La invocación del poeta

 

Al poeta se le fue la inspiración
él no sabe tecnicismos ni aviación
como para volando ir a buscarla
y observando paisajes va a invocarla.

Caminando va mirando las fachadas
imagina que los vidrios son cascadas
que las puertas son entradas y salidas
a otros mundos paralelos, otras vidas.

Invocando pensamientos y sentires
va escuchando de la gente sus decires
situaciones que suceden puntualmente
se trasladan a un poema gentilmente.

Vitorean en su pluma de guanaco
las esquirlas recibidas en atraco
que con tinta se plasman en papel
como versos tatuados en su piel.

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Andante

El invierno se mitiga en el infierno
no se siente tanto frío en el averno,
los dolores te repican en los huesos
si te toman senilmente del pescuezo
no hay tutía ni excusa ya que valga,
el alma torturada sin paz cabalga
buscando deshacerse del entuerto
y la guía uno que ve, alguno tuerto,
a salir por las propias en su ley
sabe que con un ojo solo es el rey,
y si los ciegos se unen a la causa
el camino se abre paso ya sin pausa.

Bosques

Arrasaban los incendios forestales
a los bosques y a especies animales
el fuego que devora todo quema
ni Tarzán lo detenía con su fonema,
los rezos que clamaban por piedad
le pedían a sus dioses humedad
los bomberos que hacían su trabajo
daban vida con mangueras a destajo
cada gota era un signo de esperanza
como llaman a la lluvia con la danza
y llegaban esos alivios pluviales
que al cielo le dolían los lagrimales.

Era o no era

Era torpe, desdichado y vanidoso
era oscuro, desgraciado, temeroso
era símil de una estrella apagada
era terco de semblante descuidada
era recio, anticuado y muy odioso
era infame, insulso y veleidoso
era feo cual sabor de agua salada
era poco menos mal que no era nada.

Un paisano

 

Un paisano renegaba de sí mismo
el sueño de ser otro lo arrastraba
lo llevaba derechito hacia el abismo
y en sus fauces el lobo lo devoraba
despertaba con sudor y nerviosismo.

El paisano soñaba con ser otro
no tan sano el país estaba enfermo
descuidaba su ganado y a su potro
en un rapto hasta le salía un cuerno
fatigada ya la sombra y ese rostro.

Y el paisano proseguía renegando
no quería, no sabía asimilarlo
preguntaba pero cómo y hasta cuándo
seré el mismo, sin querer disimularlo
iba en sueños en unicornio volando.

Ser parte

Ser parte
de la totalidad indivisible,
ser, en apariencias del saber,
como agua, como río
que va, que permanece
se mueve y no perece,
y atravesar el estío
sublime arte.

Ser parte
como arena en el universo
sin ceder singularidad
como billete y el anverso
sensible a lo que va y viene
amplitud que todo contiene
como lago, como cedro
que un rayo parte.

Ser parte
en unidad inseparable
en apertura cognoscible
como perro de la calle
como fruto en alto valle
en armonía amistosa
donde el alma goza
y se comparte.

Ser parte
de lo que no hay separación
pese a humana condición
que reposa en lo profundo
y se confunde con el mundo
como tierra con maleza
cual mendigo y la realeza
que reparte.

Ser parte
situación universal
que no tiene pedestal
y en el alimento encontrar
un sofisma para estar
mas en el espiritual
una verdad sin ritual
que aparte.

 

La roca

 

No muestra signos de reacción
¿indiferente al viento, al vendaval?
O siente del agua su tracción
y en verano celebra el carnaval.

Qué piensa, del hombre, de su paso
andante tranquilo en su regazo
de dura mirada para los tercos
derriba sin miramiento cercos.

Se posa, no mueve su espejismo
tan regia, de dioses y realismo
no crecen las flores en su fuente
montañas la llevan en su vientre.

El peso no es sólo un simbolismo
separa tierra y mares del abismo
no es medio, tampoco es conclusión
un piano le obsequia una canción.

Amanece

Amanece que no es poco
que se te ilumine el foco,
si el dolor te deja loco
esperemos no sea un toco.

Amanece que entre tanto
no nos cura ni el espanto
no nos doblega el quebranto
ni se nos derrama el llanto.

Amanece en tu estadía
que sobrevive la alegría,
como muestra una poesía
que no se derrite el día.

Amanece a todas luces
que no nos esperan cruces
si se esconden avestruces
resplandeces si desluces.

Amanece bien temprano
como el sol en el verano,
si a la vida no le gano
la muerte te da la mano.

Amanece de repente
una luz que es elocuente
y por eso ten presente
que amanece, claramente.

Amanece en libertad
la calle, la sociedad
amanece así en verdad
amanece en realidad.

Amanece y se renueva
se ilumina toda cueva
amanece que aunque llueva
amanece la buena nueva.

 

Unidad

Dos cabezas piensan parecido
se encuentran en lo desconocido
discrepan, discuten sin sentido
y entonces advierten desazón;
a veces no reconocen la razón
pues lo que une es el corazón.

 


//fotografía: Maru Coca

La esfera de pensamiento

Los pensamientos suelen ser aves que anidan. Muchas veces, las espantamos por momentos, pero estas, con tenacidad, regresan; otras veces, las queremos retener a toda costa, pero se escapan veloces hacia otros hemisferios como golondrinas de estación.
Las aves tienen vida propia y pueden estar cargadas de emoción, a veces nos acarician, cuando otras esperan como rapiña nuestro cadáver; algunas nos cantan al amanecer para felicidad, mientras que otras emiten gorjeos insoportablemente lúgubres cuando buscamos serenidad.
Hay veces en que a estas aves las queremos enjaular, para que no salgan a recorrer el mundo, o las buscamos silenciar, y hacemos bien; mientras que a otras quisiéramos darle voz, esa que no tienen pero insinúan.
Muchas, pero muchas veces, las aves disputan entre ellas, buscando dominación, buscando concordancia; a veces se ponen de acuerdo y nos sentimos en paz, como en  un cielo puro; pero otras, las disputas se hacen interminables y algunas aves perecen en la contienda.
Algunas llegan sin darnos cuenta; otras, como palomas, se acercan con un mensaje en una de sus patas; y otras llegan malheridas en alguna de sus alas, buscando sanación.
Nuestro cielo, si bien abierto, a veces es como una esfera donde las aves vuelan y juegan, hacen el amor y dan a luz a hermosos pichones que pronto poblaran ese cielo, algunos para placer, otros para dolor.
A veces, al observar el cielo, vemos que estas aves se nutren y crecen, vuelan lejos y se van a poblar otros cielos, a disputar con otras aves o a hacer amistades.
En breves momentos, creemos reconocer aves que han poblado nuestro cielo en el de un amigo, en el de un vecino.
Nuestro cielo es el mismo, prístino y sin fisuras, el colorido está dado por las aves que lo pueblan y las nubes que acechan.

