En el barro todos se confunden

La falta de educación es alarmante
La falta de interés es preocupante
La falta de respeto es irritante
La falta de criterio es intrigante.

En el barro todos se confunden
En el cielo todos se parecen
En la calle todos se sostienen
En el circo todos se divierten.

La música disipa la soledad
Los libros dibujan con seriedad
La radio difunde la novedad
La mañana oculta la oscuridad.

Desde alarmas a preocupaciones
como la soledad, como la oscuridad
parecieran nuestras divagaciones
sobre el firmamento o el pavimento
o de la sociedad y sus privaciones
rendir a la cultura un juramento:
quien mutila las interpretaciones
se adormece ante la realidad.

 

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Indigencia espiritual

La pantalla capta la atención
De la era o la época en cuestión
No hay atisbo de alguna reflexión
En el rictus no se ve la complexión
No hay problema, dijo un Alf en extinción
En ‘tresdé’ no existe preocupación
Y si algo te aqueja, maldición
Apretá un botón y poné televisión
Que se colme el cerebro de información
O las redes que te den una emoción
Que el megusta no tiene saturación
Cuánto mucho te morís de inanición.

En el limbo

Nada me mueve un pelo
ni es razón para desvelo
que discutan, que se maten
las peleas, los dislates.

Ni siquiera me preocupa
aquello que tanto te ocupa,
que se sufra, que te duela,
los problemas de la escuela.

Si el mundo se vino abajo
o si todo se ha ido al carajo
pintar la cara color esperanza
y así renovar la confianza.

La ideología moldea
el pensar de nuestra aldea
lo que digan lo repito
afirman que eso es bonito.

Terminales de un sistema
ese no es mi problema
quien sucumbe a la alternancia
ha de perder su ganancia.

Más vale pronto que tarde
no es razón para el alarde,
¿quien quiere ser billonario?
Salió un nuevo calendario.

¡Eso no sirve pa´ nada!
se preparó la emboscada
y en el limbo continuaba.
La burbuja no explotaba.

El dolor ahora es azul,
¿Cuántos viven en Seúl?
Ayer me crucé con un loco
me contó que aumentó el coco.

No sé bien si será cierto
no seré vivo ni muerto
nunca tuve ese dilema
no encajaba en el esquema.

Y si la vecina llora
busque un dios así le implora,
el chancho no tiene la culpa
el ya ofreció una disculpa.

Los billetes de quinientos
vinieron para el contento,
no me sirve de escarmiento
leer un nuevo mandamiento.

El futuro (hace rato) llegó,
y de qué estamos hablando,
Él sólo sigue esperando
saber por dónde fugó.

¡Qué me puede importar!
Uno sólo quiere comprar
alcornoques de la Europa
y de Boston, una copa.

No es que sea indiferente
no confunda este presente
lo que pasa es simplemente
que soy parte de la gente.

Adicción a la dicción

-Su caso es el típico caso de sufrimiento agudo por hablar mal.
-¿Pero qué me dice? Si todo el mundo me alaba por mi dicción.
-No me refiero a cómo se expresa, sino más bien a qué es lo que expresa. Usted puede tener excelentes modos de expresión, pero manifiesta una profunda ignorancia de su propio ser.
-¿Cómo es eso, doctor? No logro entenderlo correctamente.
-¿No ve, González? Otra vez cae en los errores habituales. Usted dice que no logra entender, como si entender fuera un logro. O usted entiende lo que digo o bien no entiende. Es simple, González. Además, usted dice que no entiende correctamente, cuando entender presupone comprender lo que su interlocutor dice. ¿Se puede entender incorrectamente? Insisto,  usted ha hecho un abuso del lenguaje y ahora nos va a llevar varios años corregir su mal, González.
-Veo, doctor. ¿Pero, cuál es, en sí mismo, mi mal, como usted dice?
-Yo no arriesgaría un diagnóstico final. El abuso de la boludez al expresarse lo ha llevado a usted a un estado deplorable del cual no puede comprender siquiera una charla trivial, por muy banal que sea y por muy elocuente que usted sea al hablar. Sin embargo, la estupidez no puede ser considerada una enfermedad. Es un mal que nos aqueja desde hace milenios, sin dudas.
-Insinúa que soy un boludo, doctor.
-¡Pero no, González! Otra vez interpreta mal mis palabras. Intente serenarse y llegaremos a buen puerto. Usted… ¿se considera inteligente González?
-Y… más o menos doctor. Ahora, con lo que me dice, tengo el ánimo por el piso.
-Otra vez González cae en las acrobacias intelectuales que poco provecho le han dado. Cuando usted dice el ánimo, es decir, su alma, ¿cómo puede estar ella, que es lo más elevado en usted, por el piso? Usted debe considerar sus palabras, ellas deben encontrar el cauce por el cual fluir.
-Todo el mundo habla de fluir, parece que está de moda…
-Cuando usted dice todo el mundo, ¿a quiénes tiene en mente? Usted puede conocer mucha gente, pero difícilmente sepa la opinión de todos. Ni siquiera en una elección se sabe la opinión de todos. ¡Qué mal que habla González! Cómo pretende sentirse bien hablando así.
-Bueno doctor, no me rete. Me expreso con lo mejor de mis condiciones. Quisiera tener su comprensión de la vida, pero me parece poco probable que algún día arribe a sus conclusiones.
-Eso es lógico, González. Usted desconoce si esas conclusiones son mías propias o las obtuve estudiando a un tercero. Además, reincide en su mal uso del vocabulario al decir poco probable en lugar de improbable. Usted enfatiza la necesidad de llamar la atención, González, de allí su magnífica forma de comunicarse con los demás.
– Entiendo…
– No, González, si entendiera de verdad usted permanecería en silencio.
– ¿Hay alguna medicina para mi mal, doctor?
– La hay González. Pero nuevamente incurre en los errores al cuestionar, debido a que no es su mal, sino que es UN mal que usted padece. Su mal indica que es propiedad suya, el cual no es el caso.
– Pero en este caso, sí es mi caso.
– Vea, González, si usted quiere desafiarme le tengo que anticipar que usted puede terminar mal. Muy mal.
– No era mi intención, doctor, sólo quería validar sus palabras.
– No, González, no. Usted no quería validarlas sino que quería refutarlas. ¿Por qué insiste en desafiarme, González? ¿Usted desconfía de lo que le digo?
– Me cuesta creer que mi pesar es a causa de mi modo de hablar…
– Nunca dije eso. Lo que le he dicho es que su hablar, no su modo de hacerlo, revela un desconocimiento de sí que le ha causado toda la zozobra en la cual usted se desenvuelve y por la cual usted consulta con especialistas, una y otra vez. Su resistencia a creer muestra a las claras la desconfianza que tiene usted con lo que le digo.
– Disculpe, doctor. Es que es muy difícil confiar…
– Bien, González, reconocerlo es un primer paso, no menos importante que los subsiguientes.
– ¿Cómo continúa el tratamiento, doctor?
– Aquí tiene esta receta, González. Se toma una cada doce horas.
– Bien, ¿eso es todo?
– Eso es tan sólo el comienzo, González. Para continuar, recita esta oración veinte veces al despertar, veinte veces por la tarde y veinte veces antes de irse a dormir todo el mes hasta la próxima vez que me vea. Aquí se la anoté.
– ¿Mi mamá me mima?
– Exacto. Es la mejor forma de limpiar el contenido errático de su psique.
– Bueno, doctor, no sé qué decirle…
– Nada, González, no me diga nada. Vuelva el próximo mes para ver qué resultados obtenemos de todo esto. Es un proceso lento, pero con paciencia y perseverancia se puede superar el mal que a usted lo aqueja.
– Gracias doctor. No tengo otra palabra para agradecerle.
– No hay de qué, González. Le abona a mi secretaria antes de marcharse y le pide un turno para el próximo mes. Hasta entonces.
– Adiós.

Sin palabras

Necesito la letra de una canción
para sostener esta efímera emoción
y prolongar en el tiempo su duración,
pero no toda, me basta con sólo un renglón.

También me puede servir alguna frase
o un pedacito de ella que no se pase
de extensa pues luego debo recordarla
cuando otro sentir venga a taparla.

Una sentencia, seis vocablos, una definición
la emoción requiere algún tipo de expresión
verbal, no me alcanza con una sensación
que la grafique, no sirve aquí la imaginación.

De una enciclopedia puede ser alguna fase
astral o un ciclo vital o un cuento que versase
de aquello para lo que no tengo explicación
ni palabras, gestos, ni una torpe declaración.

Es un poco vergonzosa esta particular situación
pero como buen lingüista no paso ningún papelón
pues siempre tengo en un bolsillo del pantalón
para que me entiendan un expresivo emoticón.

Huir del infierno

Asomar la cabeza y conocer la tristeza
ver dolor en el mundo que diluye su color,
tratar las desdichas y las aflicciones
congojas, delirios y putrefacciones,
conocer la locura, tocar la sinrazón
caer en desazón, aspirar a la cordura
donde se ve lo insano, la insalubridad
confiar en la verdad, escapar a lo mundano.

Trastocar los conflictos que no cesan
esperar los veredictos que regresan,
caer en lo vulgar, surfear en lo grosero
soñar con lo sutil de un cielo verdadero
y ver entre tinieblas de lúgubre manto
un resabio de bondad, un lírico canto
que destrabe el malestar –de símil eterno-
y en gritos de libertad huir del infierno.

Comprender que escapar no es morir
que en la razón inmaterial existir es vivir,
que el dolor te despertaba de la pesadilla
que saltabas como ardilla entre faroles
que no veías flores junto a la gramilla
pues la oscuridad tremenda enceguece
y las luces en tus ojos nunca fueron soles
pero al levantar la vista el espíritu florece.

