Ana e Inés

Dos amigas que cursaban la carrera de odontología en los años noventa, compartían la habitación de la pensión de Alcira sobre calle 4. Una de ellas, Ana, siempre respondía a destiempo los cuestionamientos de la otra, llamada Inés. Por su parte, Inés alternaba episodios de euforia y depresión, de bronca y alegría a intervalos regulares e irregulares. Ana sentía empatía por su amiga, pero cuando la quería asistir por su depresión, por ejemplo, Inés ya estaba cantando a grito pelado; o cuando la quería acompañar en un baile, Inés ya soltaba el llanto.
Así pasaron sus años de cursada en que Ana Crónica se desenvolvía en tiempos que ya se habían despedido sin que ella lo notara e Inés Table dudaba entre estados anímicos que duraban lo que un suspiro.

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Jugás de enganche

Cuento escrito en dupla técnica con Martín Díaz.

El profe Baldeverde pasó corriendo por los pasillos del vestuario local y al doblar en el cruce se topó con el Tronco Benítez que llegaba silbando el himno con el bolso colgando de un hombro. Al verlo desencajado, el Tronco le preguntó qué sucedía, pero el profe se lo sacó con un ademán brusco y enseguida se metió en la sala de la enfermería, justo al lado del vestuario de los árbitros.
El Tronco imaginó que al llegar al vestuario se encontraría con un panorama revelador y al abrir la puerta estaba José Luchard, el técnico del campeón, agarrándose la cabeza y puteando al aire de lo lindo. Sobre un banco, agachado, lleno de vómito sobre el jean y las zapatillas, cantando un spot de Quilmes lo vio al Peluca Moratín, líder, capitán y enganche del equipo aurivioleta. Pascualito, el utilero, había dejado el bolso con las camisetas sobre la camilla y con un lampazo con ahínco limpiaba el piso y el hedor que había dejado el vómito.
-¡Peluca y la puta que te parió!-gritaba desaforado José Luchard- ¡Me cago en vos y en la madre que te parió!
En bancos opuestos observó a otros jugadores que charlaban entre sí, risas de por medio que los hacían distender un poco de la tensión de la situación.
-¡Correte, Tronco! ¡Otra vez en el medio! –le recriminó desde atrás el profe Baldeverde que pugnaba por ingresar al vestuario.
-¡¿Qué conseguiste?! –le preguntó José Luchard expectante.
-¡No hay un carajo! Dos curitas y algodón es todo lo que hay.
-¡Pero me cago en la puta madre! –exclamó Luchard dándole un puntapié a un bidón vacío- Este Peluca me tiene podrido. Sacámelo de acá.-El técnico había dado un giro de ciento ochenta grados en su actitud.
-¿A dónde lo llevo? –le preguntó el profe contrariado.
-Problema tuyo, acá no lo quiero ni ver.
Los demás jugadores del auri seguían entrando al vestuario y procedían a enterarse de lo acontecido, o buscaban algún lugar para empezar a cambiarse. Afuera empezaban a escucharse cánticos y algún redoblante. El profe se cargó al Peluca de un hombro con un esfuerzo descomunal y salieron por la puerta del vestuario. El Tronco seguía impertérrito observando todo desde donde estaba cuando vio que se le acercó Jose Luchard quien al mirarlo de frente le dijo con firmeza:
-Tronco, hoy jugás de enganche.
Al Tronco le dio una sensación de pánico mezclada con ilusión, que se vivificó en un cosquilleo eléctrico en el estómago. “El Tronco Benítez, tronco como pocos, picapiedras con maza de goma usando la diez”. Los sueños y los deseos tienen esa pizca azarosa que hace que se fusionen con la realidad cuando uno menos se lo espera, pero el Tronco, sin fundamentos lo había deseado durante años que sólo lo había podido ver cristalizado en sueños. Limpió el banco que había dejado vacante el Peluca, con trapo y detergente, y se sentó a ponerse las vendas. El Tronco seguía imaginando, y en ésta ocasión tiraba caños, lejos de su habitual desempeño –en entrenamientos, porque hacía tiempo que no pisaba el césped en un partido oficial- en el que la peleaba con sus escasas virtudes y su lentitud para moverse. Al lado suyo estaba Ramón Alvarete, el arquero que tapó el penal que le daría la clasificación a los playoffs que luego desembocaría en el campeonato.
-Confío en vos Tronco. Sé que podés darnos mucho.
-¡Siempre lo mismo el Peluca, eh! –le dijo el Tronco para disimular el rubor que corría por sus mejillas.
-¡Es un pelotudo! Ponerse en pedo en una semifinal… Pero no te calentés, Tronco, hoy la vas a romper.
-Partido difícil hoy che… -desviaba la atención el Tronco.
-Hoy, Tronco, no corrás al pedo. Parate y pensá, ¡pensá! Tocá y hacé jugar al equipo.
El Tronco Benítez empezaba a sentir la presión sobre sus hombros, traducido en nervios que le dificultaban ponerse las medias. Se calzó los botines y se acopló a la fila de jugadores que salían del vestuario. José Luchard lo miró pasar haciéndole un gesto afirmativo con la cabeza, sentando confianza. A su lado, Pascualito le sonreía y le dio una palmada en la espalda.
-¡Vamos Tronco! –lo animó.
Enfilaron para debajo de la tribuna, donde ya se escuchaban cantos cada vez más rotundos, a hacer el calentamiento previo. Los cortos violeta con el número diez llamó la atención del periodista de radio que cubría las acciones del campo de juego. El relator de la radio, notificado de la situación, se sorprendió antes de que entren a la cancha, “…el equipo donde la bruja Sanabria vistió esa casaca…se le fue la mano al técnico, roza lo burdo, ¡es una falta de respeto! Está bien que el Tronco es un buen tipo, muy querido en el plantel, te diría que es casi el amuleto de la suerte, pero ponerlo de enganche en una semifinal no se le ocurriría ni al peor guionista de un film. No te da un pase limpio ni gambetea. Hace tres años que no juega 15 minutos seguidos. Lo digo previo al partido porque después vienen los reproches: Luchard, en esta la cagaste”.
El altoparlante anunciaba la formación de los equipos. Cuando con la diez lo nombran al Tronco Benítez hubo conmoción, risas y hasta algún tibio coro en la tribuna. El dirigente Santana, con su campera de cuero cubriendo sus kilos, con sus pelos blancos a tono con la barba, sintió correr el sudor por su frente. Esto es una broma, pensó. El sentido del humor nos impregna de alegrías hasta en los momentos de zozobra. Salieron al campo de juego los árbitros, el elenco visitante que iba de punto y ahí nomás apareció el buzo verde de Ramón con la cinta de capitán en el brazo izquierdo y todo el colorido aurivioleta que daban las camisetas atrás. La última que vio el público fue la diez del Tronco, antes de que la lluvia de papelitos y las cortinas de humo les taparan la visión.
El partido daba comienzo y el Tronco tiene la pelota, se le vienen dos encima cuando la está por pisar y con un taco hacia delante se los saca a trote lento, y mete un bochazo limpio que deja mano a mano al nueve contra el arquero, definiendo con un remate fuerte a la derecha. La tribuna casi se viene abajo y el coro de “Olé olé olé olé, Tronco, Tronco” empezó a despegar, pero unas campanas le pusieron un freno a la imaginación del Tronco: son las de la iglesia a dos cuadras que llaman a sus feligreses. El Tronco parado en la puerta del vestuario se quedó escuchando el canto de un ave posado sobre la ventana. Todavía no había clima de partido, faltaba que lleguen los muchachos. José Luchard se le acercó al Tronco, lo miró de frente y le dijo:
-Tronco, hoy te quedás afuera.
Se despidió, dio media vuelta y se fue caminando por el pasillo. Desde el vestuario de árbitros, los jueces escuchaban el silbido del himno.

Seguí

Estaba aburrido, demasiado diría, y salí a caminar. En principio solo, pero enseguida se me dio por seguir a un tipo que parecía saber a dónde ir. Al rato me di cuenta que deambulaba sin rumbo, por lo que me dispuse a seguir a una señora que iba con un carrito a paso lento, pero firme. A los pocos metros se metió en una casa, que supuse suya, y la muy descarada me cerró la puerta en la cara con asco. Ahí nomás seguí primero a un joven que entró en un local de comidas, luego a una pareja que me preguntó qué quería por lo que tuve que desistir de seguirlos, y después de un tiempo seguía prácticamente a toda la gente que andaba por ahí, por turnos. Quise seguirlos a todos juntos, pero los destinos no siempre convergen, aunque una muchedumbre que seguí ingresó en un estadio a ver un recital. Algunos me daban charla, mientras que otros me cortaban el rostro. Pero no me preocupa. A mí no me importa eso de llegar a algún lado, eso de estar no es lo mío, lo mío es seguir.

Una palabra

Hay una palabra
para cada situación,
hay una palabra
viva en cada ocasión,
hay una palabra
que te saca del apuro,
hay una palabra
que ablanda al más duro,
hay una palabra
que te abrirá mil puertas,
hay una palabra
que destruye las inciertas,
hay una palabra
difícil de predecir,
hay una palabra
que no te voy a decir.