Los sentidos

Los sentidos pugnan
Entre sí,
La vista quiere prevalecer
Encarajinada entre pantallas
Y rostros que ha de reconocer
El tacto, con muchas agallas
Se la juega a morir
Tocando la piel, los labios
Tanteando ha de proseguir;
El olfato percibe con asco
El hedor, el aire pútrido, el olor
Y con paciencia y alegría
El perfume de una flor;
Los sentidos pugnan
Y el oído
Va quedando recluído
A escuchar
Oleajes, el bravo mar;
Al caer en el olvido
Ha de sentarse a esperar.
Los sentidos pugnan
Con gusto
Que permiten saborear
Dulces, salado y ácido
Sabores en el paladar.
Los sentidos pugnan
Y la vista
No se cansa de mirar
La memoria lo registra
Y algo ha de recordar.
Los sentidos pugnan
Y el olfato
Algo ha de sospechar,
Descansa la vista un rato
A la hora de pensar.
Los sentidos pugnan
Con el tacto
Se percibe suavidad
Aspereza y suciedad
Todo en un mismo acto.
Los sentidos pugnan
Y repugnan
Algunas cosas al ver
Los sentidos a veces otorgan
Un mundo por conocer.
Los sentidos pugnan entre sí
A veces con frenesí,
Con gusto las saboreamos
Palabras que no escuchamos.
Pugnan los sentidos
Mientras duren los latidos
Algo podemos ver
Y algo quizá entender,
Como cuando hay armonía
Entre ellos, hay poesía
No será cuestión de creer
Que tiene sentidos ser.

Duelo

La verdad sobre la verdad
no pasa por sobre si es verdad
o verdadera la única verdad.

En cambio, mentir sobre la mentira
sin carácter de única mentira
es más bien una mentirita.

A decir verdad, pero de verdad
no es que sólo eso sea la verdad
pero, en fin, sabemos es verdad.

En cambio, la mentira que se miente
contradice cuando ella lo miente
aunque sea de mentira, miente.

Y si acaso hablamos de verdad
no en serio, sino de verdad
entendemos sólo la verdad.

En cambio, si decimos una mentira
aunque sea de verdad es mentira,
mentirita, en verdad mentira.

 

Es a veces

Vivir es a veces
vivir es con creces
parir lo eterno
morir, infierno
andar, moverse
sufrir, dolerse,
escribir sin tinta
vestir con pinta,
tachar la historia
destejer memorias,
inventar un cuento
liberar el viento,
ser como el árbol
pensar al sol,
dar fruto, abrigo
dormir contigo.

 

Microcuento o el cuento del destino

En un cuento lógico se puede ir de A hasta B, por esa vía. Pero este no tenía lógica alguna ni modo de ser pensado como tal; como no tenía argumentos era difícil de refutar.
Al parecer, el origen era A, o al menos uno podía intuir que se trataba de A, pero no de alguien o de algo, sino de A, a secas. Aunque había bastante humedad por las lluvias precedentes. Su procedencia era desconocida, por eso asumimos que el origen o punto de partida era ni más ni menos que A. ¿Y hacia dónde se podía dirigir el transeúnte? Bueno, es un buen punto, porque tenía varias opciones: quedarse en A, moverse en A, partir, etc.
El transeúnte, de quien no daremos sus datos filiatorios para no comprometerlo, se había comprometido con partir hacia B. ¿Pero qué era B al fin de cuentas? ¿Un lugar? ¿Un estado? No lo sabía el transeúnte a ciencia cierta, ni a ciencia incierta tampoco. Él sólo sabía que había algo que no era tal como lo es una pelota, por ejemplo, o un establo, llamado B, y hacia allí partió. Tenía un destino llamado B signado por el firmamento.
El transeúnte, luego de unas vivencias y aventuras increíbles que tuvo en su travesía, arribó a B. Lo curioso del asunto es que nunca lo supo; el transeúnte nunca llegó a saber que estaba en su destino, por lo que su destino se convirtió en partir, dejando en evidencia la falaz sentencia del firmamento. Partir y partir se había convertido en su destino, por lo que dejó de ser transeúnte para ser trotamundos, aunque lo recorría caminando, y a veces en colectivos.
Fue así que el trotamundos pasó por C, por D, por H o por B, y por Z. Pero su destino, como habíamos dicho, estaba lejos de permanecer.

Un verso esquivo

Existe un verso híbrido
mezcla de prosa y dialecto
que transgrede el intelecto
o lo sublima sin descuido.

Viaja y salta entre cuartetas
transversal a la poesía
cruza al llegar a la meta
consumada terca porfía.

Es un verso exagerado
mentiroso, descarado,
que se pierde en el tejido
sin indicios de un crujido.

Pobre verso convertido
nadie sabe en qué poesía
proseguirá su travesía,
ese verso se ha partido.

Si alguno lo ha encontrado
deberá ser declarado
verso rebelde anarquista
para aterrizar quiere pista.

Pobre verso desconocido
que no ha de tener proyecto
más de uno lo ha bebido,
se ha perdido en el trayecto.

Aunque el verso con valentía
cruzó de par en par esa vía,
descubriendo el entramado
que orgulloso lo ha cruzado
dándole forma a la estadía
que conforma una poesía.

 


//fotografía: Jorge Guardia

Tierra

La tierra pariendo vida
el agua la alimentó
donde el fuego devoró
el resto será comida.

En un mundo, realidad,
buscamos la fantasía,
entre sueño y libertad
te alimenta una poesía.

Pariendo pariendo va
formas conforman vida
memoria de piedra está
en cimientos escondida.

El mundo tiene secretos
y cosas que no se cuentan
poesías que sin decretos
sensaciones las inventan.

Y sigue pariendo vida
en las aguas, en los cielos
esta tierra prometida
que no se corre los velos.

Si de injusto tiene el mundo
que arregla todo con guerra
será de paz tan profundo
el sentir de nuestra tierra.

//fotografía: Jorge Guardia

Heladera

Mi casa es una heladera, tanto frío hace en el comedor
que a la hora de comer se congela el tenedor.
El baño hace las veces de freezer con conexión a internet
del lavamanos salen cubitos para el fernet.
Todo se conserva muy bien, no nos podemos quejar,
si alguien quiere salir a tomar sol, lo tenemos que dejar;
no vuela ni una mosca, no se oye un avión;
cuando nos vamos a dormir apoyamos la cabeza
en un sachet de mayonesa
y nos tapamos con una feta de jamón.

Dos punto cero

Una poesía que comience con una poesía
un verso que se estire tanto como converso
el espacio que se expanda hasta el universo
la palabra que llegue como voz de algarabía.

Un gol no es un poema, un verso no es mentira
un grito de rabia se distancia del grito de euforia
un olvido, un descuido que no queda en la memoria
la imaginación crea cosas, que con arte nos delira.

Trepa la vocal por el enjambre de las redes
sube a la nube mas baja al llano, a caminar,
viajan las fotografías que enfocamos al sacar
pixeles divertidos, el lunar, tú borrar puedes.

La gramática dicta las palabras por pulsar
el teclado predictivo nos enseña a chatear,
un emoji convincente dice más que mil palabras
a mí dame las palabras antes que muecas macabras.

Una serie que no es seria, sería o será que se ríe
y si usté está convencido es mejor que no se fíe
cuando sobran las palabras aparece la música
y si nos falta la música tenemos ruido de fábrica.