Y en la diáfana voz late el firmamento
que vibra en armonía, ya sin sufrimiento,
tiende puentes, abre puertas y crea lazos
que no pierde referentes en los abrazos
pues en el centro del pecho hay vibración
y el cerebro resplandece con la atención,
pues ya ves que, como todos, vive el árbol
que da frutos y que crece gracias al Sol.


Fotografía: Leandro Coca

Leo cualquier cosa

Leo una sonrisa
Leo una mirada
Leo una bombilla
Leo las entradas.

Leo tus palabras
Leo las tristezas
Noticias macabras
Leo las flaquezas.

Leo estupideces
Leo comentarios
Leo varios diarios
Leo por si creces.

Leo al despertar
Leo caminando
Leo si viajando
Vuelvo a cabecear.

Leo tus poesías
Y tus alegrías,
Rimas repetidas
Y también sentidas.

Leo al socialismo
Y al capitalismo
Leo al proletario
Y el abecedario.

Leo y lo interpreto
Leo algún soneto
Leo los mensajes
Leo los paisajes.

Leo lo complejo
Leo lo sencillo
Leo los bosquejos
Y leo flequillos.

Leo los tatuajes
Leo engranajes
Leo los manuales
Leo los triviales.

Leo y lo comprendo
Leo y me distiendo,
Leo predicciones
Y contradicciones.

Leo cada tanto
Leo cuando puedo
Leo como credo
Leo cada canto.

Leo lo que escucho
Y atados de puchos
Leo lo que escribo
Leo si estoy vivo.

Leo, algo me gusta,
Leo y me disgusta
Leo maravillas
Leo sobre sillas.

Leo las sandeces
Y piropos soeces
Leo los carteles
Y los anaqueles.

Leo simbolismos
Leo aforismos
Leo a luminarias
Leo las plegarias.

Leo sepulturas
Diversas culturas
Leo en las patallas
Y latas de caballas.

Leo ingredientes
Leo las recetas
Leo a comediantes
Leo a los profetas.

Leo y lo descreo
Leo y me recreo
Leo y me divierte
Leo, ¡puf qué suerte!

No sé por qué leo
Todo lo que veo,
Pero entonces creo
Que me llaman Leo.

Sensible

La materia va para adelante
el alma vuelve a la fuente,
a veces te arrastra la corriente
el templo parece un recipiente.

Tus ojos de a ratos iluminan
con ira a veces me fulminan,
si tristes, decaen o se obnubilan
contentos, felices dictaminan.

Tus manos por la causa trabajan
posibles, sin pausa, las barajan
si crueles, perdidas, nos ultrajan
oportunas, dignas, resquebrajan.

Tus piernas, corren luego saltan
te elevan, te llevan, sí, caminan
dichosas en suave ritmo danzan,
coquetas, bellos zapatos calzan.

Tu piel, que en dolores florece,
es libre en placeres mientras crece
susurra las voces cuando escuece
revela secretos, quién pudiese.

Tu voz es dulce con su canto
protesta si le produce llanto
sucumbe si algo le da espanto
murmura cuando lo sufre tanto.

Se nutre de ella la subjetividad
De quien no cae en la vanidad
que vive en la misma realidad
abierta a su vasta sensibilidad.

Doce verbos

Silenciar el pensamiento
Trabajar las decepciones
Sublimar las emociones
Cercenar el sufrimiento,
Disfrutar de los placeres
Derrocar la estupidez
Superar los aconteceres
Dialogar con madurez,
Escuchar a la aflicción
Crecer en la adversidad
Vivir con la ilusión
Subsistir en libertad.

Soñando

Dormido estuve soñando
Y que a mi lado estás vos
Soñando estuve creando
Así como crea un dios.

En el sueño era vertiginoso
El drama y la sensación
Y en un profundo reposo
Soñaba una dulce canción.

Un sentimiento rotundo
Me descubrió en otro mundo
Mas luego el sueño se olvida
Y descubrimos esta vida.

Soñé que el piso era el techo
Y un árbol de fruto da amor
Soñé que un niño en su lecho
Soñaba un mundo mejor.

Algo pasa

Algo pasa que nadie comenta
que no se oyen aplausos
ni silbidos de reprobación,
algo pasa, y pasa la misma canción
repetida, de soslayo, en diferentes emisoras
las fotografías se parecen unas a otras,
en tonalidades semejantes,
algo pasa que nadie observa el atardecer
ni nadie se ofende con afrenta alguna
los milmillones de hambrientos no se quejan
del mal que los acecha, o eso parece,
ni nadie quiere verlos, o no hay quien pueda hacerlo
algo pasa que las bestias no gruñen
no ladran, ni pían las aves
algo pasa que las estaciones se confunden
el calor nos devora y el frío nos quema
en cualquier momento sobre el cemento
las hojas y el viento más libres que nunca
en un remolino danzan a la par,
algo pasa que nadie camina
que ayer la vecina omitió saludarme
o no estaba aquí para golpearme la puerta,
algo pasa que ya nadie pasa
que nadie pregunta ¿cómo estás?
¿qué decís? ¿Qué contás?
Que las noticias son viejas
y las viejas no son novedad;
algo pasa y no pasa la muerte
quizás si la suerte llama equivocado
se crucen las líneas y sea otro el destino,
algo pasa que no sé qué pasa
que todo es lo mismo, que todo es distinto
que veo tan claro esta realidad,
que pasa de todo y en tantas señales
la noche en pañales y no vuelan moscas
y sé que algo pasa en esta ocasión
pues la comisión no pasa por casa,
algo pasa que sólo motores se escuchan
no hay obreros que luchan ni revoluciones
y no sé si hay tristezas, penas ni lamentos
porque no se sabe bien qué es lo que pasa,
chismes, chimentos será que no pasan
pero algo pasa, sé bien que algo pasa
porque en la plaza no hay migas de pan
ni ancianos, niños ni blancas palomas
y no hay bombas que estallen cerca
en la zona, ni en la otra punta de la trama;
algo pasa que no hay desocupados que esperan
ni hombres durmiendo entre cartones
ni limones, limonadas, ni gente limada
porque algo pasa que no hay gente por aquí
y las plantas crecen sin limitaciones
los árboles dan frutos que maduran
y sólo me pregunto si nadie se los come,
algo pasa que no quedan abismos
y ante una situación que parecería desoladora
llego a la conclusión, tal vez, reveladora,
que sólo hay un murmullo dando vueltas
y es el que en tu cabeza pide cuentas
y en la mía deletrea las repuestas
porque es tan grande el espacio que nos separa,
si los corazones están cerca no hay tantas distancias
hay barreras, tal vez complicaciones,
y hay revelaciones en un verso si algo pasa,
y a un poema de distancia, Tú y yo…
¿o será que estamos solos en el universo?

 


Fotografía: Mariana Coca

Ruido que agobia

Y pensar, que de todo el ruido que tanto agobia, hay una voz que llega y toca, cual lira antigua, cual piano choca, teclas y dedos que al cuore embocan, y en ese musical bagaje de palabras, que dicen cosas, algunas dulces otras hermosas, de sensaciones maravillosas, que en tres compases -como en canciones- obsequian frases, tan contundentes como elocuentes que uno las piensa, o las reflexiona, marea inmensa que la emociona y a veces tensa si la presiona, porque de tanto volver al canto el pensamiento con fundamento sostiene bases con sus disfraces para quien viene con sus preguntas, que algunas juntas -de malas lenguas- de vez se expanden, en otras menguan, mas le conviene cambiar de envases pues sus secuaces serán mordaces con esa crítica que mortifica y se desentiende, entonces se eleva por la pendiente de aquél surgente que se subleva, natura dona, y luego entona canción de cuna, para que duermas envuelta en piernas y sueltes riendas -también tus prendas- así lo intentes, como la gente. Que alguien te escriba: vive tu vida; si la descuidas, causa perdida, muy cuesta arriba se hará tu testa, un paso atrás, que otrora resta, será el impulso hacia la dicha. Y tú muy bicha tomando el pulso, irás andando, irás volando, cual ave regio, como un arpegio, y esa tonada es la explanada hacia un estado, reconquistado, del ser, que puedes ver es conocer. Entonces libre de vanidades, vivir verdades, vivir verdad es, es la respuesta que te contesta con alegría una poesía.

De alimento

 

De alimento no uso frases positivas
el alma se nutre de la palabra viva
el cuerpo sólo vive si le das comida
si hay salud, que si enferma pida
medicinas u oraciones divertidas.

No hay palabras que me resulten ajenas
mastico ideas, me trago todo lo dicho
incluso como idioteces y como bichos
de los vivarachos y aquellos de nichos
como casi todo, excepto las berenjenas.

 

 

Fotografía: Jorge Guardia

La lectura es detención

La lectura es detención
pero ustedes quieren seguir
quieren seguir leyendo,
pretenden seguir siguiendo,
a ello les debo decir
que persiguen una ilusión.

Y si seguimos y vamos
seguro nos encontramos
entonces cuenta el encuentro
de lo que llevamos dentro
por ello luego contamos
los deseos que persigamos.

Pues no es lo mismo seguir
el hilo de lo que pienso
versátil, límpido, inmenso
que hoy se deja traslucir
que pensar estamos yendo
a un sitio virtual u horrendo.

Cielo e infierno intercalan
señales en lo mundano,
aunque algunas nos resbalan
otras nos dan la mano
pues la tierra prometida
es un Reino en esta vida.

Pero no nos detengamos
persevera en movimiento,
la lectura de ritmo lento
propicia la reflexión
y ante toda conexión
después del punto sigamos.