Arte, literatura y comodidad

Uno de los motivos de por qué no se lee literatura en la actualidad ( o se lee poco y nada con respecto a otros modos de esparcimiento), pienso, es por la excesiva comodidad en nuestra sociedad occidental y la búsqueda de tal. Cuando el lector se enfrenta a un texto, debe ‘moverse’ para interpretar, entender, descifrar, reformular lo escrito. El lector es partícipe, no mero espectador y este punto no es poco relevante. Esto no siempre pasa con otras artes, como las audiovisuales, o debería pasar, pero no se evidencia mucha receptividad, debido a la explotación del entretenimiento para con los sentidos de la vista y el oído. El arte, en esos casos, no siempre mueve, o la experiencia artística es limitada. Pero más allá de eso, si es una apreciación pobre o carece de vigor, lo paradójico del asunto es que para leer,como condición casi necesaria, se tiene que estar cómodo .

La vuelta

Vuelve el genio y su locura,
vuelve y cura con su ingenio.
Vuelve y canta melodioso,
canta volviendo, es ingenioso.

Recita cantatas que saca del alma,
saca cataratas al recitar, te da calma.
Le escribe a tu cuore, le lleva alegría,
alegre es cribiendo, tu cuore es mi ría.

Se canta, se baila, se vive, se roza.
Cantando y bailando, la vida es hermosa.
Se mira y se ve, quien mira gustosa.
No quiere mirar, piensa en otra cosa.
Se escucha en la vida el canto y su rima,
quien oye levanta su alma a la cima.
Se pasa la vida vendiendo estampitas,
te canto, mi vida, prendeme velitas.
La luz de tu encanto cautiva mi mente,
ya voy terminando, por hoy, suficiente.

Te despido, este día, te echo fuera, despedida.
No traigas tu llanto, quedátelo vos, bienvenida.
Vos volvé cuando quieras, mi preciosa no cosa,
alma etérea, corazón, vida, siempre mía, rosa.

Por eso no es desatino,
cantarle a un peregrino,
él da vueltas el mundo,
cree ser vagabundo.
Mas cuando encuentre su rumbo,
de un plumazo, yo lo tumbo.
De estupefacción, un segundo.
Su satisfacción, es pa´l mundo.

Finales

Y si el mundo es destruido
si tu recuerdo se desvanece
si tu flor marchita y perece
y todo se pierde en olvido…
¿Habrá tiempo para entender?
Lo que se comprende por ser,
tu nombre sólo será un rumor
mas nunca morirá el amor.

A la misma vez

Había una vez, que no era una simple y sencilla vez, sino más bien una bombucha, cargando en su interior cantidad de agua esperando llegaran los carnavales. Esta vez, la susodicha había cobrado dotes de superioridad y lejos de atenerse a su condición de bombucha de carnaval creía ser verdaderamente una bombacha de campo, por lo que resolvió montar cual jinete sobre un caballo blanco ( que no sería precisamente el de San Martín sino uno más moderno y a la vez actual) en vez de ir a reventarse contra la blusa de una jovencita que esperaba la llegada de la primavera. Pero no sería la primera vez que una bombucha devenida en bombacha caería presa de lo que se conoce como falsa ilusión o ilusión óptica, ya que lo que intentó montar no era efectivamente un caballo blanco sin montura sino que se trataba de una vieja escoba al estilo del vehículo de Cachabacha. Al percibir esto se decepcionó de tal manera que entró en depresión profunda y dejó de pensarse bombacha para considerarse apenas bombilla y pasó a habitar uno de los mates del caserón, el que se usaba para reuniones de amigos. Esta vez, la bombilla del mate ya no participa de las charlas, más allá de que alguno de los partícipes de la ronda que se demorara con pasar el mate y, a su vez, otros le recriminaran si le “está enseñando a hablar”, la bombilla parece no estar interesada y hay quien dice que ya estaría repensando en variar su condición ( o la creencia de la misma ), y hasta aseguran que la pobre ya se cree bombita eléctrica y bomba mediática a la vez.

Pinceladas VIII

¿Queda alguien en Punta Alta que recuerde cuándo se le cambió el sentido a las palabras? Tengo un mundo de sensaciones que te quiero regalar, pero no es un mundo, es un cúmulo, como cada persona. La publicidad lo decía como bondad, porque así se lo suele creer, para no considerar la posibilidad de fraude. Es más sencillo la pasividad de aceptar el engaño que el rol activo de considerarlo. La palabra mundo se refiere al todo, pero ahora sólo se suele utilizar para designar un conjunto, el cual es un reducto. Entre esas cavilaciones andaba cuando llegué al reducto laboral y me vi rodeado de cúmulos, cada uno en su mundo vacío. Pero cada tanto, el hechizo se rompía y nos encontrábamos en el mundo, tal vez por alguna gracia que nos hacía reír o un sentimiento añejo que nos despertaba en la unidad de esa realidad. La única. Pero eso duraba poco y las espacios que separaban unos cúmulos de otros eran abismos en el tiempo que procurábamos cruzar con la cordialidad del ambiente laboral. Aunque sólo era en nuestra imaginación donde estos cúmulos tenían lugar y no en la realidad donde nada nos separaba. Más abajo, estoy separado de mis compañeros por algunas paredes o vidrios cubiertos con cortinas que le dan cierta privacidad a las actividades de cada uno. Pero a mi lado, sin paredes ni cortinas que separen los ambientes está Marisa, que cada tanto baja de su nube y me dibuja una sonrisa. Entonces, le retribuyo con pinceladas de caricias que no ensayé, pero igual la alegran, sin preguntar si fue improvisación pura o espontaneidad natural y me ofrece un café. Acepto sin condiciones y me envuelve una nube de sentimientos mientras la veo alejarse por el pasillo. Después llueven lágrimas y algún sudor por la frente, que seco con el pañuelo bordado, y ahí me doy cuenta que el aire acondicionado no está funcionando. Llamo al encargado del mantenimiento para comunicarle el desperfecto, pero me da ocupado. Me levanto para ir al baño y la silla se me queda pegada en el pantalón. Estimo que ha sido otra broma de Abel. Camino con la silla a cuestas por el pasillo y escucho una carcajada cuando paso por su oficina. Sin dudas fue él, pero no me detengo pues el baño me está esperando impaciente. Al entrar, trabo la puerta con el pasador y me saco el pantalón con silla dejándolos en el piso. Cuando me doy vuelta, quiero levantar la tapa del inodoro y observo que está pegada al mismo. Busco los tornillos de plástico en la parte de atrás, se los quito y con toda la fuerza arranco la tapa. Después, al pantalón no logro despegarlo de la silla ni viceversa, por lo que me lo coloco con silla y camino hasta la oficina de Abel. Él se recuesta sobre la silla en la que está sentado y la hace girar con aires de triunfo dando vueltas sin detenerse ni brindarme una solución. Bajo las escaleras de entrada con la silla a cuestas ante la risa contenida de algunos curiosos y, al llegar al estacionamiento, me quito pantalón y silla para subir al auto, dejándolos en el asiento trasero. En algún tramo del trayecto a casa, hay un control policial y me veo obligado a detenerme. Una mujer policía me pide la documentación y, al verme en calzoncillos, me pide que descienda del vehículo. Trato de narrarle lo ocurrido, pero no me cree, a pesar de que intento mostrarle la silla detrás. Enseguida, me pide que sople sobre una boquilla de plástico. Pero cuando estoy por soplar, estornudo sobre el uniforme de la agente, quien se ve ofendida y molesta al ver la excreción en su vestimenta y, en un rapto de asombrosa destreza y potencia, me esposa y me sube al patrullero sin que pudiera ofrecer resistencia. La lluvia torrencial que cae mientras viajamos hasta la comisaría me da la sensación de que bajo ese manto de nubes los cúmulos que nos separan se disgregan y se conforman en aquél, pero al llegar, entre dos oficiales, me dejan en un vetusto calabozo confirmando la separación. ¿De qué se me acusa, oficial?, le pregunto. Ebriedad y resistencia a la autoridad, me dice antes de alejarse y dejarme en la soledad del mundo y alejado de otros nubarrones.

Casi

todo está mal.
Los árboles son la excepción
la regla es la deforestación
de la naturaleza más pura
como así también de la cultura.
Los buzos rotos están mal cosidos
los miserables están mal paridos
la intención está mal camuflada
la contaminación está mal disimulada
la estupidez está mal publicitada
la propaganda está mal concebida
la conciencia está mal comprendida
los pulóveres están mal tejidos
los matamoscas me tienen podrido
los dirigentes me da igual.

Las canciones están mal cantadas
los hechos están mal contados
los cuentos están mal leídos
las mentiras están mal narradas
las falacias están mal envasadas
y los soretes están mal cocidos.

Los dibujos están mal pintados
las poesías mal recitadas
las uñas están mal cortadas
las cabezas están mal peinadas
los huevos están mal rascados
y los loros están mal hablados.

Las comidas mal masticadas
las personas están mal pensadas
las frases están mal escritas
y ni hablemos de las papas fritas.