Titubeantes los sonidos que nos llegan al leer
no escuchamos los videos que los vemos proceder,
una cosa atrás de otra que no tiene relación
como una bolsa de gatos de distinta proporción.

Y se mezcla todo tanto que no se deja atrapar
tuits, posteos, likes y audios vuelan juntos a la par
en el medio, tras pantallas, está la brisa del mar
y entre sueños, realidades, nos vamos a descansar.

 

El vendedor de cicatrices

Todos los mediodías desde la rambla comenzaba a hacer su periplo por la playa el vendedor de cicatrices.
-¡Cicatrices! ¡Cicatrices sin dolor! –vociferaba con acento extranjero.
Caminaba por la arena, con alpargatas, una sombrero de paja y unas bermudas y musculosa blancas. Sus brazos mostraban algunas cicatrices -algunas que impresionaban-  que llamaban la atención, aunque no tanto como su voz y su oferta. Como la mayoría de la gente en esa playa eran turistas, todos querían saber de qué se trataba el asunto. Algunos pobladores de la ciudad ya lo conocían, pero no dejaban de mirarlo con curiosidad.
-¡Cicatrices! ¡Cicatrices sin dolor! –reiteraba caminando lentamente- ¡Baratas las cicatrices!
El vendedor de cicatrices se acercaba a las sombrillas de los turistas que lo llamaban y ahí exhibía todas sus mercancías: balazo, bala de goma, raspón, latigazo, mordedura de caniche, tajo, corte con cuchillo, mordedura de reptil, taponazo, marcas de tenaza, pinchazo y un sinfín de innumerables cicatrices que todos miraban con asombro.
Los más jóvenes, entre la intrepidez y la falta de experiencia, solicitaban cicatrices de todo tipo, y se las hacían estampar en los brazos, en las piernas, espalda o sobre el pecho que lucían como trofeos de guerra. Luego, con la cicatriz a cuestas, se iban al mar o a jugar al fútbol.
Los más veteranos, con mucho asombro, se hacían estampar alguna que no tuvieran en su colección genuina, en su historial corpóreo. No obstante, no la mostraban, la guardaban para alguna situación íntima y de confianza que les permitiera escribirla, narrarla con creatividad.
Hombres, mujeres, jóvenes y adultos, turistas de otras latitudes, volvían a sus países, a otras ciudades, con cicatrices sin historia en los cuerpos.
El vendedor de cicatrices, que vivía de las suyas, aparecía cada mediodía en la rambla a hacer su periplo por la playa.
-¡Cicatrices! ¡Cicatrices sin dolor! –clamaba entre rumores de la gente, heladeros y el rugido del mar- ¡Baratas las cicatrices!

Pinceladas XI

 

Remover las ideas para espantar el tedio. Con esa premisa, Celso rasqueteaba las paredes con una espátula que pronto se dispondría a pintar. El hecho de pintar le causaba en su espíritu una renovación, ver cómo lo viejo quedaba sepultado por lo nuevo lo llenaba de frescor, como la brisa de abril por la mañana luego de un cálido verano.
Es que las ideas, para Celso, se quedaban impregnadas a las cosas, lo pensado, lo expresado, se adhería a las paredes con más tenacidad que la pintura, y todo eso le daba vueltas en la cabeza, incluso lo expresado por otros integrantes de la familia o huéspedes del hogar o, incluso, visitantes ocasionales que habrían manifestado cualquier cosa vulgar o trivial, le parecía a Celso que rondaba su sien y hasta tomaba forma vocal al expresarlo como propio, ya sea para salir del paso o por cansancio. Por eso había tomado la decisión de pintar y, mientras rasqueteaba con la espátula, creía ver renovado también su pensamiento, libre de impurezas, libre de flaquezas.
El color con el que iría a pintar ya lo había elegido sin vacilaciones: verde, como el de las acacias características de la ciudad. Con ello creía poder disipar límites entre lo natural y la sociedad, o al menos difuminarlos un poco como para no sentir un contrapunto demasiado exacerbado entre algo que, en definitiva, consideraba parte de lo mismo.
Celso pensaba que la mano del hombre, su obra, no era un contraste con la naturaleza sino una extensión, o por lo menos era una iteración de la misma, una forma de homologarla.
Cuando terminó de rasquetear, sólo quería un mate, un buen mate y nada más. Un verde, era todo lo que lo animaba, como el color que había elegido para las paredes. El primero que bebió lo saboreó sorbo a sorbo, como besándolo. Luego, descansando, observaba cómo se habían despejado las paredes de pensamientos oscuros, tercos, grises que menoscababan su imaginación. Y en los poros de las paredes ya se veían las semillas de un nuevo campo para la creación, para la floración.
Preparó la pintura, cubrió piso y muebles para evitar manchas y derrames accidentales, y tomó el pincel. Su corazón comenzaba a palpitar, como en cada reencuentro con la vida misma.
Con suavidad, mojó el pincel en el tarro de pintura para dar la primera pincelada sobre la pared. Cuando cubrió lo viejo, sintió brotar un gran pensamiento fresco sobre su cabeza, un sentimiento ligero frente a sus ojos humedecidos.

Recuerdos de domingo

Era uno de esos domingos típicamente aburridos en la vida de Sergio. No había preparado actividad alguna para hacer ese día. Se le ocurrió que podría poner en orden aquel viejo cuarto en el que iba a parar todo lo que había ido acumulando durante los últimos quince años en los que vivía en esa casa. Y así lo hizo.
Lo primero que encontró fueron unas enormes patas de rana que jamás había utilizado. Recordó que las compró porque siempre le había gustado la idea de bucear, pero no se animó a tomar clases para ello, un poco por falta de tiempo para dedicarle, otro poco porque no quería pagar las clases, que eran de considerable valor comparado con sus ingresos.
Después se topó con un cuadro que había adquirido en un remate. Recordó que cuando lo adquirió creía tener en sus manos una pieza que podría multiplicar rápidamente el valor que había pagado por él, pero luego de investigar el asunto cayó en la cuenta de que aquél pintor, Efraín Ibáñez, no era reconocido. Después de aquello, el cuadro le pareció particularmente horrible: un paisaje en el que los árboles se asemejaban a encumbrados picos de montañas, y éstas se perdían tras algunas nubes de color marrón dando una sensación de inmovilidad superior a la de las mismísimas montañas. Trágico.
Luego, encontró una caja. En ella tenía cuadernos y manuscritos de cuando era un muchacho. Tomó uno de ellos y lo leyó:

Te amaré.
Te amaré hasta el fin.
Hasta el fin iré.
Iré contigo allí.
Contigo allí estaré.
Estaré siempre a tu lado.
A tu lado volaré.
Volaré como águila.
Como águila lucharé.
Lucharé por tu amor.
Por tu amor venceré.
Venceré y serás feliz.
Serás feliz pues te amaré.
Te amaré.