La virtualización de la persona

Renace con cada emoticón
perece a golpe de ratón,
se nutre con la publicación
vomita su virtual emoción.

Caduca su imagen del ayer
reacciona a cada acontecer
succiona del chat, anochecer
despierta un like al amanecer.

Besos que ahora son virtuales
amigos que ahora son sexuales
polvos que ahora son rituales
pantallas que disipan sus males.

Piensa que piensa luego existe
piensa que piensa todo embiste
siente en sus ojos lo que listen
decora su rostro lo que visten.

Soy y no soy todo lo soy
soy sólo soy qué lindo soy
soy sólo sé miren qué soy
soy como vos qué sólo estoy.

Actualiza el rostro impío espejo
se parece un poco al de su viejo
se ve que su trino es triste añejo
enchufado a la red luego me alejo.

Estar es no estar en todos lados
aquí como tonto espero sentado,
no importa te sigo bien conectado
no cuenta si estoy incomunicado.

Y miro, y miro, y miro y sigo
escribo, lo callo, mejor lo digo
quiero comunicarme sólo contigo
qué digo, qué torpe, sólo conmigo.

Levanta la idea que de mí tengo
me marcho, me voy, mas luego vengo
lo que ahora no largo no lo contengo
mañana lo charlo, si lo convengo.

Me asombra, al tiempo, que me entristece
sin compus, sin celus, paz que se desvanece
qué buen entretenimiento este que crece
y a quien no le guste, por mí que rece.

Como en un spot publicitario
que se repite seguido a diario
reduce mi pena y vocabulario
si no se parece es estrafalario.

No sólo la imagen se virtualiza
el ser, es el alma que se realiza
la mente se empaña si se desliza
derrapa viviendo por la cornisa.

Lo que ha cambiado son las creencias
facilitadas por nuevas vistosas ciencias
y el comportamiento en las apariencias
se han ido al abismo por negligencias.

Lo paradójico es que, con tanta luminosidad,
todavía se presente en disonante oscuridad,
y que no se vislumbre sapiencia ni libertad
que no sea para comprar parcelas de realidad.

El rey desnudo

La estupidez invade todos los espacios
Y aunque este post es sólo el prefacio
Y en pocas palabras, tímido, despacio
Que anuncia torpe y sin displicencia
Trémulo, la victoria de la inteligencia
Que batalla a diario la contingencia,
Nadie aquí debería darse por vencido
Así aguarde en un refugio reducido
Quien por muy tonto será reconocido
A la zoncera del día, toque la puerta
Porque la misma se mantiene abierta,
Y no hay verdad estúpida cierta
Pues en la derrota siempre pregona
La inteligencia pierde, por remolona,
Si ve a la estupidez con una corona.

La predisposición a la lectura

Condición sine qua non a la hora de leer es la predisposición. En la actualidad es casi infinito lo que hay para leer y, además, lo que hay para leer se entremezcla en lo que hay para observar, a diferencia de lo que pasaba hace unos años con la televisión. Los medios digitales ofrecen esa amalgama de letras, símbolos e imágenes de la cual el espectador es, no sólo, receptor, sino que parte activa en su interpretación.
No obstante, para aquellos –inmensa mayoría en América Latina- que esquivan la lectura, cuando se interpone delante un texto ( y ni hablemos si excede lo que su paciencia puede tolerar ) la actitud es la de “¡Ufa! ¿¿Tengo que leer??”, que se evidencia en el salto de la lectura o la omisión. En esos casos, no hay ningún tipo de predisposición y la lectura se presenta como algo que le genera tedio a la persona. Esto se ve mucho en redes sociales como Facebook, que aún conserva la posibilidad de ofrecer textos casi sin limitaciones salvo en su extensión. Cuando los textos son informativos, se da el caso que apenas si se leen los titulares, como un sacrificio o salto de excepción a la corriente de imaginación.
La sociedad pasó de analizar desde un simple saludo de buen día hasta un gesto involuntario a reaccionar inmediatamente por el insignificante vuelo de una mosca o con una tonta imagen que desata los sentimientos e ideas que carga el espectador. Y esto tiene consecuencias directas en la lectura. Los textos ya no son “tragados”, quizá sean analizados por aquellos que vienen rezagados en los dogmas dominantes de la sociedad actual, pero por norma general, lo que se busca es el efecto inmediato, plasmado en emoticones y comentarios que se observan, los que dejan huella. Esto, a su vez, puede tentar a muchos de quienes escriben a propiciar eso mismo, arrastrados por la corriente, ya que todos compiten por un instante de atención: el escritor, el músico, el artista en general, el famoso, cualquier hombre o mujer, e incluso niños y adolescentes, que pueden llegar a tener mayor influencia que gente de conocimiento, talento o experiencia ante un gran número de público. La lectura va quedando relegada y se circunscribe a personas que saltan las vallas de la dificultad que le imponen las ideologías de la época, o que han hecho sus deberes y encuentran en la lectura diversas cosas que le aportan como ser: entretenimiento, diversión, información, conocimiento, visiones, interpretaciones, puntos de vista, consejo, compañía y un largo etcétera.
Pero para esto es fundamental la predisposición a la hora de la lectura, la cual no es la misma al leer una noticia en el diario que la que se ejerce al leer una poesía. Leer tiene sus matices; el tiempo, finito, apremia.
¿Y qué pasa entonces con la predisposición hacia la lectura de literatura? Si bien se han abierto espacios de publicación como nunca antes, la literatura, que es un arte, compite no sólo por un instante de atención sino por un tipo peculiar de predisposición. A diferencia de lo que ocurre con series, donde lo visible es “tragado” por el peso del impacto visual, a la hora de leer literatura el lector tiene que entregarse a creer y/o confiar en lo que lee para adentrarse en la lectura, en lo que el escritor plasma a través del texto, y después con el correr de las palabras podrá, sí, descreer, interpretar, saborear, reformular y operar el mismo por medio de sus facultades. Empero, la predisposición se da al comienzo de la lectura de la pieza en cuestión, lo cual no siempre se da entre aquellos que suelen leer, mucho menos o nulo en aquella mayoría que rechaza la lectura. Cabe preguntarse si quedan espacios para la lectura, porque escritos vemos diariamente que abundan, pero no hablemos ya de la lectura de twitts sino de textos literarios.
Para finalizar, cabe añadir que la predisposición a la lectura facilita y favorece la comunicación, pero sólo surge en aquellos que creen que la literatura, o alguna literatura, tiene ´algo´ que aportarle a sus vidas, algo que no encontrarán en otro tipo de textos como libros de autoayuda.

La manía de quererte

Qué manía, qué obsesión
esta la de quererte
y entre tu corazón,
que se marchita
en esas arterias
tapadas por humo,
y mi cabeza llena
de arandelas
hay algo que nos distancia,
y son los versos precedentes.
Pero no creas que los siguientes
son de ritmo y voz elocuente
sino que opine la gente.
Lo que digo irreverente
es que el poema no es conciso
tal vez bastante preciso
y ahora que lo pienso
el poeta parece menso,
mas no, mi querida
lo que sangra no es herida
es poesía prometida
son palabras derretidas
que quisieran ser vertidas
sobre un plato de comida
y el lector manye tranquilo
para no quedarse en vilo.
Y si te produce espanto
este canto, este quebranto
recuerda que no escribo el llanto
y que te he querido tanto,
recuerda que lo que digo
un día se pegue contigo,
pero ¡basta de hacer alboroto!
Basta de un corazón roto,
hablemos de la luz del día
que prosiga esta lunga poesía.
Y qué te estaba diciendo
mientras nos vamos conociendo
no te hablo de mariposas
tu bella sonrisa si posas
suelo verte mientras reposas
y compararte con las rosas
tu silueta es tan hermosa
de fragancia esplendorosa
y tu risa es contagiosa
tu calma, vertiginosa,
el recuerdo está en presente
con tu latido vibrante
el sentido es palpitante
tu palabra, tranquilizante,
pero entonces, de repente,
tú te escapas nuevamente
y me invade la nostalgia
eso que nunca tuve alergia
seré alérgico a tu ausencia
queda el aroma de tu esencia
en toda la habitación
no sé con qué condición
tú pronto regresarás
y no sé si volverás
nuevamente enamorada
o vendrás tan distanciada
sin sabor, sin emoción
no sabré qué sensación
entonces me invadirá
qué tu boca me dirá
si tus brazos me abrazarán
o tus labios me besarán.
Vas y vienes como canción
a ritmo de reggaetón
quizá te falte armonía
vivir en una poesía
y en mi lengua delirante
transita cual un errante
los pasos del caminante
orondo, sereno, campante
esperando la ocasión
de decirte, corazón,
que eres tú mi acompañante
una musa estimulante
con tus idas y venidas
con tus marcas conocidas
que espero, anhelo de preso,
ese excitante beso
que empieza locuaz y sin fama
y continúa en la cama.
Y no morir de impaciencia
le pido a tu boca clemencia
perdona mi mal humor
qué raro, no hablé de amor,
si el encuentro se propicia
y mis manos te acarician
recuerda que supe un día
manso o con algarabía
con la estampita de un santo
haberte querido tanto
y que al amar libremente
sabemos qué bien se siente
tan sólo exijo una moción
y no me hagas prometerte
que cures tú mi obsesión
esta la de quererte.

¿Qué consumes?

Dime niña si te nutres de chimentos
si tu alma se alimenta de diretes
de palabras tan fugaces como atroces
en tu día qué puebla tus pensamientos.

Dime, acaso, si consumes trascendidos
sí a tus ojos llegan trajes y vestidos
maquillajes de algún rostro conocido
o fonemas que sólo conforman ruido.

Dime niña lo que tus oídos escuchan
qué ideas, en tu cabeza, se luchan
y a cuáles les das más valor o poco
antes de que un día se te seque el coco.