Los planetas están mal nombrados
los nombres están mal llamados
las llamadas están mal marcadas
y las marcas mal registradas.

Los sentidos están mal tratados
los tratados mal redactados
los flujos están mal encauzados
los calzones mal confeccionados
los pensamientos mal encaminados
los caminos mal señalizados
las señas mal interpretadas
las palabras mal utilizadas.

Las semillas están mal sembradas
las tierras están mal labradas
las yerbas están mal del mate
y la cordura está de remate.

Las preguntas están mal formuladas
las mascotas mal alimentadas
las familias mal comunicadas
los consumidores mal informados
los productores están mal parados
y los maestros mal educados.

También está mal el exceso de sal.
Las discográficas están mal orientadas
la música mal escuchada
las fotografías mal enfocadas
las redes mal entrazadas
los refranes están mal dichos
los castigos mal legalizados
los poetas están mal vistos
y los crápulas mal bichos.
Los escritores están francamente mal.

Las casas están mal de entrada
las calles mal asfaltadas
las ciudades mal iluminadas
las fortunas mal acumuladas
la basura está mal repartida
las migajas mal distribuidas
los doctores están mal pagados
los enfermos mal acompañados
los tiempos mal cronometrados
y los naipes están mal barajados.

Los actores (tienen) malos repertorios
las películas malos augurios
los augurios malos guiones
los conciertos malos preludios
los programas malos estudios
los estudiantes malos programas
los cuadros malas exposiciones
las exposiciones malas conclusiones
las novelas tienen malos dramas
los dramas malas actuaciones
las actuaciones malas filmaciones
las filmaciones malas direcciones
las directivas malas perspectivas
las perspectivas malas percepciones
las percepciones están mal observadas
las observaciones mal diagramadas
los diagramas
parecen estrofas
las estrofas
se van por las ramas.
Pero hay algo seguro
el arte tiene futuro
indudablemente promisorio.

Y se irán

Pensamientos imprevistos se acercan hacia mí
sobrevuelan mis ideas y confunden mi pensar.
¿De dónde vienen estas oscuras golondrinas
cuando cambia la estación? Es seguro volverán
son algo vertiginosas, por aquí no anidarán
rondarán los sentimientos al doblar la esquina,
y en dicho sobrevuelo harán mi cabeza tensar,
mas después se alejarán, por un rato les temí.

Cuando las veo volar en mi oscuridad y ruinas
pienso que traerán magras novedades al pasar
luego sé que es poco más de lo que algún día vi
porque a tientas supe andar, por ese camino fui
entonces puedo esperar, la luz vuelve a regresar
solitas se marcharán, las oscuras golondrinas.

 

Del olvido

Calma al amanecer despejado
brilla el sol tibio sobre el tejado,
qué será de la noche inoportuna
ha quedado olvidada con la luna
entre estrellas de luz y de esperanza
en el cuadro celeste hacen su danza.

Pero el día se anticipa fervoroso
tras ese buen renovador reposo
hace olvidar el mundo de momento
todo mal, todo pesar, todo tormento
y la calma se parece al optimismo
al saber que abajo quedó un abismo.

Y te elevas con los brazos hacia el cielo
infinito bondadoso, tan paciente verdadero
donde brota el amor inconmensurable
por sentir, por amar, vivir lo perdurable
porque a veces el olvido es el perdón
y olvidar es un alivio a la tensión.

No todo cambio se gesta por decisión
hay algunos imperceptibles sin opción
cuando a tientas ya madura el corazón
que explicarlo no encuentra una razón
cómo algo nuestro ha venido a perecer
y eso muchos tienden a llamarlo crecer.

No por mucho recordar el mal obrar
lograremos a una solución llegar
pero puede una reflexión persistir
que le otorgue sentimiento a este vivir
pues abiertos a una nueva dimensión
obraremos tal como una bendición.

Decálogo para el lector posmoderno

1-En cada palabra que lea imagine un concepto alternativo que podría reemplazarlo hasta alcanzar la satisfacción que el texto no brinda.
2-En literatura el orden de los factores altera el producto, por lo que un texto se puede leer de infinitas maneras brindando resultados diferentes en cada ocasión, enriqueciéndolo a pesar de su aparente pobreza.
3-Saltéese los párrafos aburridos y deje su lectura para cuando se crea merecedor de semejante castigo.
4-Si un texto no le dice nada su lectura ha sido exitosa, pero si le busca la vuelta algo que no dice le terminará diciendo.
5-Comprender lo que un texto dice es una práctica en desuso, muerta. No se moleste en intentar resucitarla o el que quedará en desuso será usted.
6-A las palabras que desconoce deles provisoriamente el significado que usted desee, que será el que terminará utilizando durante el resto de su presencia en el éter, sin que nadie venga a rectificárselo.
7-Si la lectura lo ha llevado por diferentes mundos, usted se distrajo de la lectura arrastrado por los términos utilizados en el texto.
8-Relea todo aquello que simplemente entendió sin mediar inconvenientes hasta que piense que en verdad lo entendió, así sabrá que no ha entendido pero podrá decir sin culpas que lo entendió, descartando todo aquello que lo haga reflexionar.
9-Si un texto se revela per se, el escritor ha estado ausente. Felicítelo por haberlo permitido pero no tanto como para que se lo adjudique como un logro.
10-Lea hasta que descubra que usted es el último lector verdadero del cosmos. A partir de allí, escribirá lo más bello que se ha escrito hasta aquí para su propio deleite. Regocíjese.

El buen hombre

El buen hombre coincide
en su muerte con el mal;
hasta aquí novedad no hay
ya lo sabe cualquier pibe.

Lo curioso de este asunto
es el interín llamado vida
el buen hombre no pregunto
se distingue con su salida.

Salida de las situaciones
de problemas, malentendidos
clarificando las confusiones
enseñando a los confundidos.

Será también que interviene
con su palabra sincera
será que ella lo sostiene
con la verdad verdadera.

Pues el buen hombre conoce
de la existencia sus roces,
de las penas y los dolores
conoce a sus promotores.

Entonces lleva el sentido
que vive en su realidad
brindarle a cada afligido
tanto paz como felicidad.

Lluvia insolente

Lluvia persistente
lluvia intempestiva
lluvia tan insolente
lluvia incomprensiva.

Agua sobre la acera
agua sobre el cemento
agua en el pavimento
agua que trae goteras.

Goteras en el techo
goteras sobre el colchón
goteras en el lecho
goteras en mi corazón.

La humedad de los martes

La lluvia de los últimos días había humedecido mis ideas y el pensamiento era una suerte de pantano donde todo terminaba mezclándose en una amalgama de barro y agua, lluvia que prometía continuar este martes para beneplácito de los nostálgicos. Los techos del barrio habían sido castigados con abundante agua llenando las canaletas con ramas y hojas de árboles que sufrían los intempestivos vientos de un noviembre álgido que acariciaba el final de su primera quincena con displicencia. En casa se observaba orden, a excepción de la biblioteca donde siempre se vislumbraba una revolución o al menos era lo que delataba la disposición de los libros y mi mala predisposición a darle un aspecto de pulcritud. La condición de un buen libro, y de todo buen cuento ( y subiendo por las escalinatas que conducen a la divinidad celestial: de toda buena poesía ), era que tenía que mover el piso donde el lector, hoy devenido en espectador, se sentaba a contemplar la realidad con ficción. Y por ese motivo los libros que además de estar vivos y revolucionan al lector como la observación de una delicada mariposa sobre el jazmín del jardín de la casa paterna o del chimango que paciente espera el momento oportuno para llevarse el cadáver de una rata sobre el pavimento, tienden a abrir puertas a nuevas, o desconocidas, dimensiones de la existencia que permanecían ocultas al mismo por cortinas de humo. O tal vez de humedad, cortinas de humedad gestadas por la citada lluvia que otra vez volvía a caer sobre la ciudad. Pensé en mi padre y recordé un cuento que siempre me contaba para poder dormir placenteramente. Era un cuento feliz y hacía unos pocos días me había enterado que no era el único al que se lo contaba, lo cual me sorprendió pero no me dio celos, sino alegría. Darle algo a alguien era brindarle la posibilidad de la felicidad. Un amigo me decía algo parecido en cuanto a la crianza de los perros: dale algo para hacer y se sentirán bien. Nosotros también nos sentimos bien cuando hacemos algo por los demás, nos olvidamos por un momento de nosotros mismos con algún quehacer, alguna ocupación, y en esa distracción hay una suerte de placer inmaterial. Mi padre, que en este momento estaría aburrido sentado frente al ventanal, dejando correr los pensamientos que tendían a un pasado lleno de emociones y sentimientos que dejaron huellas. Se me ocurrió pedirle algunos libros que habían quedado en su casa, por lo que le escribí para que me busque esos libros de Coelho que allí nadie iba a leer. La idea de que el Universo conspiraba me había creado una especie de desvarío que había incendiado mis ideas al punto de olvidar las matemáticas que tanto me habían costado aprender, fuego que sólo apagaban los días lluviosos. Y en este día lluvioso, una casa despelotada como la de mi padre, buscar algunos libros llenos de polvo y humedad era un buen pasatiempo que le permitiría evadir la melancolía. A veces hacemos cosas para sentirnos bien y hacer sentir bien a otros nos devuelve el bienestar como un búmerang. Mi padre no me respondió. Las horas pasaron y la persistente y fina lluvia redundaba. Esos libros no me interesaban como a millones de lectores diseminados por todo el mundo ávidos de su lectura por lo que pensaba venderlos y comprar con ese dinero alguno que fuera de mi agrado, como uno de Ray Bradbury que tenía en la lista de los próximos a adquirir. Mientras preparaba el mate y el ambiente para continuar la lectura de la novela que me había regalado mi hija me llegó un mensaje al celular que me dejó helado:

-“La boluda de Veronica decide cagarse muriendo” encontré, creo que se llama así.