Recordó un amor de su juventud. Lucía. ¡Y qué bella lucía! Acudió a él un recuerdo fugaz: él estaba fuera de su casa esperándola para entregarle uno de sus poemas que había compuesto en su nombre, mientras oía tras la ventana gemidos procedentes del amor y algún engaño. Rompió allí mismo aquél poema que – pensaría luego- nunca llegaría a componer uno tan bello como ese. Quizá pensaba eso porque no tenía la posibilidad de leerlo nuevamente tras destruirlo, sino, tal vez cambiaría de opinión. Después, perdonaría a Lucía por aquello, aunque no sería la única vez, que la perdonaría.
Encontró, después, entre aquél papelerío unas cuantas cartas e, inclusive, un mazo completo.
Dejó la caja a un lado, pues llamó su atención otra caja en la cual supo tenía guardadas allí unos cuantas grabaciones, entre ellas las de su grupo musical preferido en sus años de juventud. Fue hasta donde estaba el equipo de audio y colocó allí una de esas cintas. Sonaba una voz cálida, entre guitarras y baterías llenas de vigor:

No preciso volar
ya no quiero salir
de este cielo sin fin
que es mi vida sin ti.
Ahora vivo feliz…
Ahora vivo feliz…

Encontró allí también una de las cintas en las que grababan con su amigo Fabio sus bromas. Recordó particularmente una de ellas y la hizo sonar en el equipo de audio. Era un diálogo entre ambos, simulando un programa radial:

Sergio: Estamos esta noche transmitiendo para toda la audiencia en este programa número setecientos cuarenta y nueve, programa que todos ustedes conocen como “Arriba el sol”, quien les habla, Sergio, les presenta a Fabio.
Fabio: Buenas noches, queridísima audiencia. Gracias por estar de ese lado de la radio. De no ser por eso, nosotros no estaríamos aquí tampoco y, quizás, serían felices. Pero bueno, todo no es posible, ¿no les parece? Bastante hacemos por mantenerlos entretenidos, faltaría nomás que los hagamos felices y ¡Cartón lleno!
Sergio: Hablando de cartón lleno, este bloque está auspiciado por: ( impostando la voz ) “Bingo Mingo. No derroche su dinero en trivialidades como pan, frutas y lácteos. Invierta sus valores ganados aburridamente con el sacrificio de su sudor en sensacionales tragamonedas traídos exclusivamente desde Las Vegas al centro de su ciudad para su deleite. Ahora también, ¡mesas de póquer y tute! Visítenos. Juegue. Gane…si puede. Bingo Mingo. Minga le vamos a pagar”.
Fabio: Atención, tenemos el llamado de un oyente: ( Fabio mismo modificando levemente su voz) Quiero denunciar que en mi barrio hay un depravado sexual que a todas las mujeres del mismo les grita palabras amorosas, les chifla, las saluda provocativamente, intenta regalarle rosas a su paso, le ofrece bombones y caramelos, les dice piropos. Las mujeres no le dan ni bolilla y están cansadas de este sujeto. ¡Hay que conseguirle una novia urgente! –( Fabio hablando normal )Bien, ¿sabe el nombre de este señor? –( Fabio haciendo las veces de oyente )¿Cómo no voy a saber su nombre?¡Si el depravado soy yo!
Sergio: Y ahora, la música. Con ustedes, este dúo que se las trae…
Fabio: estos muchachos van a ir muy lejos…
Sergio: sobre todo ahora que los pasajes de avión están de oferta…
Fabio: este dúo va a llegar muy alto…
Sergio: más ahora que un pasaje al tren de las nubes lo podés pagar en cuotas…
Fabio: con ustedes…
Sergio y Fabio: ¡Los barriletes del mar!
Sergio y Fabio ( cantan a capella):

Tu amor es y no es.
A veces todo…
a veces nada…
como algún pez.

Tu amor es todo… todo
me deja loco
si no te toco
caigo en el lodo.

Tu amor es nada… nada
no me alimenta
como empanada
de arroz y menta.

¡Ay amor!!Ay amor!
Nado por ti. Todo por nada.
Nada es sin más, al menos todo,
no es por amor, sino por mí.
Perdonamé, porque mentí,
cuando te dije que es por amor.
¡Ay amor!!Ay amor!

Sergio apagó el equipo de audio y guardó las cintas nuevamente en la caja. Acomodó unas cuantas revistas de ciencia que tenía allí y les quitó el polvo con una franela. Encontró una colección de fotografías de diputados que tenía cuando militaba en grupos políticos. Recordó su paso por el FRESCO, el Frente Social Cosmopolita, y luego por el CALIDO, el Centro Agrupado de Líderes Dominantes, del que conservaba un banderín. Tenía, además, entre esos trastos viejos, una gorra que había traído de recuerdo en un viaje a Bogotá. Encontró entre lo que allí guardaba, un escudo de la república que nunca había colgado en pared alguna.
Sin embargo, lo que más llamó la atención de Sergio aquél domingo, fue una tarjeta que encontró en un sobre. Extrajo de allí la tarjeta, que en su exterior tenía el dibujo de dos gaviotas volando, con la leyenda inscripta “Juntos hacia la inmensidad”, y leyó dentro de la misma:

El domingo 23 de Agosto próximo
queremos que estés presente
cuando demos comienzo a nuestra
fiesta de compromiso
en la cual daremos absoluta fe
de que seremos, por fin,
el uno para el otro
por el resto de nuestras vidas.
Ana y Joaquín.

Recordó los momentos de tensión que se vivieron en aquella fiesta fallida, porque Joaquín no concurrió y es, al día de hoy, desconocido su paradero. Aunque algunos han asegurado que vive en un lejano país centroeuropeo, el cual no quieren nombrar, porque Ana lo sigue buscando y dice, que por su bien, es preferible encontrarlo muerto.

 

Crecías escuchando cosas

Crecías, escuchando cosas,
opiniones y sermones
en la radio, en la tevé,
leías sin entender,
mirabas, de lado a lado,
desordenado,
entre tu fiesta
y el velatorio,
y el oratorio estaba repleto
y en el tintero
quedaban otras
por comprender,
¿es lo correcto?
¿corre un destino
la sociedad?
Te preguntabas,
cuando crecías,
qué rol cumplías
y cuáles de ellas
podrías cambiar
torcer un rumbo
determinado,
corregir
enderezar,
caminos torpes
que ya trazaron
viejas promesas
como espejitos
cual camaleones,
que se alejaban
del horizonte.
Crecías, escuchando cosas,
y llegó un tiempo
para poner
manos a la obra
y corazón
a la estación.

Y…

 

Afrontar el desafío innato
tal como la aventura viva,
resplandece, sol timorato,
que entre nubarrones iba.

Y cuando todo oscurece
o la realidad languidece
vislumbrar, con oficio,
viva luz en un resquicio.

Y con ella todo aclara
silenciosa, no declara,
pero deja ver las cosas
margaritas, lilas, rosas.

Y afrontar el desafío
de fluir caudal de río
o remar contracorriente
y retornar a la fuente.

Y de uno u otro modo
viviremos codo a codo
canturreando veleidades
ni mentiras ni verdades.

Y tal como la aventura
si la suerte no nos dura
repetiremos como loro
la lección o como toro.