Dime niña al despertar tu sensación
corazón, que ya nos llama la atención
por qué acaso no alimentas tu interior
cuando el mundo que te aplasta, superior.

Dime entonces quién te dará de comer
si no observas siquiera el atardecer
si en la vida siempre hay para aprender
manantial de eternidad para beber.

Dime entonces cómo llegar a tocar
ese fuego que tu alma ha de abrazar
cuando te escondes en un caparazón
donde un golpe suena como un acordeón.

Dime niña por qué tu boca repite
lo que entra diariamente cual confite,
dime acaso si el sentir te hará pensar
que este canto también te va a alimentar

El psicólogo

Puede que te ayude
o puede que te hunda
puede que te aclare
o puede que confunda,
Él todo lo puede
y puede que tú nunca,
puede que no arranque
si pensar no funca,
puede que facture
unas cuantas lucas
y te dé soluciones
a neurosis de pelucas.
Puede que en sesiones
pagando consultas
crees obsesiones
o manías conjuntas,
puede que aleccione
con palabras sueltas
algunas funciones
que andan dando vueltas.
Puede el licenciado
atenderte sentado
si le relatas acostado
problemas olvidados
y dejar asentado
haberte escuchado.
Puede que tu mente
lo tenga presente
como un referente
como inteligente,
y observe atento
cada movimiento
que refleja lento
todo pensamiento.
Puede que se siente
y olvide diligente
todo lo que orquesta
tu frondosa testa
cuando de repente
tenga otro paciente.

Jolgorio

Hubo un momento de zozobra en el pueblo de Jolgorio cuando el sol asomó, bien temprano, por el norte. Quienes recién se despertaban para empezar la jornada sólo por esparcimiento lo tomaron como una paradoja de la naturaleza; otros se disponían a desperdigar la noticia por todos los confines del lugar despertando a los rezagados que, con sorpresa, buscaban explicaciones en los de mayor conocimiento.
-En el cincuenta y tres pasó lo mismo, y nadie murió de nostalgia. -dijo un anciano con un hilo de voz.
-La tierra gira tanto que un día puede confundir incluso a los astros. -dijo otro en tono severo, aunque muchos lo tomaron con humor.
Lo cierto era que se había producido un suceso para el que escaseaban las explicaciones eficaces. Los científicos de Jolgorio no daban pie con bola y al sol se le había dado por hacer de las suyas.


Pronto, tras largas deliberaciones en las que cada quien realizaba su aporte basado en suspicacias y especulaciones, cerca del mediodía cuando el cenit daba sobre el este del pueblo y todos reunidos miraban a través de la capilla, un joven llamado Cebro, al que en el pueblo lo tildaban de tonto, dijo que “si cada uno tenía derecho de hacer lo que le diera la gana, esta ley se podía extender a toda la galaxia dejando consecuencias imprevisibles”. Desde ese momento, el joven adquirió tal respeto de sus coterráneos que cualquier zoncera que dijese era escuchada con atención.
El sol, finalmente, se puso sobre el sur, allá sobre la laguna, y Jolgorio volvió a celebrar al llegar la noche.
No está demás decir que muchos enloquecieron, que varios pusieron manos a la obra en sus labores relegadas y que el resto se volvió a entregar al frenesí de la fiesta que se vivía en el pueblo.

Al día siguiente, cuando la resaca que había dejado el buen vino sobre los habitantes del pueblo hacía doler la cabeza, la normalidad, con su orden y su desorden habitual, había parecido regresar. Alguien, sin importancia, sostenía el universo cumpliendo con su deber.

Nube de seda

Una nube de seda en tu cabeza

Pensamiento volando por la pieza,

Te dormís soñando en el piyama

Se renueva de ilusiones tu tristeza

De esperanza con el sol en la mañana.

Fotografía: Leandro Coca

Artesanía

El comienzo es un dibujo en la cornisa
Abre grietas un adorno en la repisa
simpatía que te obsequia una sonrisa
no se olvida como golpe en la paliza.

De repente un sonido llama la atención
otro golpe al borde de la percusión
y la música comienza ¡Qué emoción!
Por fin alguien te dedica una canción.

Y tu rostro queda pintado en un cuadro
el agujero se hace con un buen taladro
lo colgamos, te parece, sobre el viejo
no confundas con tu rostro en el espejo.

La película se filma con tu nombre
la dirige quien se dice es un buen hombre
no conoce ni tu risa ni tu llanto
la dama y tu semblante se asemejan tanto.

Talla el escultor tu hermosa figura
en madera como la de una sepultura
y te eleva al firmamento de los dioses
en el templo que se inspira con tus poses.

Obra de arte es casi toda tu vida
bella, caprichosa, expresiva, divertida
en el muro ya tenés la fotografía
falta que alguien te regale una poesía.


Fotografía: Jorge Guardia

Paciencia

Te encuentra la trasnoche
dando vueltas en la cabeza,
navegando sola en la pieza
despeinada y sin un broche.

Dicen que es ansiedad
o ansias de felicidad,
ojalá el placer te sacuda
si la vida te desnuda.

A veces te da por pensar
o se te da por divagar
qué ha pasado, que pasará
si el amor perecerá.

En otras quisieras tocar
un alma para volar
que se vaya todo mal
lo bueno que siga igual.

En tus manos hay pasión
si descubren su vocación,
el mundo sabrá entender
a qué deben su proceder.

Es que las ideas dan vueltas
rondan tu cabeza sueltas,
si las sigues te pueden llevar
a naufragar en otro mar.

Por eso detente un momento
paciente como el firmamento,
confía en esto y verás
persevera y triunfarás.

La tortuga

La tortuga avanza a paso lento
con firmeza atraviesa el campamento
no distrae su ritmo el firmamento
ni se queja del contratiempo del viento.

Ella tiene en la mira un objetivo
y no pierde actitud durante el recorrido
no la abaten las burlas a su lentitud
avanzar es su lema, avanza su actitud.

Si un peligro la hace entrar en razon
se refugia dentro del caparazón
luego asoma, sigilosa, la cabeza
busca bichos de alimento en la maleza.

Bebe el agua que le obsequia la llovizna
si se encuentra una lechuga hay verbena
y a la noche ya se duerme tras la cena
al cobijo de la luz de luna llena.

Tempranito con el sol se ha de levantar
vuelta al ruedo con su tranco sin igual
caminando se propone cruzar un charco eventual
y el camino es enseñanza, su receta es avanzar.

La tortuga y su templanza, natural, añosa
como fruto y su bonanza, cual jazmín o rosa
da la pauta que la vida, gentil, bondadosa
corre como melodía sensual vigorosa.

*Fotografía: Jorge Guardia

Motivos para escribir

La numerología no es buena consejera
Te arrastra como en una carretera,
Desdibuja tu escritura tontamente
Lo notás si te aplaude terca gente
Donde todos han pensado ya lo mismo
Ya nadie ha de ejercerlo por sí mismo,
El arte tiene como eje el crecimiento
La lectura no es sólo entretenimiento
Te atraviesa hasta dejarte congelado
Se te clava como astilla en el costado.
Y parece que una ocurrencia se repite
Tantas veces invitada está al convite
Que no tiene ya el signo de novedoso
Es antiguo cual milagro de leproso,
Los números le hablan al que no sabe
Al que no lee y ni una palabra le cabe
Ellos por sí solos, su papel su vocación
Las palabras, el de la comunicación.