El humor de mi padre siempre me dejaba alguna moraleja y la lluvia de este martes me recordaba que vivir es una buena idea a pesar de la humedad.

 

Diálogo crucial

-¿Creés en la evolución?
-Si, desde ya. Todo cambia y nada permanece idéntico, y en ese movimiento hacia adelante existe una suerte de evolución.
-¿Creés en la revolución?
-Si, desde ya. Todo cambia y no hay sociedad que permanezca idéntica, y ese movimiento tiende hacia adelante en una suerte de revolución.
-¿Creés en la devolución?
-Si, desde ya. Todo cambia de manos y nada permanece en las mismas perpetuamente, y ese movimiento tiende a volver a la fuente para su devolución.
-¿Creés en la resolución?
-Si, desde ya. Todo cambia y ningún problema permanece idéntico, y en ese movimiento vertiginoso se vislumbra la resolución.

Una canción que no hable de amor

Una canción que no hable de amor
que no invite a coger en la cama
en el techo de un auto sin pijama
que sirva para apagar el calefactor
canción que puede ser un reggaetón
tango o rock que cante una dama
que ponga nervioso al Dalai Lama
que conmueva con su composición.

Una canción que amanse las fieras
que apacigüe la confrontación
que no enerve pasiones arteras
vivificando el sol en la canción
y nos lleve a entrar en sintonía
de una misma total humanidad
que nos dé de comer la verdad
que favorezca vivir en armonía.

Una canción para que celebremos
el corazón de la natividad
lo excelso en la festividad
canción que todos escuchemos
que transforme nuestra realidad
más allá de un placer pasajero
que nos toque el mensaje certero
de vivir en la autenticidad.

Castillos de opiniones

En castillos de opiniones
adornados con prejuicios
decorados de emociones
pintados con mil juicios
les faltaban eslabones
que describan los vicios.

Marionetas a montones
cien figuras y siluetas
festival de sensaciones
caras, rostros y caretas
celebraban muy glotones
felicidades sin recetas.

Fastuosas construcciones
que albergaban señoritas
replicaban las canciones
que entonaban vocecitas
repitiendo las nociones
de ideologías marchitas.

Otros tiempos de jirones
mendigando en callecitas
y también en callejones
esperando que fortuitas
esperanzas, remendones
les obsequien las visitas.

Pero eran días amargos
plagados de emoticones
que te sacan de letargos
cuando penás en rincones
sólo llegan por encargo
pálidas ensoñaciones.

Endereza tu camino

Amigo, endereza tu camino
tu andar veloz de peregrino
observa bien con atención
el movimiento, la intención
no sólo es cuestión de llegar
sino además, sabes, de pasar,
dicen: pasar abriendo caminos,
que morigeren los destinos.

Porque un recto transitar
nos da la calma al pasar
de haber obrado para bien
aún no sepamos en quién
recaerá nuestra ofrenda,
si saldásemos la cuenta
de nuestro balance vital
en el equilibrio universal.

Endereza tu camino, amigo
crece en amor al estar vivo
por la vida, por tu gente
por tu obrar irreverente,
convéncete en gratitud
que florezca tu actitud
de embellecer el camino
tender la mano, peregrino.

Porque al obrar certero
verás también verdadero
que eso te llena de gozo
en un andar armonioso.
La luna siempre te guía
por eso a veces te fías
y si tu camino enderezas
andarás bien con certeza.

Fotografía: Leandro Coca

Historias ínfimas elementales

Margarita vivía en una burbujita coloreada por la luminosidad. Como estaba compuesta de agua y aire, tenía lo elemental para subsistir. Sin embargo, al carecer de tierra, no logró desarrollarse y se marchitó prematuramente.

Patito nadaba en el barrito todas las mañanas. Su cuerpecito estaba cubierto de tierra y agua, por lo que pocos lo reconocían, salvo cuando había buena iluminación. No obstante, el fuego nunca lograba encender su cabecita roja embarrada.

Pollito volaba bajo el solcito entre la tierra y el cielo con el soplar del viento. Cuando tenía sed, descendía a algún charquito y bebía hasta colmarse. Después esperaba que el viento lo levante por el aire nuevamente. Tenía la piel algo chamuscada por haber caído un día sobre una parrilla.

Rosita creció en tierra firme entre piedras luego de un incendio propiciado por un viento estival. Mientras purificaba el aire, cantaba todas las tardes hasta entrar en sueñito profundo. Un día llovió tanto, tanto, que estuvo a punto de ahogarse.

Estrellita caminaba sobre el barro y ascendía por el mar en una danza singular, tomando aire en cada movimiento de caderitas que se apreciaba a plena luz del día cuando se acercaba a la superficie. Un día se asomó, vio un barco prendido fuego y del susto se fue hasta la orilla, donde la encontró un turista cuando se secó.

Tras la tormenta

Salió el sol al fin, tras la tormenta
dulce mañana que ( ya ves ) es hoy
a todo esto de decir soy quien soy
alma que no replica ninguna afrenta.

Palabras que suenan tan alegremente
aunque duras algunas, traen cordura
de escuchar atento de una boca pura
corazón se enciende resplandeciente.

Porque no existe, vida, luz sin sombras
ni en la penumbra, ni en las tinieblas,
haz de esperanza cuando me hablas
y fe profunda cuando me nombras.

Una palabra libre soltada al viento
busca encontrarse con tu presencia
que la recojas, vida, con displicencia
cuando el eco al decirla a ti te siento.

A veces iluminas cual un simple farol
en otras, de la galaxia, eres epicentro
ambas propician el supremo encuentro,
hoy tras la tormenta, al fin, salió el sol.

Fotografía: Leandro Coca

La vida pasa

Pienso en vos, día y noche,
la vida pasando en coche,
por eso llená el tazón
y tu alma con mi corazón.

No olvides que a ti te espero
cantando un blus duradero,
y si tienes una idea fija,
traé camarón, tengo lija.

Yo no busco ser grosero,
le canto al amor verdadero:
al de madre, tierra y buen vino,
es que el amor es divino.
Así es, tu luz no se apaga,
pero esta poesía se acaba.

Fotografía: Jorge Guardia

Ser y estar

Ser y no ser
Estar, con pesar
Estar liviano de cargas
Ser algo para otros
Ser alguien para pocos
Estar a pesar de
Estar líbido despierto
Ser y aparecer
Ser y aparentar ser
Estar vivo al pasar
Estar muerto al rodar
Ser dormido con sueños
Ser y sueños de no ser.
Estar alerta vital
Estar vivo al soplar.

Fotografía: Leandro Coca

Elección

-Te había pedido que lo lleves a deporte, ¿Te olvidaste o qué fue lo que pasó?
-Se me hizo tarde, disculpá. -le respondió Eduardo, y añadió- Es que ayer tuve una noche complicada, y me quedé dormido.
-Durmiendo, querrás decir. No podés olvidar que es tu hijo, aunque a veces quisieras disimularlo. -dijo ella.
-No seas tan dramática, es sólo una jornada de deporte la que perdió. De alguna forma, te compensaré.
-No es conmigo con quien estás en deuda y bien lo sabés. Siento que a veces querés llevar el asunto a un terreno diferente. Discúlpate vos con el niño. Veremos qué opina. Sabés que ama practicar deportes. -le dijo ella y cortó la comunicación.

Ni siquiera me dejó decir adiós, pensaba Eduardo, con el tiempo se ha vuelto más ofensiva de lo que solía ser.

