabras curiosas
o con algunos conceptos elocuentes
para que vos lo creas o lo intentes
que en el cosmos novedosas apariencias
son profundos movimientos de conciencia
y desde lo más pequeño entre lo pequeño
interpela a lo más grande entre lo grande
aún desde la gota evaporada del rocío
enamora a la majestuosa montaña
desde el canto del zorzal por la mañana
hasta el vuelo ancestral de la paloma
va mostrando la fresca sensación
que aniquila cada noche la guadaña
como el renacer del niño que se asoma
al contexto que lo pone en situación.

¿Quién entiende la poesía?

Retratos de la cofradía y de la eucaristía
sonrisas posan ante el flash heurístico
la gente se congrega en torno a fantasías
aplauden, gritan, vociferan eufóricos.

El telón bordó cubre todas las miserias
el malón se disgrega, acentuando soledades
cada quien es cada cual con sus histerias
historias ensayadas de mentiras y verdades.

El asombro acude, ¿quién entiende la poesía?
Que en un reto histriónico extirpa malestares,
¿quién entiende su valía, su tesón y su porfía?

¿Quién pudiera seguir el hilo de la comunicación
cuando no concibe cruces, ni detalles, ni lugares
quién pudiera cobijarla en un rincón del corazón?

Ronda el misterio

La calle como pista
Un valle con aristas,
Los árboles sin prisa
Gorrión en la cornisa
El trueno cuando llueve
El sol que todo mueve
La gente que se apura
Instante que no dura,
El aire que respiro
Tu boca cuando miro
La palabra adecuada
La voz como una espada
El sexo entre tus piernas
Las miradas eternas
El más cálido abrazo
De Cupido un flechazo
El enamoramiento
El sutil pensamiento
La locura presente
En toda nuestra gente
El séptimo planeta
La teta amamantando,
Las felices recetas
El viejo cocinando
El tiempo descoloca
Y a todos los retoca
Cada cosa en su lugar
Niños, por favor, a jugar
Que acá es un despelote
Y no hay gol de rebote
El vecino vigilante
Un ladrón de turbante
La cámara precisa
Al muerto inmortaliza
Y el vivo que camina
Llegando hasta la esquina
Se trepa al paredón
El de fusilamiento
Y en un presentimiento
Estalla el corazón.
La luz ya no ilumina
El calor no lo quema
Sólo queda la espina
De no saber de esquemas
De no tener bolsillos
De transitar pasillos
De lánguidas galaxias
De ingrávidas falacias
De impalpables rosas
De intangibles cosas
Sepultando el misterio
Carente de ministerio
Que otrora hipnotizaba
Y ahora no encontraba,
Entonces, de repente,
Percibe, oye, siente
El ruido de camiones
Rugido de leones
La jaula estaba abierta
Metrópolis despierta
Manotazo de ahogado
Rechazo de abogado
La ley al otro lado
Una palabra: vida
Una palabra: muerte
Una palabra: suerte;
La cama concurrida
El insulto frecuente
El amor recurrente
También las sensaciones
Que vibran en canciones,
Y a todo esto, una pregunta
Una respuesta, una sentencia
Un consejo, una advertencia
Una amistad, una junta
Bajo el mismo cielo
En impasible suelo
Separados por las púas
Que rasgan la guitarra,
Se nubla y la garúa
Es del tigre la garra
Que arranca, que desprende
Más que la vestimenta
Dejando la osamenta
El legado de Ostende.
A lo lejos un llanto
Un hombre se hace canto
Que surca como voz
El espacio feroz.

Canto latino

El tiempo no pasa
La luna no llena,
Tu chispa divina
La noche ilumina.

El sol no se oculta
El tordo te ausculta,
Tu gracia divina
Es la mejor vitrina.

El viento no sopla
Me quedo sin coplas,
Tu labia divina
Me hechiza argentina.

El cóndor no vuela
Me gasto la suela
Tu estela divina
Persigo en voz fina.

El auto no arranca
Si salta la banca
Tu tacto divino
Me compro el casino.