La misma historia

-¡Vamos! No nos demoremos o tendremos que pagar un alto precio por ello. ¿Qué esperas para venir? Quizás necesites un empujón para arrancar…
– Voy, voy. ¿Para qué tanto apuro, si al final siempre somos los primeros en llegar?
– Esta vez, con suerte, no seremos los últimos. ¿Estás listo? Raro tú tomándote tu tiempo extra.
– Listo. Vamos. ¿Tienes todo? ¿Dinero, cigarrillos, chicles, aspirinas?
– Enciende el coche de una buena vez. Espero que este aparato no nos falle. Hablé con Karina. Me pidió que la pasemos a buscar. Su remisse no llegó a tiempo y lo canceló. ¿Recuerdas donde vive?
– Era allí por Mitre…
– Exacto. Por momentos parece que la memoria te responde acordemente a la necesidad. Esta noche, por favor, no me humilles en público con tus anécdotas. Nunca terminas de contarlas. Eres el rey de la historia inconclusa. Deberías participar de algún taller literario o arte dramático. Así tal vez aprendas a finalizar tus historias.
– Mis historias son verdaderas.
– Puede ser, pero nadie te toma en serio. Además, si son o no de verdad es irrelevante. Una historia que no transmite más que una vaga sensación… qué importa si es verdadera o es una fábula de tu imaginación. Todos saben que inventas la mitad del asunto.
– Es para darle color, sino sería todo gris. O rosa.
– Para muchos, ya es color de rosa a pesar de tus historias grises pintadas con acuarelas secas. Sólo te pido que, al menos, inventes un final para ellas o mejor ni te atrevas a contarlas.
– Seguiré mi propio latido. A veces una historia sin final vale más por lo que deja abierto a la imaginación del oyente.
– El oyente imagina que eres un idiota. –le dijo María.
Rubén detuvo la marcha del auto en un semáforo en rojo. El tránsito había aflojado bastante a esa hora. A las pocas cuadras recogían a Karina de su casa.
– Hola, preciosa, ¿Cómo has estado viviendo estos días sin mí?
– Hola Rubén, hola Mari, ¿cómo están? Parece que llegaremos tarde esta vez.
– ¿Puedes creer que un jopo nos demoró más de lo podríamos llegar a pensar?
– ¡Un jopo, no te lo creo! Deben haber sido tus uñas y lo quieres culpar al pobre Rubén por ello. Rubén, ¿tienes alguna bella historia para contarnos esta noche? –preguntó Karina.
– Claro que sí mi vida, te elevaré por el aire con la historia de hoy. Recuerda asirte bien fuerte de la silla cuando comiences a oírla.
Llegaron los tres a la cena, mientras todos esperaban impacientes. Aún había lugares vacíos, por lo que no serían los últimos. Se saludaron con otros comensales allí presentes. Luego de un rato, la cena comenzó sin imprevistos. A María y a Rubén les habían asignado un lugar llegando a un extremo de la mesa, junto a la puerta que daba al patio. Rubén estaba cómodo allí, pero a María un poco le disgustaba porque quedaba distante de sus principales amigas, sentadas al otro extremo.
Mientras algunos aún no habían finalizado de comer el postre, Rubén, invitado por su auditorio, comenzó a narrar la historia de la noche, momento que muchos habían estado esperando.
– Comenzábamos a padecer el otoño, cuando el frío se hizo sentir en nuestros huesos. Recuerdo que Carlos me acompañó con la pasión que lo caracteriza. Limpiamos nuestras armas previamente. Nos tomábamos nuestro tiempo. La ansiedad es el peor enemigo. ¿Qué necesidad teníamos de apurarnos? Tomamos un café antes de salir de allí. ¿Les dije dónde limpiábamos las armas? Claro que no les dije. Lo hacíamos en el garaje de Carlos. Era básicamente una revisión. Una vez que tuvimos todo listo, partimos en su camioneta. El campo de Márquez nos estaba esperando. Mientras íbamos de camino al mismo, se me ocurrió que podríamos parar en la cantina de una estación a tomar algo, para entibiar el entripado. Era muy temprano para ser de día y muy tarde para ser de noche. Pedí un whisky y Carlos… Carlos no recuerdo. Creo que también pidió un whisky. No, pidió una medida de tequila. O tal vez dos. Luego de eso, apareció delante nuestro una figura que no distinguíamos si se trataba de una gacela o la cría de un venado. Alguien allí nos dijo que era esto último, por lo que decidimos no dispararle. Me pedí otro whisky, pues había calentado mis entrañas pero mi boca estaba amarga aún. Carlos ya iba por la tercer o cuarta copa de tequila. A unos metros, reposaba un viejo puma, encadenado a una viga del lugar. Se me dio pensar que podía llegar a tener hambre y le lancé la pata de un ciervo. El puma devoró con ahínco. Luego del cuarto whisky, apareció una muchacha que nos preguntó a dónde nos dirigíamos vestidos de soldados, cuestión que suscitó las risas más profundas que podíamos llegar a sentir, y le comentamos que veníamos de la guerra. Carlos aprovechó para narrarle sus proezas, que había volado tres cabezas de un solo disparo, cuando detuvo una bala con un encendedor que llevaba en el bolsillo de su uniforme y cuando me salvó la vida, asesinando al comandante del bando enemigo. Conversamos largamente acerca de la guerra que nos había involucrado y aquella chica pareció tomarnos aprecio. Rechazó nuestra propuesta de tomar algo con nosotros pues, dijo, estaba de viaje y no podía demorarse. La ansiedad, nuestro enemigo. Creo que ya había pedido una séptima medida de whisky cuando comencé a sentir mucho calor. Un calor que había comenzado como una pequeña punzada en el pecho y que luego se fue extendiendo hacia gran parte del cuerpo. Creí que se trataba de exceso de orgullo, pero resultó ser una abeja que inyectaba sustancia propia con su diminuto aguijón sobre mí. Carlos la colocó en un vaso de tequila y la ahogó allí. El cantinero miraba televisión. Pasaban un partido de básquet de alguna liga oriental. El puma rugía dando vueltas a la viga. De repente, el cantinero nos dio la noticia: se había terminado el whisky; no quedaba tequila. Tan sólo cerveza tenía para ofrecernos. Con Carlos decidimos continuar nuestro camino. Al llegar al campo de Márquez, lo primero que observé fueron unas aves volando a unos mil metros. Nos apenó pensar que varias de ellas cesarían su vuelo definitivamente. Decidimos entonces, de común acuerdo con Carlos, que ese día, la muerte se tomaría el día en honor a la vida. Enseguida, emprendimos el regreso, sin trofeos.

Algunos aplaudieron efusivos; los más sensibles lagrimearon. María se cubría el rostro con una bufanda.
Finalizando, Rubén dio un sorbo a la última gota que le quedaba de whisky.

Fotografía: L. M.

Cuerpos

Una vela apagada sobre la mesa
una sonrisa cálida frente a la acera
tus manos juegan con cierta destreza
mi voz distingue una palabra de cualquiera.

Tus labios se humedecen con los míos
surcan los pensamientos como los ríos
que entre orillas llevan dulce a la par
transmutando en minerales sales del mar.

Y se funden nuestras almas un momento
se confunden nuestros cuerpos, nuestro sexo
las miradas casi pierden el contexto
en el goce nuestro tacto es mandamiento.

Los placeres buscan nuevas expresiones
que se plasman en inarmónicas canciones
generando más tensiones que el hastío
todo sea por contrarrestar el frío.

En tu boca se disloca el filamento
quien hilara, con un beso, pensamiento
que tensara como presa de remordimiento
y mordiera de esa carne el alimento.

El reflejo del amor se da en el roce
en las piernas que al momento buscan pose
en las yemas de los dedos que acarician
en las lenguas que al tocarse nos envician.

El instante se prolonga tras la calma
es la imagen más oblonga de la cama
queda al margen esa historia del pijama
se retuerce la memoria de tu alma.

Se desviven en el encuentro los latidos
desfallecen de epicentro, tan temidos,
los dolores tan feroces sin sabores
que se pierden, en el clímax, los temores.

En tu pubis yacen viejas ilusiones
que realzan miríadas de alucinaciones
que contrastan con reales ensoñaciones
expectantes de dar cauce a las fricciones.

El averno es la impaciencia de los males
las miserias siempre fueron terrenales
nos redimen los fluidos corporales
en el cielo no seremos animales.

 


Fotografía: Manu Coca

Amar

Sufre tontamente
Siente no ser querida,
Olvida amar de repente
que amando se honra la vida.

¿Por qué lloras todavía?
Anda, observa la aurora
inspira a tu alma ahora
que vibre a la luz del día.

Sí, el amor causa desazón
O el sentir deja trabazón
En palabras otrora esenciales
Volviéndose insustanciales.

Qué pena, qué picardía
Que se apague la alegría.
Al día, el ánima sube y baja
La felicidad no viene en caja.

Tu piel suaviza la noche
Caricias que fueran derroche,
Ahora queda este olvido
Y un mundo descolorido.

Metáforas de tormenta
No llegan, ni así la afrenta,
Vivir de ideas no es natural
Donde sucumbe nuestro ideal.

Se entorpece así la razón
Pues levántate y anda, mejor
Que no hay miseria peor
Que ver llorar un corazón.

Y si no hay entendimiento
Que conste el mandamiento
Al amar todo se llena de luz,
Es que al amar, amor eres tú.

Esencias

De abajo, cambia la perspectiva
de infernal a terrenal nos cautiva,
hasta que nos seduce la celestial
a vivir la maravilla existencial.

 

 

 

Fotografía: Martín Díaz

La vanidad de las máquinas

 

Era la mañana de un sábado fresco y ventoso cuando Remigio salió de su casa. Caminó hasta el café de la esquina y llamó la atención del mozo tras sentarse en una mesa junto al ventanal que daba a la calle y por el que veía pasar a la gente presurosa para llegar a su trabajo. Pidió un café y esperó pacientemente. Leyó las noticias en el periódico: Desarrollan máquinas capaces de redactar textos de diversos géneros literarios. A Remigio no le sorprendió. Sabía que tarde o temprano las notas periodísticas serían redactadas por computadoras, así como los cuentos, ensayos o las novelas. Lo supo cuando perdió su empleo y Nuria le regaló un libro, “Superar una crisis”. Luego de leerlo, le quedó la sensación de que el autor había recopilado frases y párrafos disponiéndolos en cierto orden pero sin un sentido en que el autor reflejara conocimiento, no sólo de los términos sino de lo que con ellos quería decir. Cualquiera que lo lea en cierto estado de inestabilidad emocional, pensó Remigio, se vería arrastrado por las palabras sin tomar nota de qué era lo que se expresaba con ellas.
La nota explicaba ciertas cuestiones de las nuevas máquinas, como ser: para conjugar verbos las nuevas máquinas disponen de correctores especializados que se encargan de darle el tinte de color al fenómeno tiempo. Además, una amplia gama de sinónimos utiliza el redactor automático que le brinda al texto un sobrio bagaje cultural para beneplácito del lector. Lejos de suponer que con dichas máquinas muchos quedarían sin trabajo, ellas vienen a suplir el tedioso trabajo de expresar lo que al escritor/periodista le cuesta, y éste podrá con el texto en mano darle las pinceladas finales y estampar su firma al final del mismo.
El mozo le había traído su café. Remigio derramó el azúcar en la taza y revolvió. Máquinas y humanos, cavilaba Remigio, pocos verían la diferencia en estos tiempos. Humanoides, pensó. Luego se corrigió: subhumanos, devotos de la maquinización tecnológica. Aparatos subyugados. Conciencias retroiluminadas por haces de neón sumidas en quimeras. Observó sobra una pared una pantalla que la cubría en su totalidad. Bebió un sorbo de café. Una mujer ingresó por la puerta y se dirigió a la mesa donde estaba ubicado Remigio. Corrió la silla y se sentó frente a él.
-Hoy es tu día de suerte. –le dijo.
-Me parece que te confundiste… –dijo Remigio observándola. La mujer vestía un elegante vestido rojo que insinuaba sus curvas. Llevaba el pelo marrón ensortijado suelto y unos colgantes de plata. Sus facciones eran marcadas y sus labios tenían el color de los aros. De ojos verdes y nariz pequeña y puntiaguda, la mujer sonrió.
-Ninguna confusión, hacía tiempo que te quería ver Remigio.
-Veo que sabés mi nombre, pero yo no te conozco.
-Tenés razón, me voy a presentar. Yo soy Alena y te voy a llevar a donde jamás imaginaste.
-¿Disney?
-No, es un poco más lejos que eso.
-¿A conocer el Taj Mahal?
-No, no, más bien es otra dimensión.
-¿El interior de la pirámide de Gizeh?
-No, tarado. Te voy a matar.
-Ah… creía que era un viaje de placer, no de dolor.
-No te preocupes –dijo la mujer-, no te va a doler demasiado. Soy experta. Lo he hecho varias veces y nadie se quejó de mi trabajo.
-¿Cómo podés soportar el cargo de conciencia? –inquirió Remigio.
-Todo trabajo tiene sus daños colaterales. Lo llevo con elegancia, como podrás apreciar.
-Veo. Al parecer, carecés de sensibilidad, si no, no se explica cómo podés liquidar a gente inocente.
-¿Inocente? Todos tenían alguna buena razón para ser liquidados. El último era un estafador incurable.
-De ahí a que merezca la muerte hay un trecho. ¿Por qué no encarcelarlo?
-No habría corregido su obsesión. Era un caso perdido.
-¿Para quién trabajás Alena?
-Me contratan de diversas organizaciones e, incluso, del gobierno. Todos tienen sus motivos pero nadie quiere ensuciarse. Soy la chica del trabajo difícil. Para mí es lo más fácil de hacer.