Esa misma tarde, Eduardo fue a ver su hijo, quien lo abrazó al verlo llegar.
– Hola, hijo, ¿cómo estás?.
– Bien, papi, ¿qué te pasó hoy que no me llevaste a practicar deporte? -preguntó el pequeño.
– Perdoname, hijo. Estuve trabajando hasta muy tarde y me quedé dormido, por eso no he podido venir por ti.
– ¿Es cierto eso que dice mamá, que estuviste con una mujer toda la noche? -preguntó el chico con cierta desconfianza hacia las palabras de su madre.
– No, bueno… tu madre no me quiere demasiado, ¿sabés? Es por eso que cada vez que puede me difama. No debés preocuparte por ello, ¿está bien?
– Si. -interrumpió el pequeño.
– A veces discutimos porque entre nosotros hay una separación que a es muy difícil subsanar, pero no es así contigo, ¿entiendes? -dijo Eduardo.
– Sí, papi. Papi…
– ¿Qué hijo? Decime.
– ¿Qué quiere decir difamar? -inquirió con curiosidad el chico.
– Difamar es hacer perder la buena fama de uno. Cuando tu madre habla cosas feas de mi, es lo que intenta hacer conmigo, difamarme.
– Ah… pero mamá difama siempre, y no sólo a ti. Ayer dijo que la señora del almacén, Mirta, es una vieja ladrona. Eso es difamar, ¿verdad?
– Sí, aunque también se podría ver como un llano insulto, hijo. Mirá, no te preocupes. Tu madre tiene sus problemas y, como todo ser en edad adulta, los lleva adelante como puede, con lo mejor de sí. Bueno, decime, ¿cómo querés que te compense mi falta de hoy? Te doy dos opciones: podemos ir al cine esta noche o podemos ir a ver el partido el sábado. Bien, ¿qué decidís?
– Ummm… es difícil… creo que prefiero ir al cine a esta noche. -dijo el pequeño.
– Mirá que el partido del sábado es quizá, el más importante del semestre. -le dijo Eduardo, persuadiéndolo.
– Sí, papi, tenés razón. El partido del sábado puede ser importante, pero hoy es más importante para mí pasar un rato con vos esta noche.
– Bien, hijo. Entonces iremos al cine esta noche y también iremos el sábado a ver ese partido. -dijo Eduardo.
– ¡Gracias pa! ¡Qué bueno! No lo puedo creer. Iré a contarle a mamá. -dijo el chico y entró corriendo a la casa.

Al rato, salió la mamá del muchacho. No estaba contenta por el mismo. Lo apenaba la idea de que su padre le fallara nuevamente. Salió a hablarle:
– Mira, Eduardo. Esto es importante para él. Si creés que no podés cumplir con lo que le dijiste, mejor que ni te aparezcas. Me duele verlo apenado. Se hace muchas ilusiones con vos. No hace falta que le falles como lo hiciste conmigo.
– Cumpliré con lo pactado. Aprendé a perdonar, te hará bien a vos misma. -dijo Eduardo.
– ¿Qué sabes de eso, que no has perdonado mi falta? -le dijo ella.
– Ya te he dicho mil veces hasta el cansancio que te he perdonado. Pero no podés pretender que después de dicha falta a nuestra fidelidad continuemos juntos. Entendelo.
– No era necesario separarnos. Fuiste cruel. Sobre todo con el chico.
– No confundas las cosas. Juntas tienden a parecer otras que no son. El muchacho está creciendo sano y suficientemente feliz. Eso no es poco, hoy en día. Y si así lo creés, provéele otras bondades. -le dijo Eduardo.
– Está bien, no quiero discutir, ¿a qué hora venís por él?
– Ocho y media estoy acá.
– Te estará esperando. -le dijo ella y entró a la casa.
Eduardo se fue de allí y regresó puntalmente, como había predicho. Allí lo recibió el pequeño, que estaba vestido impecablemente, bien peinado por su madre y perfumado. Eduardo lo tomó en sus brazos cuando lo vio y el chico lo abrazó fuertemente. Se despidió de su madre y se fueron.
Ya en el cine, mientras esperaban el comienzo de la película, conversaban:
– Qué lástima que mamá no haya podido venir con nosotros…
– Sí, es verdad, hijo. Es una pena.
– Qué bien que la pasamos los tres. ¿Te acordás cuando fuimos al acuario?, ¿Dónde era? -preguntó el chico.
– San Clemente, hijo. Lo recuerdo muy bien. Tu madre parecía feliz con nosotros.
– Ahora no parece feliz, quizá es porque vos no estás, papi.
– Puede ser, hijo, puede ser. Mira, ¡ahí empieza la película! -dijo Eduardo.
– Dame la mano, papi. ¡Espero que no sea de miedo!
– No lo es. Vas a ver que la vamos a disfrutar. -dijo Eduardo tomando a su hijo de la mano.

*Fotografía: Leandro Coca

La conquista

La noche se acerca rotunda
en silencio te habla, profunda,
la luz de una estrella te excita
brincando tu cuore palpita.

Se funde el alma en la penumbra
la luna te sigue y alumbra,
la mente se calma, reposa,
se duerme cansada la rosa.

Despeja de nubes el cielo
el viento tras levantar vuelo,
un ave nocturna divaga
tu herida conviértese en llaga.

Observas así el firmamento
trocada tu pena en lamento
ahora es olvido lejano
vacía ha quedado tu mano.

Arrojadas todas las piedras
desnuda estabas en la hierba,
la vida pasa y no detiene
su andar, aunque no va ni viene.

Es ella, busca conquistarte
y a veces conviértese en arte
proverbial, elocuente, elegante,
sublime, sagaz, no pedante.

Susurra al oído bajito
te habla de lo bello y bonito
maravillas de la creación
un tucán o una linda canción.

Y encuentran cierta resistencia,
aceptando en tremenda paciencia
que algún día serán reconocidas
por quienes malgastan sus vidas.

Son obras que no forman parte
del temor que a ti suele azotarte,
ellas son piezas de libertad
que cuestionan vuestra realidad.

Como lunas nunca te rechazan,
más bien ellas siempre te abrazan
te invitan a pensar o lo intentes
que al pasar por aquí no lamentes.

Un recuerdo no escrito te acerca
prestale atención, no seas terca,
te eleva a alturas soñadas
te lleva verdades impensadas.

Él dice debes conocer
lo amable y profundo de ser
paciente, tranquila, rebusca
de tu corazón que se luzca.

Pues todo pasa y nada queda
ni esta poesía aunque pueda,
como esta noche fue pasando
ahí viene el sol asomando.

*Fotografía: Leandro Coca

Poderoso

Y en ese instante, en el que se extendió el beso, el tiempo se detuvo: los trenes chirriaron estridentes frenadas, los aviones quedaron suspendidos en el aire, las niñas paralizadas a medio saltar, los planetas detuvieron sus órbitas, quienes descargaban mercadería la sostuvieron inmóviles y las radios y canales de televisión emitían un eco. Los dioses, en las alturas, pensaron con atino: ¡chocamos! Mas no; ellos despegaron sus labios y se miraron con cariño. El mundo continuaría girando sin que siquiera sospechen del poder de ese amor.

Vivencias

Sufrir puede ser poesía
llorar puede ser de alegría
gozar puede traer dolor
vivir puede ser en color.

No todo será sufrimiento
aunque escuches su lamento
pues de todo lo penoso
surge algo que es valioso.

Aprender de los errores
si ajenos serán mejores
pues aquellas experiencias
son también vuestras vivencias.

A no dudar, que el dolor
siempre te deja el sabor
de haber purgado tu pena
un bálsamo a tu condena.

Pues no sólo lleno de gozo
vibra en su calabozo
el dolor así purgado
es un trance superado.

Como toda desazón
se va y deja su razón
maduro así el corazón
logrando en él su sazón.

El gozo será primero
efímero, aunque ligero
dejando una sensación
reclamando repetición.

En ella se aprenden cosas
ingratas, son vanidosas
de flores, las más hermosas
sin dudas serán las rosas.

Entre ellas y jazmines
se perfuman los jardines
tienen su encanto y olor
que le dan vida y color.

A una conciencia serena
libre ya de cualquier pena
que apague como un hechizo
lo que la vida no quiso.

Ella se brinda armoniosa
tiene su magia, es vistosa
luce en la flor, en la rosa
en la luna y la mariposa.

En la paz a la mañana
y a tras luz en la ventana
cuando pasa caminando
la belleza, así, danzando.

Sufrir puede ser sin motivo
llorar puede ser despedida
gozar puede ser efectivo
vivirla puede ser vivida.

Simpatía por el dinamismo

Simpáticas marionetas del imperialismo
que expresáis devoción y fanatismo
por limones apostáis al capitalismo
que ha brindao confort y dinamismo.

Vuestros ojos se han cegao al virtuosismo
y aplaudís tristemente el exitismo
entre idiotas brilla algún favoritismo
de reñir en la butaca del mercantilismo.

Comerciáis puerilmente individualismo
con frases que enunciáis con erotismo
no sabéis que al promover el egoísmo
suscitando con ahínco el infantilismo
de sentir que todo es más de lo mismo
propiciaréis en la gente el humanismo .

De viaje

Me aburre siempre lo mismo
Normal me parece el exotismo
Lo raro no me da desconfianza
Lo extraño sugiere añoranza;
Todo es igual, nada difiere
Un plano existencial prefiere
No distinguir entre esto y aquello
Como si lo real dejara allí su sello.
Decí que mantengo el aseo
Mi alma se fue de paseo.

Las horas muertas

Es tiempo sin sabor
Un dibujo sin color
Una flor sin aroma
Niño que no asoma
al mundo, a la vida.
Pendiente sin subida
Acontecer desabrido
Un músico desconocido
Un cuadro descolorido
Un poema sin sentido
Un verso que no cierra
Es el ruido de una sierra
Que no corta la madera,
Es una célebre espera.
Así, las horas muertas
que parecieran no pasar
son las únicas ciertas
que nos regala el azar.

