El asado

Guitarra en mano, se hizo presente Robertino. Los muchachos lo aplaudieron cuando lo vieron llegar. La carne ya estaba sobre la parrilla. A Robertino poco le importó, y empezó:

“En la noche más oscura,
se juntaron los amigos.
Si la carne sale dura,
por si acaso traje higos.”

Se llevó los primeros, tibios, aplausos. El vino comenzó su danza. Robertino continuaba:

“De reuniones y de asados
los muchachos saben mucho.
Gente, se los ve cansados,
¿Alguien me convida un pucho?

Robertino guitarreaba, los muchachos se alegraban, mientras la carne se asaba. Entre estrofa y estrofa había charlas, bromas y la ronda del vino, infaltable. Robertino proseguía con su discurso musical:

“Si el asado se ha quemado
no se asuste, compañero,
que me vine preparado:
fui hasta lo del verdulero
y tomates le he comprado.
A usted le gusten, espero”

Los muchachos aplaudían. Se los veía a cada momento más contentos que el precedente. Se imponían distintos brindis, típicos en sus reuniones. Cada uno de ellos, generaba un brindis posterior, con diferentes tópicos: la amistad, el asado, la mujer. Robertino seguía con su música:

“Este asado huele rancio,
a esa carne quien la trajo,
si fue el bueno de Venancio
seguro compró a destajo.
Se les nota su cansancio,
¿Si le aflojan al trabajo?”

Robertino continuaba con sus estrofas. Los muchachos contentos.

“Esa carne no me gusta,
se lo digo sin probarla,
si usted a la vaca asusta
poco antes de matarla,
se pone tensa, robusta,
y sale fea al asarla.”

Los aplausos desaparecían en el espacio que rodeaba la reunión. Los brindis continuaban, como Robertino:

“Este asado no es sabroso
se lo dice un jeringoso,
huele a feo, huele a viejo,
prefiero un morrón añejo.
Si este asado se le quema,
sale duro, sabe a flema,
no se preocupe por nada,
llamo y encargo empanada.”

Las risas acompañaban los aplausos. El vino coronaba los momentos. Robertino, a cada instante se superaba:

“Este asado está podrido,
esa carne no han cocido.
Se ve cruda, roja, negra,
prefiero tarta de mi suegra.
Y si a usted le gusta este canto,
espero, se emocione, no tanto.
Sólo digo que este asado,
se ha quemado, se ha pasado.
Si usted lo come, cuidado,
alguno se ha indigestado.”

Entre risas, aplausos y brindis fue pasando la noche. Así fue, cuando fueron a comer, el asado se quemó. La carne estaba dura. En el centro cruda. Los muchachos comieron contentos, igualmente. Excepto Robertino, que es vegetariano.

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Revelaciones del más acá

Hay un grupo musical llamado ‘El otro yo’ que, no por contraposición sino como iniciativa, busca acercarse a lo que una revista llama con su nombre ‘Uno mismo’. También existe un disco titulado ‘Todos hablan, nadie escucha’ que, desde ya, nadie escuchó. Y hay una banda llamada ‘La oreja de Van Gogh’. Y un relator de fútbol repite como mantra ‘no le pregunten a nadie’. Te digo todo esto por este medio porque escucho mejor del oído izquierdo que del derecho. Sí, ya sé, ‘Qué tendrá que ver’ es una canción de Rafael.

4G

Segundo Décima era un rockero de cuarta. Pero de no cuarta categoría como podría presuponer algún desprevenido, sino de cuarta generación. Cuando todos iban por la segunda, él metía quinta a fondo. Sin embargo, no fue sino hasta su sexto disco cuando lo reconocieron en una premiación en la que había sido ternado como artista revelación. Segundo, no obstante, se rebeló y no asistió a la entrega quedando la estatuilla en manos de su manager, quien la vendería luego para comprar chocolates. Décima tenía la particularidad de haber sido el primero en fundar un quinteto de vientos en esa categoría musical. Una de las canciones de dicho disco, titulado “Noveno cuarteto” disparó algún tipo de controversia con sus colegas. Parte de su letra daba parte de la filosofía que encaraba Décima en aquél tiempo:
A Dios gracias, existe el olvido
santo remedio final
en el que se desvanece mi mal.

Los más agitados fueron sin dudas Los tipitos, quienes pusieron el gritito en el cielo. Segundo Décima, lejos de retractarse, lo reafirmó en sucesivas canciones posteriores, sobre todo en el octavo hit del duodécimo disco ( dicho sea de paso, éste alcanzó a ser Disco de Níquel con las ventas al público en su primer año ), que sentenciaba en un pasaje del mismo:
La memoria en su tiranía
no cumplirá la promesa,
finalmente te olvidaré
tengo absoluta certeza
fue falsa la travesía
de mí te desterraré.

A pesar de sus numerables logros, Décima cayó con su último disco ( el vigésimo ) en el olvido del público. Los jóvenes no escuchaban sus canciones ni las tomaban en consideración. Los más veteranos, por su parte, reconocían que Segundo había perdido el ímpetu que caracterizó sus comienzos en la música. Se despidió con más pena que gloria dejando su vocación definitivamente tras la trágica muerte de su mujer, la afamada actriz Gloria Penna, en un accidente automovilístico. Hoy Décima pasa sus días recluido en su chalet de la cuarta avenida, alejado de la música, a la cual no destina ni una décima de segundo de su vida.

Sublime

La luz es tan veloz, que el hombre-hormiga
viajando a mil por hora, con ritmo de tango
llorón y compadrito, escuchando reggaetón
se confundió, salió de la catacumba, fango,
donde el croar de las ranas suena a canción
sin letra: está todo dicho, aunque no lo diga.

Todo se va llenando de emoticones, me gusta
escuchar canciones que nadie oyó, cuidado
con las caretas ( y las veletas ) que a diario
venden falacias económicas en el mercado.
Hay un cantante que a nuestro abecedario
le agregaría letras: alfa u omega; me asusta.

El chat es popular, pero el arte irá muriendo
se habla por ahí, se dicen cosas, los claveles
y mariposas tienen precio, que nadie regateó
la música no es pulcra, sublime, en los laureles
que otrora conquistó, sueños, el genio despertó
el arpa tocaremos,con precisión, al ir subiendo.

Y en esa melodía, ritmo de rock, escucharemos
en voz de algarabía un ruiseñor, y dormiremos.