Remigio empezó a sospechar con la última declaración de Alena. ¿Quién era realmente? No tenía la concepción de un asesino a sueldo, aunque detentaba su frialdad. No se preguntaba por los motivos que tendría esa mujer para finiquitarlo sino más bien por qué ella se dedicaba a eso particularmente. Si lo querían asesinar podían hacerlo en cualquier momento, sin excusas. Pero, por qué esta mujer tan elegante destinaba su vida a ello era, para él, un misterio.
-Y bien, ¿por qué aparezco en tu lista? –preguntó Remigio levantando las cejas.
-Consumo en exceso de sustancias tóxicas. Al parecer, eres un mal ejemplo para el resto de los integrantes de la sociedad de la cual sos parte.
-¿Sustancias tóxicas? ¡Apenas si fumo! –protestó.
-¿Te parece poco? Con tu vicio sugerís el camino de la enfermedad y la adicción a tus coterráneos. Esa irresponsabilidad se paga acá y en la China. A propósito de la China, después de vos me toca el caso de un dueño de supermercado chino.
-¿Y ese qué hizo?
-Desconecta las heladeras con lácteos por las noches para ahorrar en electricidad vendiendo productos susceptibles de generar problemas en la salud pública.
-Entiendo… pero matarlo, ¿no es mucho?
-Yo soy parte de este juego, no pongo las reglas. Soy un engranaje más en la inmensa maquinaria de la muerte.

La maquinaria de la muerte, repitió Remigio en su pensamiento, acaso todo estaba orquestado para eliminar a cierta gente como depuración de la sociedad. Era brutal y seguramente injusto, pero estaba sucediendo. ¿Desde cuándo? Quizá desde hacía mucho tiempo y nadie lo sabía, sólo quienes lo llevaban adelante. Pero habría que tener demasiado interés para ejecutarlo. Sin duda aquella mujer debía llevarse unos buenos dividendos por cada hombre que debía ejecutar.
-Te propongo algo, Alena.
-Decime.
-Te pago lo mismo que te pagaron por llevar a cabo el trabajo y me dejás en libertad.
-¿Dinero? ¿Pensás que hago esto por dinero? El dinero no tiene nada que ver en esto.
-¿Y por qué lo hacés? –cuestionó Remigio.
-Todos tenemos que cumplir con nuestros deberes. Huir del destino es cuestión de cobardes.

¿Un destino que la llevaba a matar gente? Qué clase de destino era ese… No podía ser, si no era una elección había algo que a Remigio le empezaba a rondar la cabeza y quería llegar al fondo de la cuestión, así sea lo último que lograra estando en pie. Sacó un cigarrillo y lo encendió. No eran nervios lo que sentía, ahora tenía la ansiedad de alcanzar a ver el panorama completo de la situación. Un fumador empedernido que alguien había decidido borrar de la faz de la tierra por su adicción. ¿Los matarían a todos? Sería un exterminio. Con ello no acabarían los males. Las enfermedades continuarían propagándose entre la gente. Soluciones descabelladas o locuras surgidas de la insensatez de algunos, quizá dirigentes.
-Tengo otra propuesta.
-Decime.
-Cambio mi identidad con la de un moribundo y das tu trabajo por realizado.
-Lo siento. Soy muy exigente conmigo misma y me propongo cumplir con mi obligación a rajatabla. –dijo la mujer. Ella lo observaba fumar. Colocó una mano en la mejilla y lo acarició- Sos lindo, ¿sabés?
-Gracias, vos… sos… muy hermosa, es una lástima que no vaya a poder seguir apreciando tu belleza.
-¿Y por qué no?
-Por eso de que me vas a matar…
-¡Bueno! Pero tengo mis tiempos, eso tal vez pueda esperar. Se me ocurren varias cosas para hacer antes.
-¿Como por ejemplo?
-Vamos a tu casa y te cuento.

Remigio pagó dejando quizá su última propina generosa. Caminaron juntos hasta la vivienda. Colocó la llave y abrió la puerta. Ingresaron a la casa y Remigio le ofreció beber algo. Alena asintió. Dejó su cartera sobre la mesa y rodeó a Remigio con un brazo. Él la abrazó y le acarició la cabeza. Enseguida se besaron. Alena le tomó rápidamente las manos como quitándoselas de su cabellera y lo condujo a la habitación. Ella se quitó el vestido y luego el sutien. Remigio la observó. Era una mujer deslumbrante. Desnudos se recostaron en la cama.
-Decime lo que me dijiste en el café.
-Me cambio la identidad con la de un moribundo y das tu trabajo por cumplido.
-¡Eso no, tontito! Lo de que soy una mujer hermosa.
-Alena, sos la mujer más hermosa que he visto en vida.

La mujer lo besó. Remigio recorrió su cuerpo con las manos hasta llegar a la cabeza. Localizó el interruptor, y esta vez, sin darle tiempo de reacción, la apagó. Se levantó y volvió a vestirse. Encendió un cigarrillo y observó el cuerpo rígido sobre la cama.
-Máquinas y humanos, -dijo Remigio tras dar una pitada- todos tienen su falencia.

 

Pichón de poeta

Nadie sueña ser poeta
Ni se tiene la receta
De pichón se lleva dentro
Como corazón al centro.

“Tengo ganas de escribir
Tengo algo para decir”,
Si camina va pensando
trastabilla vacilando.

Cada baldosa que pisa
Es un verso en la cornisa,
Si una metáfora exagera
Su poesía tórnase ligera.

Va mirando un espejismo
Si se aleja del abismo
Se inspira con las figuras
Coloreando las sepulturas.

Nunca le fata un pedazo
de cielo, así sea un retazo,
Al infierno esquiva el abrazo
Se lo saca de un manotazo.

Madura a trazo de tinta
Si usa pecé entonces pinta,
Y crece su alma fascinada
Alguno le dice es bobada.

Escucha lo suyo es inútil
sabe que andar no fue fácil,
Se abre paso a verso libre
Su visión mejora su calibre.

Tal pichón no sabe ser paloma
Aprende a volar cuando asoma,
Si lo maltratan como a torcaza
Busca migas en alguna plaza.

Se alimenta de las voces
De poetas de otros siglos
Que vivieran en los libros
Que quemaran tan feroces.

Si escribe y se avergüenza
Siente, vive y luego piensa
Vibra con algún sentimiento
Luego olvida su sufrimiento.

Titubea al trabajar la rima
simbolismo de este suelo,
Vital como el mismo cielo:
Hora de bajar de la cima.

Un alma a su pluma se arrima
Cobra sentido el trayecto,
El pichón sólo es un proyecto
Remonta y entonces se anima.

¡Vuela pichón de poeta!
No caigas en la vieja treta.
Háblame de tus sentires
De tus vivencias y decires,
Eres águila cuando escribes
Poetiza mientras lo vives.

Viejo amigo

 

En la plaza Belgrano se encontraron dos viejos amigos, no eran viejos ellos tanto como su amistad. El tiempo los había distanciado y ambos, tanto Necius como el otro se alegraron de verse, estrechándose en un fuerte abrazo.
-¿Y a qué te dedicás? –preguntó Necius.
-Hago trabajos de reciclado en plásticos, metalíferos y de origen vegetal y reordenamiento de desechos urbanos. –dijo Mens.
-¡Muy bien! ¡Felicitaciones! ¡Qué bárbaro!
-Este…
-A mí me encanta la gente que hace cosas por el medio ambiente.
-Bueno…
-Que se preocupa por el destino que se le da a los residuos.
-Eh…
-Gente que hace cosas para que el mundo sea cada día un poco mejor.
-¡Soy ciruja!
-Ah! Este…Bueno… ¿y cómo te está yendo?