Y vivir, sueño o cuento,
es dejar de ir tras el viento
de la moda o la doctrina
es visión en la retina.

Y reír tras el porrazo
y sentir, quizá, el flechazo
de la vida que cautiva
que enamora y se cultiva.

Y volar sin la turbina
y parar en la banquina
observar el horizonte
escondido bajo el monte.

Y nadar en pleno mar
en presencia simple estar,
con la estrella de Belén
antes de que pase el tren.

Caras, dicen

Pedí un pucho y me dieron puchero
La cenicienta se llevó el cenicero.
Prendí el horno y me costó un hornero
La billetera se tornó monedero.

Dicen que las cosas están caras
Y que caras eran las de antes,
Que ahora tenemos caruchas
Tantas batallas, tantas luchas
Que igual seguiremos adelante
Con caruchas o expresiones raras.

Pedí un kilo y ¿qué me dieron? Kimono.
El censor se quedó con el verso
Un sensor detectó el universo
Y la descendencia del mono.

Dicen que han cambiado las caras
Que ahora algunas son tan delicadas
Tan ligeras como si fueran aladas
Que una app hasta te quita las taras.

Que la depre te vigila los pasos
Te persigue dando manotazos,
Dicen que se cura de un susto
Que la cara se torna rostro adusto,
Y se va dejándote zigzagueando
En el aire te quedás pedaleando.

Dicen tanto que por ahí confunden
Muchas voces son las que difunden
Algunas que nos llegan de caras
Caras viejas, maquilladas o claras
Que el tiempo no es, sólo es ahora
Que es dinero y te lo cobran por hora.

Las caras cambian con el ajetreo
Tu carita cambia cuando la veo
Las caras cambian y no es novedad
no me sorprende esta realidad
Quizá el asombro lo da la crueldad
No las caras, ni la vanidad.

Dicen que cambia hasta el alimento
Cambia en estación o con el viento
Y lo que no cambia es el firmamento
Ni los astros que le dan juramento.
Dicen que la cara es la única verdad
El semblante rubrica con veracidad
Lo que el alma siente con tenacidad
La otra cara de la inmortalidad.

Literal

Despertar, un día, incierto
ver el tamiz de la realidad
cómo teje la dramaturgia
oscilante fantasía verdad,
que socava los cimientos
de toda, incluso, literalidad
promueve sin condimentos
deletrear toda sonoridad
de la materia y su liturgia,
desdramatízalo con sobriedad,
en el punto estará el acierto.

Un puente

 

La cabeza que todo lo procesa
se despieza en alguna certeza,
y tropieza con dudas o rarezas.
Corazón en paciente situación
da razón para torcer el timón,
desazón que le causa comezón.

Todo cambia cuando algo permanece
-permanece no es la palabra exacta-
algo cambia, alguna queda intacta
el espíritu del ser también se mece.

Y ser, entre vacíos y renglones,
y ser, en plenitudes y verdades,
y ser, en multitudes, soledades,
y ser, entre silencios y sermones.

Un puente que surcara el abismo
que te separa a ti de ti mismo,
y desde él observar el firmamento
observar como bulle el pensamiento.

Un puente que surcara simbolismo
que te conecta a ti contigo mismo
lo indeseado con todo lo más amado
lo perdido con todo lo conquistado.

Y entre lunas pasajeras de la noche
relatar despilfarros del derroche,
y entre el sol con la luz del mediodía
crece el alma al ritmo de una poesía.

 

 

Aletea

Una mosca se pasea por la pieza
Aletea y se me posa en la cabeza
Científicos dicen que todo observa
Pero nada en memoria ella conserva,
Vuela cerca cuando el instinto pauso,
¡Qué lástima matarla de un aplauso!

No cortejes la tristeza

No cortejes la tristeza
Si te encuentra con flaqueza
Se te sube a la pereza
Y se te instala en la pieza.

Mejor trátala cual visitante
Obsérvala, sagaz, expectante
Como si fuera algo redundante
Que se viste algo extravagante.

Y si te resulta intrigante
Déjala sobre un estante
Que espere por un instante
Si te resulta estimulante.

Como adorno al que no rezas
Como vidriera de rarezas
Obsérvala con destreza
Que no ceda tu entereza.

A la sombra de un imbécil

No veía el sol
Cielo raso tenebroso
Ocupaba su lugar,
No era solo cielo raso
Había ojos en las paredes
que observaban a distancia
Plural y prudencial
Los actos del hombre
Sus manos laboriosas
Su pereza, su paladear
sin oír ni su pensar
¡Si estas paredes hablaran!
Temblaría el sacristán.
A la sombra de un imbécil
se albergaba el asombrado
No había luz ni al final
Ni al transitar el túnel,
Todo opaco, guarecido
De la lluvia, la tormenta
Que tronaba amenazante,
Era la sombra gigante
Que cabía hasta un camello.
Y con la sed del desierto
Fue viendo como un tuerto
Que el sol estaba detrás
Y al dar dos pasos nomás
Vio proyectada la suya
Pequeña cual hormiga criolla
Breve como aleteo de colibrí.
El hombre, de escasas luces
mas de sentir sereno,
Pensó firme con tenacidad:
¿A quién dará cobijo mi imbecilidad?

Acto seguido

Mediante este sencillo acto
dudando
si doy fe o me retracto
de lo hasta aquí expuesto
sólo dejo de manifiesto
pensando
haber pensado o sentido
sólo consta literario
que haber escrito o vivido
bailando
se itera en el calendario,
como todo miércoles,
constancia de caracoles
danzando
que devoran con ahínco
malvones sin dar brinco
manyando
lo que otrora fue obra
hoy es vida y se la cobra
pagando
que lo dicho puede ser
divagando
palabras por conocer
que al juntarse, al proceder,
forman algo al decir
marchando
que me puedan conducir
al camino a recorrer
andando
que al estar, que al existir
soñando
tiene sentido el vivir
cantando.

Luz de fondo

Con luz de fondo, cielo profundo
aquél horizonte me lo confundo
con ese otro que tiñe lejos
multicolores a los objetos
de pensamientos a los sujetos
todo a la vista con catalejos,
y en el perfume, pantalón roto,
ver el atardecer desde una foto.

En la palma de la mano

Un teléfono en la palma durmiendo
Plácido, en calma, navegando
Sube la marea hasta la red
Baja la vista cuando siente sed.
Toma un mate, observa alrededor,
Piensa si su suerte tiene redentor
Bebe, sorbo a sorbo, verso a verso
Respira hondo si se siente inmerso
La música, ¿compañía o distracción?
A veces transforma con inspiración
Cual notificación vibra en el pecho,
Y sugiere elevarse hasta el techo,
‘Trato hecho’, dicta la constelación,
Que le guía en la caída, la emoción,
En la búsqueda de -aún- satisfacción
Nadie dijo que ese no es un derecho.
Y en un rapto, un mensaje revelador:
Batería baja, conecte el cargador.

