Magia y Música

 

La música no sólo amansa fieras
también espanta a los temores,
coincide con tus contradicciones
ronda en tus sueños como esferas.

Repite en ritmos y sentencias
sonidos que otrora fueran ciencias
se quedan grabados en la mente
a veces al acontecer presiente.

Dice cosas más que interesantes
diplomas para genios pensantes
cual dioses que tocan las guitarras
con armonía te quitan de las garras.

Quien oye quizá se vuelva loco
no todo, quizá tan sólo un poco,
y cantando retorne a la cordura
alimento del alma cual verdura.

Encuentra el sabor en una nota
arpegio que la magia denota,
silencio que se toca cual coma
si escucha otra cosa se embroma.

La música subyace al universo
de todo parloteo es el anverso,
de paz es la bandera que levanta
la guerra y el barullo ella espanta.

Pero en todo murmullo reticente
la música es el símbolo elocuente
de un vivir benévolo en la gente
que baila y que canta displicente.

 

El arte es un disparador

 

Una pintura puede dejarte helado
o una escultura vista de costado,
la música dispara el pensamiento
y el espíritu se eleva somnoliento.

Se me ocurren mil cosas al escuchar
tantas aves que no las puedo atrapar
las observo, solitarias o en bandadas,
en su vuelo por el aire cual tostadas.

Y no creas que sólo digo bobadas
porque vuelan, libres de mermeladas,
si hay prisa por probar el desayuno
me esperan esta noche allá en Neptuno.

Es que vuela también el sentimiento
y la mente que viajando en el aliento
tiene apuro por llegar como ninguno
surca estrellas en el espacio que reúno.

De la  música es tan magnífica facultad
que te acerca a una sublime libertad
cuando grises son las nubes de tu avión
que no vuela si se larga un chaparrón.

En los tonos que el diapasón ha afinado
ya se oye el malestar que ha doblegado
y se despierta iluminado y sigiloso
un alcance que concuerda con el gozo.

Escuchar, escuchar y nada más
esa voz que describe tan veraz
lo que no siempre capta la mirada
esa voz que te protege cual espada.

Y sentir que la música calma y eleva
y si acaso algún demonio se subleva
será atado como bestia por mil años
si lo sufres vete a llorar a los caños.

Penetrar en la canción es comunión
unidad, cuerpo y alma, es el arte
y la música que llega a recrearte
te dispara en un suspiro al corazón.

Revelaciones del más acá

Hay un grupo musical llamado ‘El otro yo’ que, no por contraposición sino como iniciativa, busca acercarse a lo que una revista llama con su nombre ‘Uno mismo’. También existe un disco titulado ‘Todos hablan, nadie escucha’ que, desde ya, nadie escuchó. Y hay una banda llamada ‘La oreja de Van Gogh’. Y un relator de fútbol repite como mantra ‘no le pregunten a nadie’. Te digo todo esto por este medio porque escucho mejor del oído izquierdo que del derecho. Sí, ya sé, ‘Qué tendrá que ver’ es una canción de Rafael.

4G

Segundo Décima era un rockero de cuarta. Pero de no cuarta categoría como podría presuponer algún desprevenido, sino de cuarta generación. Cuando todos iban por la segunda, él metía quinta a fondo. Sin embargo, no fue sino hasta su sexto disco cuando lo reconocieron en una premiación en la que había sido ternado como artista revelación. Segundo, no obstante, se rebeló y no asistió a la entrega quedando la estatuilla en manos de su manager, quien la vendería luego para comprar chocolates. Décima tenía la particularidad de haber sido el primero en fundar un quinteto de vientos en esa categoría musical. Una de las canciones de dicho disco, titulado “Noveno cuarteto” disparó algún tipo de controversia con sus colegas. Parte de su letra daba parte de la filosofía que encaraba Décima en aquél tiempo:
A Dios gracias, existe el olvido
santo remedio final
en el que se desvanece mi mal.

Los más agitados fueron sin dudas Los tipitos, quienes pusieron el gritito en el cielo. Segundo Décima, lejos de retractarse, lo reafirmó en sucesivas canciones posteriores, sobre todo en el octavo hit del duodécimo disco ( dicho sea de paso, éste alcanzó a ser Disco de Níquel con las ventas al público en su primer año ), que sentenciaba en un pasaje del mismo:
La memoria en su tiranía
no cumplirá la promesa,
finalmente te olvidaré
tengo absoluta certeza
fue falsa la travesía
de mí te desterraré.

A pesar de sus numerables logros, Décima cayó con su último disco ( el vigésimo ) en el olvido del público. Los jóvenes no escuchaban sus canciones ni las tomaban en consideración. Los más veteranos, por su parte, reconocían que Segundo había perdido el ímpetu que caracterizó sus comienzos en la música. Se despidió con más pena que gloria dejando su vocación definitivamente tras la trágica muerte de su mujer, la afamada actriz Gloria Penna, en un accidente automovilístico. Hoy Décima pasa sus días recluido en su chalet de la cuarta avenida, alejado de la música, a la cual no destina ni una décima de segundo de su vida.

Sublime

La luz es tan veloz, que el hombre-hormiga
viajando a mil por hora, con ritmo de tango
llorón y compadrito, escuchando reggaetón
se confundió, salió de la catacumba, fango,
donde el croar de las ranas suena a canción
sin letra: está todo dicho, aunque no lo diga.

Todo se va llenando de emoticones, me gusta
escuchar canciones que nadie oyó, cuidado
con las caretas ( y las veletas ) que a diario
venden falacias económicas en el mercado.
Hay un cantante que a nuestro abecedario
le agregaría letras: alfa u omega; me asusta.

El chat es popular, pero el arte irá muriendo
se habla por ahí, se dicen cosas, los claveles
y mariposas tienen precio, que nadie regateó
la música no es pulcra, sublime, en los laureles
que otrora conquistó, sueños, el genio despertó
el arpa tocaremos,con precisión, al ir subiendo.

Y en esa melodía, ritmo de rock, escucharemos
en voz de algarabía un ruiseñor, y dormiremos.