Mens miraba de reojo una pila de cartones sobre la acera. Necius dio dos pasos atrás cuando un perro oriundo de la calle les pasó cerca. Mens, perceptivo, le hizo una caricia y el perro continuó en busca de algo para comer.
-¿Y cuáles son tus miedos, Necius?
-Que los cojos me cojan, que me puteen los putos, que los mudos me alaben, que la muerte muera, que la soledad me abandone, profetizar y ser oído, vaciarme y ser contenido, nadar en el mar seco de la nada, flotar en el vacío, morir y seguir vivo, vivir y no saber, desconocer lo desconocido, soltar y ser retenido, ganar y ser perseguido, perder lo que no es mío, soñar vestido, dormir ahogado, estar más allá y volver, pensar lo que se ha dicho, decir lo que he callado, ahogarme en un vaso de agua, beberlo y emborracharme.

Mens recogió dos latas de cerveza aplastadas que Necius estaba pisando.
-Todo va a mejorar. –señaló Mens.
-¡Si Dios quiere!
-¿Y si no quiere?
-Habrá que preguntarle… -indicó Necius.
-¡Llamalo!
-Tenés razón. ¡Basta de especular!

Necius llamó ante la expectativa de Mens.
-¡¿Y??!!
-Ocupado.
-¡Siempre lo mismo viejo!
-Si… Si no, es ‘fuera del área de cobertura’.

Unas nubes cubrieron parte del cielo de la mañana.
-Tiempo loco, eh.
-Encima los pronósticos no pegan una. Y los que difunden, paranoiquean con el pronóstico. –se explayó Necius.
-Sí, tenés razón. La semana pasada dieron pronóstico de lluvia tres días seguidos y no pasó nada en 700 kilómetros a la redonda.
-¡Ahí tenés! Yo buscando un paraguas para mañana y seguro que me quedo seco…
-Sí, en tu lugar mejor iría buscando una bufanda por si cambia el viento para mañana.
-¿Qué decís? ¡Con el calor que hace!
-Es verdad, pero con estos cambios de tiempo, no sabés qué pensar.
-Vos no sabrás. Yo sí.
-A ver, ¿Qué sabés? –interrogó Mens.
-Que hace calor.
-Eso lo sabe cualquiera.

Necius observaba la llegada de los colectivos esperando el que tomaría. Se despidieron con otro abrazo, menos cálido que el de su encuentro.
-Bueno, nos vemos. Esperemos que mejore el tiempo. –se saludaron.
-Sí, ojalá.
-¿Sabés qué quiere decir “ojalá”?
-No. Después me contás. –dijo Mens.
-Si me acuerdo. Chau.
-Un gusto verte.

 

 

*Fotografía: Norma Russi

Tres hombres mirando el atardecer

Bruno, Dosindo y Trémulo miraban el atardecer sobre la playa.
-Qué pena, se termina el día. -dijo Bruno con tristeza.
-¡Por fin! Llega la noche.-exclamó Dosindo.
-Vean cómo la luz se extingue sobre las aguas. Observen a las sombras morir. –expresó Trémulo.

Bruno y Dosindo miraban a través de sus pensamientos.
-El día es corto. No alcanza para todo lo que hay que hacer. -dijo Bruno con algo de pesadumbre.
-La noche tendría que durar más. Es poca para celebrar la vida. –acotó Dosindo.
-Escuchen el oleaje, observen el vuelo de esas gaviotas. –señaló Trémulo hacia el este.

Trémulo se dejaba penetrar por los últimos rayos de sol.
-¿Cuándo volverá el día? –se preguntó Bruno.
-¿Cuánto durará la noche? –cuestionó Dosindo con firmeza.
-Miren las figuras de esas muchachas doradas por el manto de luz que se despide. Miren el espectro de la luna al otro lado que, con paciencia, asoma en la escena. –indicó Trémulo con un hilo de voz.

Bruno se puso una campera que tenía sobre la falda. Dosindo extrajo un atado del bolsillo y encendió un cigarrillo.

-Hasta mañana. –dijo Bruno antes de marcharse.
-Buenas noches. –saludó Dosindo luego de levantarse.

Trémulo saludó, tiritando por la fresca brisa. Sus ojos humedecidos miraban al poniente.

 

Fotografía: Manu Coca

¡Feliz día a la poesía!

¿Por qué dedicarle un día
internacional a la poesía
y no festejar la alegría
que nos brinda su valía?

Es que un día recordarla
es poco pa´ homenajearla,
habría que festejarla
y todos los días recrearla.

La poesía es la expresión
del alma y del corazón,
son palabras de emoción
algunas sin intención.

La poesía no es narración
de cuentos, ni de ficción,
la poesía es a la canción
lo que la música a la dicción.

Hoy puedo expresar sentir
de mi corazón el latir,
en un verso conseguir
un néctar o un elixir.

Un bálsamo para el alma
es la poesía que da calma.
Si la palabra es sentida
llega en verdad a tu vida.

Si una poesía es sincera
puede tocar a cualquiera.
Si una poesía es profunda
suena elocuente, rotunda.

Un verso es simplemente
palabras de libre mente
que anhelan ser solamente
leídas detrás de un lente.

Un verso no es diferente
de algún beso indiferente
que llega con tono urgente
y se va por una vertiente.

La poesía es inherente
a la vida de la gente
que goza impunemente
al saborearla, simplemente.

¡Feliz día a la poesía!
Despidamos su alegría
que mañana se termina,
como ésta que aquí culmina.

Frases que dicen cosas

¡Ah¡ ¡Hombres de letras!
obsesionados con números,
triste situación,
que cuántos lo siguen
que cuántos me gusta
que no encuentran
mayor motivación que contar,
dedicándose a las finanzas
o a la matemática aplicada
o a la contabilidad
quizá serían más felices
y le harían un gran aporte
a este mundo
tan pobre de espíritu.

Mensajes en una botella

Todo se puebla de mensajes
mensajes que tocan la puerta,
que te duermen cual masajes
que no te mantienen alerta.

Cubren cual sábana el momento
que te hacen olvidar el lamento,
mas no ayudan a comprenderlo
ni a crecer, o al bien conocerlo.

El bien, dícese, no tiene objetivo
tampoco tiene próposito, altivo,
contrariamente
no es lo que el beodo diga al beber,
sencillamente,
el bien es lo que debe ser.

Cuando estamos mal, qué desazón
se pierde sentido, se nubla la razón
todo nos parece mal a golpe de vista
el mundo infernal, la gente despista
y encerrados tras barrotes mentales
con temores, sufrimos los males.

A veces comienza como una diversión,
veamos qué es esto, ¡uy! qué emoción,
luego enredados nos vemos envueltos
atrapados, difícil deshacer los entuertos.

Y buscamos mensajes que nos toquen
que nos pinten el alma o la retoquen,
o nos guíen a conocer una buena vida
que sí, es posible, generosa, bendecida.

Las palabras sólo tienen importancia
si nos llegan, si carecen de jactancia,
otras veces le damos cierta relevancia
confundidos por su pompa y elegancia.

Ellas sirven cual mensaje si nos dicen
aunque a veces otros te lo contradicen
es que el peso que le damos a las cosas
no sucumbe a la fragancia de las rosas.

Se repite y nos parece verdadero
por el hecho de escucharlo repetido,
será cierto si lo dice mucha gente
va cegada al repetirlo tan vehemente.

Los mensajes son el mismo indiferente
que vacíos de sustento y alimento
se entretienen, placer de lo irreverente,
y en la rueda no nos dejan escarmiento.

Seguimos por suponer que vamos
lo mejor será decir que andamos,
nos movemos, sobre todo estamos,
somos, no sólo porque pensamos.

El destino puede hacernos un guiño
recobrando la alegría y el jugar del niño
si nos lanzamos al descubrimiento
al vivirlo con un regio sentimiento.

Hay mensajes que llegarán a tiempo
si buscamos, si caminamos atentos,
y si distraídos aventuramos el futuro
lo encontraremos escrito en algún muro.

La atención no deberías regalarla
a bobadas, ni en todo caso prestarla,
hay palabras que nos causan sorpresa
y hay poesías para conocer la belleza.

Atentamente, se disipan malestares
trabajando, codo a codo con los pares,
A una vida de dicha sacarás pasaje
cobra sentido y vigor ese mensaje.

El mensaje puede ser un señuelo
dicen que el mundo es un pañuelo.
Y si lo dicho cierto día hace mella
el mundo nos parecerá una botella.


Fotografía: Jorge Guardia

Poder

Terreno para florecer
Espacio para extender
Tiempo para ceder
¿Amores para poseer?
Voluntad para poder.
Hay cosas que hay que entender
Cuestiones para comprender,
Y otras que tú bien puedes saber;
Terceras que será mejor conocer.
Cosas que no son cosas al ver
Y hay de esas que puedes comer
Ideas que tal vez quieras creeer,
Sustento para crecer
Objetos para tener
Dinero para correr
Gente para querer;
Vida para poder ser.

Fotografía: Jorge Guardia

Ingredientes del vivir

Reacciona, no reflexiona
Degusta, pone megusta
Atiende, no se distiende
Aprende, luego lo prende.
Disiente, pero lo siente.

Trasluce, poco se luce
Presiona, si se emociona
Recuerda, suelta la cuerda
Conversa, si está dispersa
Medita, cuando amerita.

Pelea, aunque no lea
Describe, pero lo escribe
Escucha, pinta su lucha
Repunta, le saca punta.
Consigue, luego lo sigue.

Pretende, ropa que tiende
Repasa, a veces pasa
Malogra, si no se logra.
Emprende, quién la reprende
Clama, entonces ama.

Decanta, de a ratos canta
Reparte, aunque comparte
Reprime, o lo suprime
Sostiene, y lo retiene
Convive, también lo vive.