Luminoso es el camino

En momentos de incertidumbre
primordial es ver los problemas
de frente, con luz, y los dilemas
crear claridad que a ti te alumbre.

Pues las sombras nos confunden
se entremezclan, se transforman
otras cosas engorrosas así forman
y entredichos sonoros las difunden.

Aunque iluminado es recto diferente
si se observa bien con mirada curiosa
nadie ve en la espina rosa indiferente.

Luminoso es el camino que te lleva
al cruzar en las oscuras pedregosas
calles donde tu noble alma se eleva.

Desaliñada

Se gestaban los albores de una nueva religión, cuando Maira no quiso saber nada del asunto y se marchó llorando desconsolada. Otra vez, su amiga le decía que habían fallado. De repente recibió una llamada inesperada:
– Te estoy esperando en Güemes y Torrevieja. Café Cómo. Me habías dicho que ibas a estar acá, ¿querés que te vaya a buscar? Te espero o muero en el intento.
Paró un taxi y éste no detuvo su marcha. Probó suerte con los siguientes, pero los choferes parecían ignorarla sistemáticamente. Era tal vez su aspecto lo que producía cierto rechazo en ellos. Tal es así, que uno de ellos paró pero seguidamente retomó su marcha sin cargar con sus huesos. Finalmente, un taxi se detuvo y la levantó del pavimento.
– Lo más rápido posible. Güemes y Torrevieja, por favor.
El chofer hizo un gesto de aprobación con la cabeza. Sin embargo, no tenía la menor idea de cómo llegar hasta el lugar solicitado. Tomó la avenida y cruzó el parque. Maira advirtió el movimiento y se lo reprochó instintivamente.
– ¡Oiga! ¿A dónde va?
– ¡Perdón! Creí que había dicho Güiraldes. Disculpe mi confusión. Hace dieciséis horas que estoy arriba de esta lata de atún. –dijo el chofer.
Giró en u cuando tuvo ocasión y regresó tras las huellas del vehículo. De su cabeza brotaban diminutas gotas de sudor que, en caso de ser advertidas, mostrarían su elevada tensión al pasajero de ese momento. Al llegar a una esquina, le preguntó a Maira distendido, buscando aprobación.
– Esta es, ¿no?
– Si toma por esta después va a tener que pasar Zúñiga, antes de toparse con Senegal. Si llega hasta el callejón quién lo saca…
El chofer asintió, continuando por la calle que venía. Su desconcierto era tal, que se le trenzaban las ideas en su cabeza por lo que fingió un dolor en el pecho y estacionó a un costado. Maira se ofreció a llamarle una ambulancia, pero el chofer dijo que se recompondría rápidamente. Sin embargo, le pidió que no lo espere para continuar su camino, pues se tomaría el resto del día. Así fue que Maira intentó detener otro taxi, pero no tuvo la suerte de que alguno de ellos se detenga. Caminó algunas cuadras en dirección opuesta a la puesta del sol y realizó una apuesta de lotería luego de pasar por un puesto de diarios y revistas mal puesto atendido por un tipo apuesto y, puesto que olvidó el nombre de la revista que deseaba adquirir, compró otra propuesta por dicho sujeto del puesto, y adquirió, además, un tornillo en una casa de repuestos que se lo llevó puesto.
Cansada y sin saldo a favor en su teléfono celular, se fue hasta la parada de colectivos más cercana a esperar. Recibe una llamada.
– ¿Vas a venir o me mando a mudar?
– ¡Enfermo! –dijo Maira, cortando la comunicación.
Pasó el colectivo que la llevaría hasta su casa y ella se subió. Un muchacho aturdía a todos con música en su celular. Maira le pidió si podía bajar el volumen del mismo y el joven aceptó de muy mala gana. Tal es así, que a los pocos segundos volvió a subir el volumen, inclusive más aún de lo que estaba en el principio narrado para fastidio de todos. Excepto el propio.
Maira se bajó cuando llegó a la parada cercana a su casa. Distaba a unos doscientos treinta metros de la misma. Mientras caminaba observó que sobre un árbol colgaban un par de medias de nylon que no llamaron su atención aunque lo intentaron. Al llegar, la estaba esperando.
– Otra vez me dejaste plantado ¿Se puede saber qué tenés en la cabeza?
– Aserrín. –le respondió Maira.
– Me podrías haber avisado que no ibas. No tenías impedimento alguno. Un llamado y problema solucionado. ¿Tenés idea cuánto me tuvo esa silla encima? Bueno, me vas a contar qué te pasó o adivino.
– Adiviná.
– Nadie te quiso llevar.
– ¿Viste que no era difícil?
Maira dio media vuelta y salió corriendo por donde había venido. Nadie la siguió. Cuando notó esto, aminoró la marcha y al pasar por el templo entró sin dudarlo. Apareció delante de ella un hombre que le pidió se retire, por favor, pues alegaba que nada podían hacer ya con semejante desaliño.

El cielo paciente

La noche, apacible, cae dormida;
La luna oculta en su fase la sonrisa,
Una estrella displicente sueña
que abajo las luces fugaces
le cumplen tres deseos anhelados.
El cielo observa todo, ferviente,
esperando que el espectáculo
nocturno irreverente ecléctico
cambie su ecuanimidad abyecta
por el ajetreo diurno cotidiano.

*Fotografía: Leandro Coca

La plaza

No hay ciudad que no conozca
el llanto, la angustia ni el tedio
ni plaza céntrica que no luzca
vanagloria en mandato del medio.

El gentío allí se amuchedumbra
a conversar de los niños sus juegos
la farola de noche le alumbra
el andar zigzagueante a los ciegos.

Ni la luna que tanto me llama
nos invita a dormir en su cama
ni la estrella fortuita declara
que su manto celeste la ampara.

Las palomas ya no comen tanto
sus jubilados buscan otro encanto
como darle placer a los nietos
y que aprendan saberes discretos.

Vigilada hasta la medianoche
conectada con cámaras nuevas
forman charcos que dejan los coches
los triciclos el día que llueva.

Fotos solas, también de los niños
fotos viejas que muestran los cambios
fotos riendo, corriendo y desaliños
fotos de estatuas no tienen recambio.

Todo el mundo pasa por la plaza
si va o viene no tiene importancia
por la plaza que es como una casa
bajo el cielo y llena de fragancia.

Horizonte

Aprendiendo a vivir
De instante en instante
Día a día a resistir
Vencer el ritmo vacilante
Frenar, seguir, insistir
Recrearse, subsistir
Sentir el flujo cambiante
Adaptarse, convivir
Como vertiente fluir
( Valga lo redundante )
Y otra vez resurgir.
Aunque se crea distante:
Ir presente, persistir.

Fotografía: Leandro Coca

Escribir

Me voy a sentar a escribir
para no tener que sucumbir
ante la corrosiva sociedad
que te desgrana sin piedad;
escribir o en el intento morir
en el final esbozar un decir.

Con la antorcha de lo veraz
escribir, descifrar perspicaz
en resabios de comunicación
ofrendar al lector sensación
verbo apalabrado contumaz
sostén de la cordura sagaz.

No quedará dicho rezagado
que al escribir tan porfiado
caiga presa de algún vicio
simiente en su sano juicio
que por vivir ha rechazado
callar, y locuaz ha versado.

Así entre magno palabrerío
se refleja un sentir tardío
del mundo sólo una causa
el tiempo tiene su pausa
sacándote de ese hastío
corre y corroe como el río.

Escribir es del alma vivir,
la palabra tiende a desistir
al llegarle su vencimiento
y  lejos de dar escarmiento
es loable poder predecir:
Escribir puede ser resistir.

Seducir no querer convencer
subsistir, no caer, ni ceder
escribir con maestría y ardor
con simpleza, tesón y rigor
al obsequiar un verso perder
levantar la palabra es vencer.

Un volcán

Una palabra que sembró la confianza
que despertó tu fuego vivo interior
tomó nota al fin tu sentir aletargado
que no hay dios que no haya superado
el mal trance de un pesar anterior
recobrando fuerza, valor y templanza.

Yacía moribundo, hibernaba confortable
opacado por siluetas que danzaban
al ritmo de diacrónicas canciones
le asustaban opulentas emociones
y palabras virulentas que trazaban
un insensato sentido descartable.

Pero el fuego al estallar que todo arrasa
no distingue del tenor del sentimiento
ni detiene su pasar en la pendiente
lavará con su fulgor en la vertiente
todo signo, todo mal, remordimientos
es el otro mismo tú el que te abraza.

Y al ser uno esos dos es una vida
plena, la luna también tiene sus caras
una llena, la  otra algo desconocida
alza el vuelo aunque te sientas perdida
que no es cierto que ya no te despertaras
que la dicha sólo estaba algo escondida.

Al leer

Acaricio las palabras al leer
me detengo en cada frase
descompongo el entramado,
asimilo veraz lo trazado
lo refuto tenaz, lo descreo
lo intuyo sagaz, lo comprendo
perezco ( ¡oh!) en la metáfora
renazco –zaz- en otro verso
deduzco leal lo simbólico
disiento y retengo al leer
regresa la vista en lo retórico
suavizo mordaz el rasgo terso
gano tiempo sin línea, la hora
vaivén atroz del mundo
me aquieto locuaz, me recreo
y el espíritu fiel desplumado
vuela lungo al cielo perfumado
observa lunar astral su fase
siento, pienso, suelto al leer.