La vida como un paseo

Alina salió a recorrer la ciudad, sola, ya que Eber se quedaría viendo el partido por tevé. En principio, tenía intenciones de pasear por la galería, por lo que fue hasta allí y pudo ver los locales comerciales que emergían muy vistosos, llamando la atención de los paseantes con luces con intermitencias multicolor. Uno de ellos exhibía en la vidriera cuadros pintados con acuarelas de la misma dueña, que Alina observó con curiosidad.
Entró.
La mujer lucía ataviada con un largo vestido veraniego de colores vivos naranjas, amarillos y ocres, fumando un parisienne. El rostro mostraba algunas pequeñas arrugas en las comisuras de la boca, como por haber reído demasiado. Sus ojos eran cálidos, oscuros pero luminosos. Observó a Alina de la cabeza hasta los pies.

-Y bien… ¿te gustan mis cuadros? –inquirió con impaciencia.
-¡Si! Son muy bonitos. Especialmente ese de allí. –señaló Alina uno sobre un lateral del local- Es precioso.
-Muchas gracias. Es lindo recibir elogios. A veces pienso que una se esmera en pos de ellos, aunque luego lo descreo, pues tal vez ni llegan, o no saben siquiera el camino para hacerlo.
-Es que… la gente prefiere recibir antes que dar algo, siquiera un elogio.
-Tal vez, o tal vez no sea eso siquiera. Pareciera como que cuesta soltar palabras y gestos de amor por el temor a la incomprensión o a la supuesta correspondencia del mismo. La gente es rara, y luego dicen que la rara es una…
-Bueno, usted no se viste muy normal que digamos y pintar no es algo cotidiano para la mayoría de la gente. –sentenció Alina con calma- A mí particularmente me gustan sus cuadros, y me gusta cómo se viste, es… osado. Aunque en esta época lo raro quizá pase más por otros canales, no tanto por las apariencias ni los modos sino por sensaciones conceptuales.
-Tal vez, o tal vez siquiera lo sea. Fíjate que lo raro como tú lo concibes sólo es raro cuando se da por única vez, pero si lo vemos ya dos veces no se nos hace tan raro. Yo me refiero a lo raro no en el sentido de extravagante sino a que la norma ha cambiado con los últimos años, los avances tecnológicos y el retroceso ideológico y eso es precisamente lo que le da carácter de raro a la gente. Es como si todo fuera conocido y cognoscible, excepto la gente, que sólo muestra lo que quiere mostrar como si lo demás –sentimientos, pensamientos, creencias y aversiones- no existiera.
-Es que… la gente prefiere sentirse cómoda, no bucear las profundidades que menciona usted.
-¡Ah! ¡Bucear! Eso sí que es raro. ¡Imagínate bucear un cuadro!
Alina se quedó observando largo rato con sigilo los cuadros, uno a uno, mientras éstos penetraban en su alma. La mujer había encendido otro parisienne y Alina sintió el deseo de respirar aire puro, por lo que se despidió y salió por donde había entrado hacia la galería.
Caminó hacia el interior, sin saber si en algún extremo habría otra salida o debería regresar. Un hombre harapiento que venía en dirección opuesta se detuvo delate de ella y le pidió “monedas”. Alina negó con la cabeza.
-Vamos, puede darme unas monedas.
-Es que… no tengo.
-Con monedas me refiero a algún dinero que usted me pudiera facilitar para sobrellevar esta dolorosa situación que estoy viviendo.
-¿La situación de mendicidad? –inquirió temerosa Alina.
-¡No sólo eso! Perdí mi empleo y perdí mi familia. Una cosa llevó a la otra. Mi estado de salud no es el mejor, por si fuera poco.
El hombre, de barba desprolija, se quedó mirando las manos de Alina que ingresaban con cuidado en su cartera. Ella extrajo un billete con cautela, pues temía alguna reacción, y se lo dio, lo cual fue agradecido con amabilidad por el hombre de los harapos, quien siguió su camino.
Un mujer, sentada sobre una banqueta en la puerta de otro local, había estado observando la escena. La miró a Alina cuando ésta seguía con la mirada a aquél.
-Es un tiro que le hace. –dijo la mujer.
-¿Cómo dice? –preguntó Alina sin saber de qué le estaban hablando.
-No tiene familia. O más bien: su familia somos nosotros. Nosotros lo cuidamos y le damos de vestir y de comer, pero él prefiere mendigar.
-¿Y el empleo que perdió?
-Eso fue hace tiempo y todavía le dura el cuento –dijo la mujer que bebía un líquido espeso color ámbar de una copa larga-. Era fotógrafo en una revista de moda, cuando las cámaras no eran tantas.
Alina miró el local donde la mujer esperaba algún cliente. Había diversas artesanías muy variopintas, desde duendes y brujas labradas hasta lunas y estrellas talladas. Saludó con cortesía y siguió galería adentro.
Parado en el umbral de la puerta de un local, entre dos malvones, había un hombre calvo, con un tatuaje en la punta de la nariz. Alina mientras se acercaba lo venía relojeando y esperaba no tener que detenerse a conversar con él.
-Oye, no le lleves el apunte. –dijo el calvo.
-¿Cómo dice? –Alina con desgano detuvo su marcha para conversar.
-La vi hablando con Sonia, está sonada. Seguramente le ha dicho que nadie ha de ser quien dice ser.
-Algo así, me habló del hombre pidiendo monedas.
-Pedir o dar, esa es una buena cuestión. ¿Usté qué prefiere?
-Prefiero no contestar tajantemente, pues hay situaciones en las que uno siente el deber de dar y otras siente que es empujada a pedir, por lo que no sé si trata de una libre elección.
-¡Vamos! Considere bien el asunto. No todo el mundo puede dar, ¿no le parece?
-O sea que se trata más bien de una cuestión de poder. –sentenció Alina.
-Como poder, puede…ser. ¿Usted conoce gente que da?
-Poca.
-Así es, la gente que da es poca, es gente rara.
-Parece que todos los comerciantes de esta galería siempre le encuentran algo raro a la vida. –dijo Alina ya con fastidio.
-Es que lo común, lo trivial, lo rutinario, suele dar sensación de comodidad hasta el hartazgo. Es ahí cuando se busca lo raro, lo distinto, lo único ¿no le parece?
-No, no me parece que sea así.  La comodidad tiene su encanto.
-Desde luego, desde luego –añadió el hombre calvo-, pero hay que considerar que puede conducir a la pereza del alma, lo que se conoce como “dormirse en los laureles”.
Alina echó un vistazo al local que estaba lleno de plantas. Jazmines por doquier captaban su atención. Y sobre una estantería había distintos plantines de helechos y cactus. Se despidió y retomó su camino para salir de esa galería que pocas alegrías le había obsequiado, no sin tener que desatender algún comerciante que deseaba conversar con ella de lo que fuera.
Cruzó la calle y recorrió lugares que conocía de chica pero que hacía tiempo no veía, salvo en publicidades en la tevé. En un local centenario, pidió dos churros de dulce de leche bañados en chocolate y se los fue comiendo por el camino para alegría del paladar.
Mientras terminaba de masticar el último bocado, una mujer la saludó efusiva.
-¡Alina! ¿Cómo estás? ¡Qué alegría verte!
-Hola –dijo escuetamente Alina soltándose del abrazo-, pero… ¿de dónde nos conocemos?
-Yo soy Elsa Rampión, hicimos juntos el secundario en el Normal, ¿te acordás? Han pasado unos cuantos años pero estás igual que por aquél entonces.