Fotografía: Mariana Coca

El servidor

Observa cual espectáculo
La labor del servidor
Que sobre tierra gana el cielo
Combatiendo con pasión
( esa de amar lo que haces )
Los arañazos del fuego.
Y allá arriba un compañero
aplaude y llora de emoción.
El tiempo le da la razón
Al presente verdadero.

Fotografías: Leandro Coca

La comodidad del lector

 

El lector, por norma general y por ley particular, busca lectura con distintas motivaciones, pero una condición para hacerlo es que se encuentre cómodo, tanto en posición como con el libro escogido. Tal es el caso de Augusto, en su papel de lector.

Augusto se encuentra muy cómodo leyendo los terrores de Horacio Quiroga, y puede esperar tranquilamente que de un almohadón sobre un sofá surja un enorme bicho capaz de succionar la vida de la protagonista. También espera y se siente muy cómodo cuando alguien que pasó por todo pueda dar la vuelta al mundo en sólo ochenta días, cuando no existían los aviones ni los vehículos supersónicos. Además, espera tranquilamente que un hombre con dos penes mantenga relaciones sexuales con una mujer de tres tetas, eso no le llama la atención en absoluto. Y está muy cómodo cuando una raza alienígena lleva adelante planes benéficos para el planeta Tierra. En fin, son todas cuestiones más o menos fantásticas pero, imaginables, en cierto sentido.

Ahora lo que Augusto no tolera y le genera cierto rechazo es que un lactobacilus condujera un Audi descapotable, con tres damajuanas vestidas de jean u overoll sobre el asiento trasero, escuchando música chihuahua a todo vapor y que, adaptado a las normas de convivencia y leyes de tránsito de su tiempista, el mismo se detenga en rotores los semáforos rojos que cruzara e, incluso le cediera el paso a los peones del tablero. Tampoco soporta cuando el Audi pincha su manubrio y lo suplen con una corbata que cumple las mismas funciones o, así mismo, cuando alguna de las bellas damajuanas saca a relucir sus enormes tetas de jamón cocido con lo que se ganan muchos elogios, loas y piropos de los pijaflores que, paradójicamente, conducen los lujuriosos vehículos mientras caminan en línea recta por las anchas avenidas que se estrechan al anochecer, como dicta el decreto presidencial; o cuando quieren sorprenderlo fuego con un pararayos instalado sobre una manta raya neocolonial.

Todo eso es, para Augusto, muy incómodo, tanto como creer que cierto camello ha pasado por el ojo de una aguja.

Llovió tanto

Y llovió, trescientos días y trescientas
noches inundando hasta las bicisendas
hasta que una mañana sobre la acera
se reflejó una tenue luz cualquiera
y el hombre dijo: ¡por fin, es primavera!
mas no, era sólo un reflejo en la cartera
de una dama que buscaba su billetera
y tomó una fotografía del avistaje
luego de responder algún mensaje.
( desde lo alto, entre las nubes
se leía otro, pocos lo vieron:
“sonría, lo estamos filmando”
lo transmitieron, luego en iu tube,
y aunque se fue viralizando
no lo entendieron, pero sonrieron).

Efectividad

Al bajarse del colectivo, Horacio quiso comprar la revista “Tan sólo vivir”, pero el quiosquero le rechazó el dinero.
-¿Putines? –Cuestionó- Estos el gobierno los sacó de circulación en el 97. ¿En qué planeta vive?

Horacio se quedó reflexionando boquiabierto. Miró el billete con el que había pretendido pagar por la revista y no lo encontró diferente a otros similares con los que había pagado tantas otras veces por artículos o servicios diferentes.
-¿Y ahora con qué se pagan las cosas? –inquirió luego de unos minutos en que estuvo absorto en sus cavilaciones.
-La moneda oficial son los marroquíes. Se utilizan en todo el mundo. Eso lo sabe cualquiera, a menos que viva en un frasco. –le explicó el quiosquero.
-No me enteré del cambio de legislación. Por otro lado, tiene usted razón: acabo de salir de un frasco de mayonesa. –argumentó Horacio cabizbajo.
-La ley no cambió, sólo el papel moneda. Antes, todo era plata en el mundo. Ahora, todo es níquel. Puede cambiar esos billetes en el Banco Comadreja, es el único habilitado para hacerlo.
-¡Qué macana! Quería la revista… –dijo Horacio.
-Llévela. Me la paga cuando vuelva con contante y sonante. O consonante cantante. O cantando al son. O contando al sonar. O sonando constante. O como sea que se diga.
-Bueno, gracias. Hasta pronto. –se despidió Horacio con la revista bajo el brazo.

Quiso parar un fletotaxi, pero recordó que sólo llevaba consigo unos cuantos putines los cuales, según le había dicho el quiosquero, no le servirían para pagar. Además, en Mar del Plata no había fletotaxis, había únicamente taxis, además de los taxiflets. Por lo tanto decidió caminar por la costanera hasta el Banco Comadreja. Al pasar por el casino, preguntó si aceptaban putines.
-Ja ja ja. No me haga reír. –le dijo un hombre que hacía las veces de personal de seguridad.
-Pero parece que lo hice. –añadió Horacio.
-Es una expresión irónica. Una risa falsa, que aunque lo parece no lo es. O aunque lo es, no es genuina y, como tal, no constituye una risa verdadera, sino que simula serlo. –explicó el otro.

Horacio se marchó de ese lugar y decidió seguir caminando por la playa. Él caminaba por la arena de esas playas, descalzo. Observaba, en el trayecto, sus pies. Levantaba arena, jugando, mientras caminaba. Notó que llevaba los pantalones arremangados hasta debajo de las rodillas. Eran pantalones beige. Llevaba con su mano izquierda, colgando sobre su hombro, un sweater, rayado. Blanco y azul. Pudo sentir la brisa correr sobre su rostro. También notó que le entraba tierra en sus ojos. Se pasó la mano por allí y continuó su camino. Observó una pareja corriendo, tomados de la mano, en dirección opuesta a la que él llevaba. Y tras ellos un enorme perro que les dio alcance al pasar en línea a Horacio. Los rodeó y les ladraba, en claro tono amistoso. Horacio los siguió con la mirada y trastabilló con una roca, para luego caer sobre la arena. Observó hacia arriba y una gaviota que pasó sobre él emitió un agudo sonido. En ese instante, se durmió.

-¿Tiene la “Tan sólo vivir”? –preguntó una mujer que promediaba la cuarta década de existencia.
-No quedó. –Le dijo el quiosquero- Pero le puedo ofrecer la revista “Lulú Ciérnaga”. Es bastante buena, como la otra. ¡Y más barata! –la animó.
-Bueno, deme dos. –Pidió la mujer- Pero diferentes.

El quiosquero le dio dos revistas, que eran similares, pero diferente número de ejemplar. La mujer pagó por las revistas, aunque se quedó mirándolas y cotejando su parecido.
-Oiga, le pedí dos revistas diferentes. Y me está dando dos iguales. –esgrimió la mujer.
-No son iguales. Vea: -dijo el quiosquero tomando las revistas- esta es el ejemplar número 21.707. Esta otra, difiere, es el ejemplar número 21.708.
-¡Usted me está estafando! –Exclamó la mujer con rabia- Me está dando dos revistas con el mismo contenido.
-¿Contenido en dónde?
-En su interior. –argumentó la mujer.
-¿El interior de qué? –interrogó el quiosquero.
-De la revista.
-Disculpe, pero no la entiendo señora. Hice lo que me pidió. El dinero acá no se devuelve. Si quiere otra revista la va a tener que pagar. Acá no aceptamos devoluciones.
-¡Ma´si… metételas en el culo! –manifestó la mujer, que se marchó del lugar sin las revistas que anteriormente se acreditaban en su haber.

El quiosquero la volvió a acomodar en el revistero a una, y guardó la otra en una pila de revistas que tenía a la vista del público. Se acercó una jovencita que con suerte llegaba a los quince años y pidió un ejemplar de la revista Lulú Ciérnaga.
-¿Cuánto es? –preguntó la quinceañera en cuestión.
-Quince putines. –dijo el quiosquero sacando el ejemplar número 21.708 de la pila de revistas.

Corre el tiempo

Pregunto si al paso que vamos
crecemos también los humanos
o sólo el avance de ciencia
atiborra nuestra inteligencia.

Velozmente a ningún lado
corre el tiempo y no lo evado.
Así también avanza el foco,
el teléfono, la nafta, ¿el coco?

 


Fotografía: Leandro Coca

Un gorrión

La bandada se acerca
migas de pan en la cerca.
Un gorrión es tan cómico
Que hace reír a los demás
Destierra con chistes sin más
La rídicula idea de ser único.
Carcajadas-gorjeos a montones
Y el pan no llena a los glotones.

Tu existencia no depende

A Car

A veces distraído
Obnubilado
Rendido a tus encantos
Perdido en cuentos,
Proyectando
Creando cosas,
Dibujando rosas
Parecidas a tu corazón
Hablando
Y a veces con razón
Entregado a la labor
Diaria del sustento,
Te observo contento
Cuando te encuentro
Pierde el centro
toda atención,
Me ocupo
Acierto
O me preocupo
De lo incierto,
Y piensas
Y sientes
Me acerco
Te alejas
Insisto
Y en el calor
En esa unión
Somos
El cosmos
Sin interferencias
Sin referencias
En comunión
Como estrellas
De Neptuno
Efímeras, fugaces
Hasta que aves rapaces
Cenan los restos
Que escupe el mar.

Y cada uno
A vivir
A reír
A dormir y soñar
A querer el reencuentro
A confiar.

No depende de mi
Ni de este amor
Que revistes
Pero es verdad,
Eres, existes
Y esa es la novedad.