La hoja en blanco

hojablanco

No me causa ningún terror, ni espanto
como a otros escritores, la hoja en blanco;
por el contrario, le tengo cierta simpatía
verla ahí vital, agazapada, esperándome
avergonzada, quizá, por mi escasa lucidez.
¿Llegará la inspiración? ¿Tendré algo por decir?
La hoja en blanco ni se inmuta con mi inquietud
ni se preocupa, sigilosa, ante mi propia ineptitud.
Atenta a lo que pienso no anticipa mi escribir
cual regia soberana solapada en placidez
sigue ahí, delante mío, como mirándome
paciente, pudorosa, sin dudar de mi apatía
que cual otros escritores -a veces- me estanco
a pesar de los sentidos, parezco de Lepanto.

Le hablo en turbulencias ( evitando mentir )
contemplo lo que escribo, vestigios del pensar
que leo con sorpresa cual un lector dichoso
y me siento, con mis trinos, a verla atiborrada
de palabras, sentimientos, a ceder malhumorada
porque se creerá perdida, sin su blanca palidez
sin textura, calidad, solitaria con mi estupidez
a esperar que alguien la lea y perciba desdichada
que ya no es una hoja pura, ha sido desvirgada.
Y lejos de aterrarme, ni de sentirme orgulloso
la guardo en un cajón, la observo descansar;
saco otra hoja en blanco y le escribo mi sentir.

La intuitiva espera

calle (2)

Aún no eran las cinco. Todavía teníamos tiempo de llegar. Sólo había que esperar que el colectivo pasara en el horario indicado. Ñum miró su reloj una vez más. Pasó un vehículo delante de nosotros. Luego una pareja caminando. Algún perro sin dueños daba vueltas por allí. Pasó un taxi y dudamos entre pararlo o esperar el colectivo. Lo dejamos pasar, quizá, confiados en que el colectivo llegaría a tiempo. Una señora se paró a nuestro lado. Ñum puso música en su teléfono.

Sentirte de cerca…
me enrosco cual tuerca
doy vueltas contigo
giro sin sentido…
Eres tú… eres tú…
Mi condena, vida, mi cadena.

La señora a nuestro lado soplaba impaciente. Quizás la perturbaba la música. Un muchacho se paró también a la espera del colectivo. Aún teníamos tiempo. Pasó un chico corriendo por allí. Pensé en darnos por vencidos y regresar, pero desistí. Había que insistir, no podíamos dar marcha atrás. Una niña se arrimó a quienes esperábamos el colectivo e hizo lo propio. Ñum me expresó con sus ojos su fastidio. ¿Qué podíamos hacer? Lamentaba en aquél momento no haber detenido el taxi que había pasado por allí hace algunos minutos, aunque me habría costado un ojo de la cara pagar el viaje y de momento necesitaba ambos. Una señora mayor avanzaba asistida por un bastón hacia nosotros. La parada de colectivos se fue poblando casi sin darnos cuenta. Pasó un hombre paseando un perro. Ñum miraba esperanzada. En el teléfono sonaba una balada.

Sabes que es por ti
mi desvelo, mi mareo.
Bien sabes que no duermo
que no como, que me enfermo
que entristezco si tú estás.
A ti te canto, enfermedad:
déjame ya en soledad.

-Cómo está tardando… -me dijo una señora a mi lado.
– Hoy parece que más que nunca. Cuando uno está apurado, todo se conjuga para demorarlo a uno más de lo previsto. –le dije.
– A ver, me parece que allá viene.
– No, señora, es un carro atmosférico.
Me di cuenta que el sentido de la vista de la señora estaba notablemente alterado y se lo comenté en el oído a Ñum.
– Es cierto que no veo bien, pero el sentido del oído funciona perfectamente y no soy ninguna vieja chota, ¡maleducado! –me dijo esta amable señora.
Pasaron varios vehículos, pero ninguno de ellos era el que todos los allí presentes estábamos esperando. Un joven pasó vendiendo almanaques. Nadie le compró. No sé si por carecer de efectivo, por indiferencia o porque corría el mes de agosto. Se acercó una pareja de jóvenes a la aglomeración. Luego un anciano. Al pasar un camión, pude ver en la cara de la señora de miopía avanzada cómo se desvanecía la ilusión, a medida que se acercaba, de que este fuera el colectivo que esperaba. Pensé que podríamos dejar el asunto para otro día, pero reincidiríamos en el proceso, cayendo nuevamente en la molesta espera. Sonaba una canción en el teléfono de Ñum que distrajo mis pensamientos.

A ti te espero,
sé algún día llegarás…llegarás.
Aunque espere un año entero
yo te espero, tú vendrás…tú vendrás.
Y si mi espera es en vano,
dicen, todo es vanidad…vanidad.
Es por eso que me ufano,
no entiendo esta libertad…libertad.

Supe en aquél instante que el colectivo, esa tarde, no pasaría. Se lo dije a Ñum.
– Vámonos. No pasará.
– ¡¿Cómo lo sabes?! –preguntó Ñum.
– Sólo lo sé. No pasará
– ¡Lo que me faltaba! –dijo un señor retirándose del lugar.
– ¿Está usted seguro? ¿No estará confundido? Puede ser un error… -dijo la señora casi miope.
– No pasará. Continúe esperando, si así lo desea.
– Chau a todos. –dijo otra señora.
Una niña llamaba por teléfono a su madre para decidir cómo regresar a su hogar. Un muchacho tiró lo que le quedaba de una botella de gaseosa con bronca contra el piso y se marchó. Un joven se colocó su mochila nuevamente y se fue corriendo. Volvió a pasar por allí el joven con los almanaques. Ya no quedaba nadie.
Nos fuimos caminando con Ñum en dirección opuesta a la que habíamos estado mirando y, al oír fuertemente un motor a nuestro lado, nos dimos vuelta para mirar el paso del colectivo que, aunque le hicimos señales desesperadamente, el apático chofer no detuvo su marcha. Con Ñum quedamos mirándonos sin poder asimilar el hecho. Luego, ella me miró con ternura.
– No te preocupes, a veces falla. –me dijo con su dulce voz.

En vano hilvana

Anoche comí brócoli y me dio tortícolis. Me desperté con colitis, pero el médico me dijo que era por la bronquiolitis. Con bronca, encendí un pucho, pero ¡la pucha! me indigné. Sospeché de la ictericia colis. Por las dudas, fotografié sin dudar un colibrí con mi cámara de alto calibre. En la recámara, sentía cólicos, dicen que el coliflor es bueno para la flora intestinal. En el ínterin, con Flor supimos que en el Coliseo proyectaban una de Colin Farrell, pero no llegamos porque el colectivo nunca pasó. De paso les cuento que hay un cuento titulado Colinas como elefantes blancos y que Corina tuvo trillizos hace unos años, y a ellos se lo lee todas las noches.
Ya de noche, sacamos tres corvinas y las hicimos asadas, pero estaban pasadas. Esteban trajo el vino y Héctor, que vino en traje, descorchó. Chocamos las copas sin decir salud, pero nos saludamos bajo la copa del peral. Esperando el postre, colocamos un póster de Dardo Rocha en el comedor para tirarle dardos, pero sólo teníamos dados que le tiramos con gusto y atino. A Esteban le gustaba el ritmo latino, por lo que se vistió de deejay para pasar música a tono. Sonó el teléfono y al levantar el tubo Valentina se dio cuenta que no tenía tono. Esto no pasa seguido. Seguí dominando mis pasos de baile con Flor, que rozaba la euforia. Con furia, Rosaura se besuqueaba con Héctor en el sofá. Sofía se aburría como hongo. ¿Como hongos o longaniza? Estaba Esteban en un pico de indecisión pero con valentía Valentina lo apuró: dale con ese puro espurio. Juró no tocarlo y lo trocó por un bombón helado. Sentado a su lado -azulado vestía- Sofía tosía. Se lo disputaban ambos. ¿Vos querés bombón o cassatta?, le preguntó Héctor a Rosaura. El aura endiablada de Flor me preocupó. Con tupé y dinamismo, encendió la bomba con dinamita que extrajo de la cartera mientras servían las cassattas. En el aire sonaba Sonic Youth y eso sería lo último en escuchar, antes de que la casa ( y la cucha del perro revestida ) volara por el aire, al revés.
Determinamos que estaba loca. Lo catalogamos como el fin de la relación. Y terminamos con la ilación.

No es ninguna novedad

Un comercio llamado Vintage vende novedades. Las novedades son frescas y se venden muy rápido porque todo el mundo está interesado en ellas. Además, a medida que las novedades envejecen son más caras y son más difíciles de conseguir y deja de llamársele novedades. Las novedades siempre han sido un buen negocio pero este comercio lo ha sabido explotar al máximo.