Alina la observó al detalle. La mujer tendría su edad pero estaba muy avejentada.
-Tuve tres nenes, que ahora están grandecitos, tanto que dos ya trabajan, y después me separé. Es una nueva vida, ¿sabés? No dependés de los horarios de los demás ni de sus necesidades; es como una mochila que una va soltando.
-Claro, te entiendo.
-¿Y vos? ¿Seguís soltera? ¿Tenés novio?
-No, me casé hace siete años después de otros tantos de noviazgo. La convivencia cambió algunas cosas pero mientras haya amor todo se puede sobrellevar.
-Seguramente, seguramente. Te entiendo porque con mis hijos soy igual, o era, hasta que dejaron de necesitarme.
Intercambiaron un par de recuerdos de aquella época escolar y cada una siguió como si el encuentro nada hubiera cambiado en ellas.
Alina luego de entrar y salir de otros locales comerciales, a los que lo hacía por curiosidad para ver si había entrado alguna prenda que había visto en algún desfile o en alguna publicidad en las revistas que solía comprar, se cansó y paró un taxi.
El chofer le habló de lo mal que se vivía en esa ciudad, de lo malo que eran los servicios que el municipio prestaba y de la difícil situación económica que atravesaban las familias en general. Alina le dio la razón en todo, pero le dijo que siempre había motivos para buscar que la vida sea mejor que lo que se nos ha presentado.
-Hay cosas que no van a cambiar de un momento a otro, por lo que muchas veces es mejor pensar en construir, para el futuro, sembrar, por el porvenir. –dijo Alina, cuyas palabras recalaron en un silencio dentro del habitáculo que sólo se vio interrumpido por el inicio de una balada a través de los parlantes del mismo.
Se bajó del taxi en la puerta de su casa. Ya estaba muy oscuro y algunas luces comenzaban a darle un tinte menos tristón a la ciudad. La penumbra, emparentada con la depresión, alejaba todo atisbo alegre en las fachadas.
Al entrar, lo encontró a Eber sentado sobre el sofá, control remoto en mano.
-Hola amor.
-¡Hola! ¿Cómo te fue mi amor? –preguntó Eber dejando a un lado la tevé, el control remoto y su comodidad.
-Bien. Estuve recorriendo un poco esta enorme ciudad.¿Sabes? A veces pienso que la vida es como un paseo, donde se recorren lugares y calles, conoces gente y vidas, vives emociones y sensaciones, aprecias la bondad y la belleza, descrees de ideas y de cosas, y andas de aquí para allá sin rumbo, porque una sabe que en el fondo, tarde o temprano, siempre se vuelve a casa.
-Es verdad, y ya que hablamos de la casa estoy pensando en que le hace falta una buena mano de pintura, ¿no te parece?

La poesía silenciosa

Nada decía
nada callaba
no blasfemaba
ni tarareaba
ni criticaba
otra poesía.

No era que abría
mil emociones
ni sensaciones
ni sentimientos
algo olvidados
eran sentenciados
a remordimientos
de otra poesía.

No elucidaba
varias cuestiones
ni reclamaba
nominaciones
ni premiaciones
en los concursos
pues sus recursos
escatimaban
con alevosía
los de otra poesía.

Simple y tardía
muy silenciosa
cual melodía
fiel, vanidosa
se maquillaba
como babosa
luego escapaba
por las baldosas
y su travesía
le recordaba
otra poesía.

Resfrío

La nube trae su carga
se acerca y la descarga
el sol hará lo propio
la luz es como un opio
despierta y te hipnotiza,
si el hito paraliza
renueva el movimiento
y en el presentimiento
renace la esperanza,
ser bienaventuranza
es como un artificio
que rompe el maleficio
de alguna mala racha.
Si tu suerte la tacha
cual pañuelo al resfrío
al resguardo del frío
revocará la idea
al subir la marea,
alegría contagiosa
de tu gripe amorosa.

Tiritaremos

Cuando haga frío
tiritaremos
Con la brisa
Con la llovizna
Y en un abrazo
Nos fundiremos
Entre sábanas
Entre frazadas
Y en la mirada
Nos perderemos
Como nave en el cielo
Como navío en el mar
Y en un beso
Coincidiremos
Como el ocaso
Y el horizonte
Cuando haga frío.

Congelados

Frío en la ciudad
Helados los campos
Brisa que congela
Sonrisas y llantos,
Castañea la muela
Esperando el juicio
Víctima de silicio
De costumbre, libertad,
Sin carga que duela
En batería de litio.

La soledad del boquete

Se sentía solo el boquete
vacío en su inmensidad
la pared era tan grande
como el ancho horizonte
en lo alto tocaba nubes
de las que caían granizo
y todo tipo de lluvias
lloviznas y algún hechizo.
Y en el medio, justo, justo
el boquete tan gigante
que pasaba por delante
un avión aterrizando.
Entonces, dijo pensando:
hoy me tengo que llenar;
se tragó un par de camiones
colectivos y tractores
roedores y muchedumbres;
seguía quedando espacio
y el boquete dijo desnudo,
por favor, no me alumbres
a pesar de lo tragado
me sigo sintiendo vacío.
Y, así, seguía pensativo
mientras las manos obreras
con cuchara y hormigón
de a poco lo iban tapando.

Enredados

Vivimos, envueltos en redes
De amistades y familiares
De sentires y novedades
Redes de cosas vulgares
Y esas cargadas de humores,
Telarañas de pensamientos
Ilusiones hasta el firmamento.
Y así nos damos la mano
Como noble ser humano
En fraterno sentimiento
Al cobijo del sufrimiento
Y con sueños compartidos
Con momentos divertidos
Damos brillo al presente
Que es nuestro referente.
Y así, entre redes, vivimos
Mas luego nos desenredamos
Perdidos sin saber qué buscamos
O por haberlo creído lloramos
Nos miramos bien, nos reímos
Y entonces nos encontramos.

Tu voz llega

 

Tu voz oculta una rosa
que regada por el llanto
crece en cada quebranto
crece y se rectifica
fructifica y dulcifica,
tu voz será luminosa.

Tu voz, que llega y toca
palabra que dice tu boca
al sentir que lo trastoca
le dan nueva vitalidad
al vivir, desear, realidad
tu voz, tu sensibilidad.

Tu voz habla de adentro
propiciando el encuentro
entre estos dos corazones
que se unen sin razones
y danzan juntos al centro
donde coincidimos, dentro.

Frío de frente

 

Frío que se siente
frío que no miente
y con un tapado
salgo agazapado.

Frío que te empaña
vicios, sexo, mañas
frío que amontona
a muchas personas.

Frío que avejenta
que corta la venta,
frío que se pega
cada vez que llega.

Frío de este lado
frío en el costado
frío que de frente
te seca la mente.

Frío que se queda
se irá cuando pueda
frío que en templanza
surge la esperanza.