El paso del tiempo le da un vértigo inusitado al ritmo comercial. Innatural. Con el correr de los minutos, las novedades hacen que todo luzca viejo, donde viejo es sinónimo de indeseado. Es decir que ya no será valorado por nadie. A nadie le interesa lo antiguo, excepto como motivo de distracción, como mera curiosidad con lo exótico, por eso también hay algún que otro pequeño comercio de antigüedades. Pero éstos son escasos y apenas si sobreviven.

Las novedades en Vintage son de variados tipos. Las novedades más destacadas son todo tipo de objetos, obras literarias o musicales, conceptos y teorías, terapias y medicinas, noticias de actualidad e incluso aromas y sabores. Todas las novedades son comercializadas exitosamente en Vintage. A cada momento las novedades que surgen en los diferentes ámbitos científicos, académicos o artísticos llegan a los diferentes locales de Vintage para ser comercializadas. La gente acude en masa a comprar las últimas novedades. Ninguno se quiere quedar atrás, ya que de quedarse se convertiría en un retrasado.

Hay científicos que han realizado diferentes estudios del fenómeno social que resultó ser Vintage, plasmados en conceptos cercanos a la compulsión o al vicio generalizado, pero tales estudios sólo sirvieron para venderse como novedad en Vintage. Ver lo nuevo era el truco más antiguo de la civilización, con el que se captaba la atención de la población. Así, las novedades en los locales de Vintage es lo que nadie se quiere perder. Es excitante y exultante estar al tanto de cada una de las novedades que salen a la venta. Al parecer, según otro estudio, la gente se harta de pensar en un pasado y un futuro y, cansado, busca una salida que sólo prestar su atención a lo actual le brinda esa posibilidad, y lo actual es nada más y nada menos que las novedades del comercio. Por eso, los directivos de la firma se mantienen en la cima del mercado, más allá de que hubo otros que salieron a competir. Ellos saben bien lo que el mercado necesita y se lo dan. Dinero fresco, la gente sigue prefiriendo pájaro en mano que cien volando, y las novedades son el ave más preciado al que la gente puede aspirar a capturar. ¿Es que hay algo acaso más importante que la novedad? Lo último, sin dudas, no era lo nuevo, sino lo más antiguo. Pero, ¿cómo dar su atención a ello? Me temo que de ser tan simple no lo es tanto. Es así que las novedades de Vintage atrapan en sus redes a millones de clientes deseosos de probar, ver, escuchar u oler lo último, aunque ese sólo fuera el principio.

Es sabido que las novedades no daban satisfacción, sólo un receso en la inclemente corriente de deseos, que pronto volvería a clamar su sed que sólo calmaban las novedades de Vintage. ¿Es peor el remedio que la enfermedad? ¿De dónde surge en el hombre este voraz hambre por el consumo de las novedades? Serían tiempos de locura y de ansiedad, sin dudas, y es difícil no caer en él. Vintage es la explotación de un truco milenario en su máxima expresión.

Con el tiempo, los locales de Vintage se expandieron de tal forma que no hay ciudad sin sus locales, red sin sus telarañas, barrio sin sus vendedores. Se dice que todos los comercios, grandes y pequeños, forman parte de la cadena de negocio de novedades Vintage, es el rumor. Y además, se dice que toda persona, sépalo o no, es agente de comercialización de la ideología vintage.

El significado que la gente da a “Vintage” es glorioso o de alta calidad. Otros lo traducen como famoso o extraordinario. Los menos, como clásico o antiguo.

Ya casi nadie recuerda cómo comenzó este comercio al que todos acudimos a conseguir las últimas novedades con el viejo sueño de obtener aquello que, quien sabe nos lo diga, dónde perdimos.

Crecer

 

Al crecer, tu ser se esparce,
se extiende, crecés cual arce.
Tu vida se suelta al viento,
se rinde, se mueve a tiento.

Si distraída, caés, volvés,
seguro un día retrocedés.
Porque tu alma no fue de aquí,
se te desliza, como en esquí.

Confianza plena, calma serena.
La mar en coche, preciosa noche.
Tal vez tu suerte, no tenga muerte,
si vos querida, comés comida.

Tu plato lleva, tierno alimento,
se te subleva, si hay condimento.
No metas chinches, en tu barriga,
dejá, no linches, es una hormiga.

No mezcles huevos, sabores nuevos,
con mandarinas, truchas y harinas.
A ver, probá. Comé. Degustá.
Decime si la tierra fue injustá,
o acaso te alimentabas de un tornillo,
que uno molió, se le zafó, algún pillo.

Tu alimento es lo sustancial,
yo te recito en tono cordial.

A mis hijos no doy de comer,
peces podridos, eso es joder.
Nunca comerán huevo en esprai,
ni gasoil sólido, ni harán bonzai.

Ellos amarán su propia tierra,
perros, gansos, gorrión, mi sierra.
Tu pasto, agua, la flor, la lluvia,
¡Qué bendición! Say aleluia.

Y si un ojo se abre de repente…
¡Ay! mi dios, Qué de… de… mente
amplitud colosal, pasmosa.
¡Bienvenida! ¡Divina!… Hermosa.

Ahora que nada te falta
corre, ríe, llora, canta, salta,
baila, habla, besa, mira, come,
escribe, sirve, vive, la vida asome.
Que el corazón latirá, incansable,
ahora eres guía: era realizable.

El monitor y el dueño de la cadena

Acabo de comprar un monitor FHEZZ de 47.32 millones de colores. Y como tenía un rato libre, me los puse a contar. ¡Oh! Sorpresa, no llegaba a 46 millones. Entendí que había caído, inocentemente, en una estafa. Pero, una cosa, era segura: sería la última.

Me dirigí al establecimiento de artículos electrónicos donde había adquirido en calidad de precompra, el típico contrato en el que uno compra el elemento en cuestión, lo paga, con su correspondiente doblecuota que cubre: garantía, flete y hurto durante el mismo, propio o de terceros; y que, no obstante, uno se convierte en dueño con título habilitante del mismo, sí y sólo sí, paga la tríptica, que consistía en doblar el valor abonado originalmente, en dos veces de igual monto; es decir, duplicando el valor de la doblecuota.
Ya en el lugar en cuestión, me atendió un joven delgado, con nariz respingada que, curiosamente, pasaba la línea de abertura de su boca con la punta de la misma. Para alguien con problemas auditivos le resultaría complicado leer sus labios al hablar. Me trató muy amablemente cuando le planteé el problema en cuestión. Sin embargo, no me ofreció solución alguna. Pero, no obstante, me invitó a aguardar a que un personal superior, intentara resolver la inquietud que me llevó a ese lugar.
Luego de dos horas, se acercó una joven muchacha, que no llegaría a treinta años de antigüedad sobre la tierra, y me comunicó que ella del asunto, poco entendía. Por lo tanto me sugirió que, en unos instantes, le pasaría la cuestión a su inmediato superior, quien, afanosamente, resolvería sin más, lo dicho.

Al rato -largo y tedioso- se acercó un mozalbete que pasaría sin penas los veinte años, y me invitó a retirarme, aduciendo la fútil cuestión que me movilizó. Le repliqué que, a mi entender, era un asunto de vital importancia, puesto que mi vida no podría tolerar una estafa de tamaña magnitud más. Tras intercambiar opiniones cortésmente unos cuantos minutos, el muchacho me abandonó con la promesa de que le trasladaría el problema a su jefe, no sin antes propinarme un certero cachetazo, acompañado de una clásica palabra:
-¡Estúpido!

Tras unas cuantas horas, en las que me quedé dormido en la sala de espera de ese lúgubre centro de compras de electrónicos, se acercó un niño que no llegaría a nueve años, picando una pelota de baloncesto sobre el piso, que, instantes previos, se había transformado de baldosones en parquet, sin que nadie lo observara. El pequeño, me señaló el techo y cuando miré hacia arriba, el bravucón me arrojó el balón al centro de mi estómago, lo que provocó que me revolcase del dolor. Me indicó que le comunicarían el asunto al dueño de la cadena. Y sería él, quien por fin, me traería desde 687 kilómetros de distancia, en avión, la ansiada solución a mi pesar.

Pasé dos noches allí, aguardando.
Finalmente, esta mañana al despertar, se arrimó a donde me encontraba, una señora con un carrito para transportar a un bebé. No era un carro común. Era un carro dorado, completamente, y al acercarse, pude comprobar que estaba compuesto íntegramente por oro, ruedas inclusive. Quedé anonadado.
La señora, frente a mí, me pidió que tome al niño en brazos, indicando que era el dueño.
–Pppero…. -dije balbuceando, impávido.
– Sólo tómelo. -me dijo con voz firme.
Al alzarlo, el chiquilín, sonrió ampliamente, y tras esto, vomitó mi camisa rayada.

Los mediomundi

 

Te pinto todo muy oscuro
azabache y un cielo eclipsado,
levanto a tu lado algún muro
así veas que estás separado,
te enseño que vivir es duro
que aquí el amor se ha olvidado.
Lo rancio, lo espurio, lo impuro
me dice que lo he conquistado,
tranquilo, me siento y un puro
degusto en cuarto iluminado.

Como quien no quiere la cosa
lo dicho era sólo un esquema
ahora que no tenés problemas
tu mundo te pinto de rosa.