Demoras

Se hacen largas las horas
A la espera del encuentro
Parece eterno el momento
Cuando cuento las demoras.

Será que esperar es amar
Y por amor desesperar,
Será que amar es hallar
Sabrá el amor esperar.

Y pasan las horas aciagas
se curan heridas y llagas
Se alejan las tardes nubladas
Nos envuelven nuestras miradas.

El encuentro se cubre de gozo
las sienes hallan reposo,
la vida observa con retraso
Nos fundimos en otro abrazo.

Y así, las horas contadas
Se nos hacen desgastadas
Perder el tiempo en pavadas
Serán lecciones pesadas.

Hasta que por fin nuevamente,
Compartamos el ambiente
Y vivamos libremente
Amor consecuentemente.

 

 

Música

Música de fondo
piano que estremece
la voz no languidece
el coro cala hondo.

Y todo se aproxima
se mezclan los latidos
conviven los sentidos
se junta, se te arrima.

La música transmite
con ritmo y alegría
con suavidad, en armonía
lo que la voz no emite.

Al darle una poesía
a ese mágico lenguaje
bebemos el brebaje
sorbiendo melodía.

Y otra vez la poesía

Y otra vez la poesía
invade con sensaciones
el comedor, las habitaciones
el baño, la celosía.
Invade los corazones
entrañas con alegría
huesos con algarabía
con tristezas, con desazones.

Y otra vez la poesía
invade con sentimientos
las obras, los pensamientos
con rubor y con valía.
Invade la palabra también
la voz, cada discurso
invade como recurso
en el camino del bien.

Y otra vez la poesía
invade también la Tierra
y en breves versos se aferra
a su sutil valentía.
Invade libros, pantallas
recitales y grabaciones
invade constelaciones
con ardor y con agallas.

Y la poesía, otra vez,
recobre como el mar al pez
nuestra fe, nuestra vida
al confiar comprometida.

 

Adicciones

 

Héctor fumaba como un cornudo. No es que los cornudos fumaran de tal o cual forma, o en tal o cual cantidad, sino que la expresión “fumaba como un cornudo” le daba el tinte suficiente como para determinar que Héctor fumaba, tanto de frente como de perfil. Y en eso estaba el mismo Héctor cuando sonó su teléfono desde un número desconocido ( por él, claro está ). No sin antes vacilar, atendió.
-Hola Héctor, sabemos lo que estás haciendo y te queremos ayudar.
-¿Quién habla?-titubeó Héctor.
-Le hablamos desde la Secretaría de Salud, precisamente desde el Departamento de Control de las Adicciones.
-Sí, está bien, ¿pero quién habla?
-Mi nombre es Janette y estamos para ayudarlo, Héctor.
-¿A esta altura del partido me quieren cambiar? Me parece que se confundieron de Héctor… Probá con el siguiente de la lista a ver qué pasa.
-Héctor, por favor, apague ese cigarrillo y escuche.
Volvió a titubear y a vacilar con el cigarrillo entre sus dedos. Optó por darle una última pitada, con el teléfono al oído, y luego, a desgana, apagarlo con bronca sobre el cenicero.
-Escuche: su adicción se ha vuelto caótica y fuera de control, ya no tiene dominio de sus acciones y esto se debe a la falta de valor que le da a su palabra.
-¿De qué me estás hablando Janette? ¿Cómo sabés que falto a mi palabra? ¿Acaso te dije que iba a dejar de fumar ayer?
-Vamos Héctor, lo conocemos. Tenemos estudiado su caso. Y estamos comunicándonos con usted porque sabemos que no es un caso perdido, como tantos. Hay muchas esperanzas puestas en su persona. Aquí en el departamento incluso se han hecho apuestas a favor de que iba a dejar el mal hábito.
-Espero poder defraudarlos.
-Seamos sensatos Héctor. Su salud está amenazada. Nadie en su sano juicio puede tolerar tamaños momentos de estrés desmedido por los que suele pasar a diario. Usted, inocuamente, cree canalizarlo a través de sus charlas con amistades, cigarrillo y café mediante. Pero por algún lado salta la liebre.
-Es usted muy perspicaz Janette, pero no creo que logre hacerme desistir de mi ímpetu por llevar adelante una vida que, no sin altibajos, me ha dado felicidad.
Héctor encendió otro cigarrillo mientras dejaba sobre la mesa el teléfono en altavoz. Del otro lado se oyó un soplido, con un dejo de cansancio. A su vez, Héctor sopló el humo con un canso de dejancio.
-Mire Héctor, si por las buenas no quiere entenderlo, no nos quedará más remedio que hacerlo por las malas.
-¡Ah! ¡Se puso bravo el asunto!
-Tal cual.
-Y bien, ¿cómo sería entonces por las malas Janette?
-La solución a su problema de adicción sería el siguiente: Observando su acción desmedida y poco comprometida, sus comentarios procaces, sus opiniones ligeras, a través de la red social Facebook, no nos quedará otra que solicitarle a Mark cierre su cuenta por tiempo indeterminado, hasta tanto usted, estimado Héctor, se reeduque y clarifique sus ideas. Mientras tanto, puede contar con nosotros que le ofrecemos una terapia alternativa para combatir el estrés.
-Ppero… ¿entonces ustedes están al tanto de las zonceras que comento por ahí? –Héctor volvió a tomar el teléfono y colocarlo junto al oído para escuchar mejor.
-Desde ya. Nosotros velamos por la salud de la ciudadanía y queremos lo mejor tanto para usted como para el resto de los ciudadanos. Ocurre que a veces no nos dan los tiempos para ocuparnos de todos. Después de todo, no tenemos tantas manos.
-Entiendo. Bueno, este… prometo comportarme como todo el mundo. Pasa que a veces se me sale la cadena Janette. Igualmente, haré la terapia que me ofrecen.
-Se entiende, cualquiera pasa por momentos de bronca, euforia, desazón. Puede expresarse, Héctor, no nos preocupa eso. Lo que nos ocupa es su salú, ¿me explico?
-Si, si, pero, ¿y el cigarrillo? Creí que me llamaban por eso. Ya llevo tres al hilo en esta conversación.
-¡Ah! ¡El cigarrillo! Y qué le puedo decir que ya no sepa… Si va a fumar, desgraciado, hágalo moderadamente, estimado Héctor.
-Gracias.
-Hasta luego. Lo volveremos a llamar para constatar progresos en su escisión de la adicción.
-Adiós.

Frío frío

El frío helando los huesos
narices, rostros, espejos
los dedos y los bostezos
helando llega muy lejos.

Hola ola polar, ¿qué tal?
¿has venido a curar el mal?
Dicen que tus heladas
traen pestes escarchadas.

Y con este frío tan vivo
se congela hasta el estornudo,
pero en el abrazo furtivo
el calor nos funde cual nudo.

Por suerte tenemos el mate
poesía, canción, disparates
para atravesar el momento
de este frío de escarmiento
tu boca, tu voz, tus manos
hacen el ambiente humano.

Ya cuando llega la noche
de tiritar a incandescente
decir algo intrascendente:
¡Pero mirá qué frío, che!