Ciclos

-¿Y a qué te dedicás?
-Hago trabajos de reciclado en plásticos, metalíferos y de origen vegetal y reordenamiento de desechos urbanos.
-¡Muy bien! ¡Felicitaciones! ¡Qué bárbaro!
-Este…
-A mí me encanta la gente que hace cosas por el medio ambiente.
-Bueno…
-Que se preocupa por el destino que se le da a los residuos.
-Eh…
-Gente que hace cosas para que el mundo sea cada día un poco mejor.
-¡Soy ciruja!
-Ah! Este…Bueno… ¿y cómo te está yendo?

Anuncios

Diálogo crucial

-¿Creés en la evolución?
-Si, desde ya. Todo cambia y nada permanece idéntico, y en ese movimiento hacia adelante existe una suerte de evolución.
-¿Creés en la revolución?
-Si, desde ya. Todo cambia y no hay sociedad que permanezca idéntica, y ese movimiento tiende hacia adelante en una suerte de revolución.
-¿Creés en la devolución?
-Si, desde ya. Todo cambia de manos y nada permanece en las mismas perpetuamente, y ese movimiento tiende a volver a la fuente para su devolución.
-¿Creés en la resolución?
-Si, desde ya. Todo cambia y ningún problema permanece idéntico, y en ese movimiento vertiginoso se vislumbra la resolución.

Sosiego

Estaba cansado por el trajín de la semana, los conflictos sociales, la parálisis creativa y la turbulencia política. No obstante, salí a caminar. Estaba anocheciendo y el andar casi a tientas en la penumbra de la ciudad me despejó las ideas, templó mi ánimo y apaciguó mi espíritu exaltado. Al emprender el regreso, recorrí un camino hasta hoy desconocido por el que vislumbré nuevas arquitecturas y luminarias modernas. Unas cuadras antes de llegar a casa escuché una voz que me saludaba.
-¡Leo! ¡Leo!
Miré en todas direcciones y, aunque creía reconocer la voz, mi cansancio y la miopía me impedían encontrar al portavoz ya entrada la noche. Inmóvil, como estatua recién tallada, lo escuché nuevamente aún sin divisarlo:
-¿¡No me vé o so ciego?!

Incompatibles

-¡Qué hacés incompatible!
-¿Cómo andás incongruente?
-Acá andamos. ¿Vos? ¿Incorregible como siempre?
-Incomparable, querrás decir.
-No, quise decir insobornable.
-¿Yo, insobornable? ¿A qué debo tal intrincada devoción?
-A que te guardo un insustituible amor.
-Afecto, será, infeliz.
-No, es más bien un cariño interminable.
-Yo también te quiero, inútil.
-Tanto como querer no es lo que siento, no me interpretes mal.
-No lo hago, intento comprenderte pero caigo en acrobacias intelectuales que me llevan a inclinarme a pensar que sos inherentemente homosexual.
-Intempestiva declaración la tuya. Incidentalmente he ingerido algún inmigrante.
-Sabía que tenías inclinaciones inquietantes. ¿Cómo anda tu inquilino?
-Intacto. Es inteligente e intelectual. Se aplica en su investigación.
-¿En qué se inmiscuye?
– Se inquieta en interrogatorios interplanetarios. Él insinúa la inmortalidad, pero sufre insomnio.
-¡Qué inepto! Deberíamos interrumpir su inusitado estudio.
-No, su inequívoca indagación involucra indios. Dejémoslo.
-Insisto, deberíamos invocar su infancia para socorrerlo.
-Olvidémoslo, es inocente. Vive su propio infierno.
-Ingenuo, por momento eres inhumano.
-Inhalo un olor nauseabundo, ¿qué será?
-Es intenso, proviene del interior.
-Ingresemos.
-Yo me voy. Intuyo que de esa inopia no pueden ser flores.
-Veo que hay heces incandescentes. Es indeseable, como la inflación.
-Vámonos antes de que nos inculpen.
-Galopemos hacia la inmensidad, infame.
-Tu insulto es inexorable, aunque inerte.
-No fue mi intención infligirte daño, sino infundirte coraje para largarnos de aquí.
-Entonces finiquitemos inmediatamente este instante de inmovilidad.
-¡Espera! El inquilino viene con el inodoro incrustado en el trasero.
-¡Intrigante! ¿Insinúas que son los gases?
-Inspeccionemos el insólito episodio.
-Es inagotable tu espíritu inquisidor.
-Innato.

Retoño de otoño

 

El viejo Vizcacha
viajaba en bizcocho
tomaba tomates
con matas en mate,
un día diabólico
en el bólido balaba
cantando en el canto
de la ventana en venta
mientras algún mantra
rezagado rezaba:
“la yerba de Bayer
no es nueva ni buena,
recuerda que cuerda
sujeta su jeta”.
¡Pobre viejo en viaje!
No se llevó la llave
ni se trajo su traje
tenía hornero en el horno
perdió un tornillo su torno.
¿Lo coloco? Loco… loco.

Alien

Ahora que tengo Facebook soy alguien. Antes no. Era nadie. Pero ahora puedo decir con seguridad que soy alguien. Y eso es una tranquilidad, porque ser nadie es como no existir. Ya me decían mis amigos, cuando no tenía celular que sin celular no existía. Y como no existía no me daba cuenta. Me decían que sin plata no existía, que sin Nike no existía y cosas así. Pero uno, al no existir, ni cuenta se da. Pero ahora existo, aunque ya me vienen dejando afuera de la existencia diciéndome que, esta vez, es porque no tengo Instagram ( ya estoy forrado en guita, tengo ocho celulares, cinco pares de Nike y tres cuentas de Facebook ). Esto de ser alguien, aunque parezca divertido, me está llenando un poco las pelotas. En cualquier momento vuelvo a mi antigua condición de ser nadie.

La gran barata

Entra un equipo de rugby a un minimercado, todos recontrasudados, con barro hasta en las orejas, pero, no obstante, los tipos muy educados.

-Buenas tardes.

-Buenas tardes.

-Buenas tardes.

El empleado asintió con la cabeza, un poco sorprendido por la mala fama que tenían estos deportistas y máxime cuando salían en grupo. Uno de ellos, que parecía ser el capitán, tomó la palabra y preguntó por el precio de la hambuerguesa, que lucían a la vista ya preparadas para comer.

-100 pesos. -dijo el empleado.

Los rugbiers se miraron entre ellos.

-Es cara.

-Es cara.

-Es cara. -dijeron los quince.

El capitán preguntó por el precio de la cerveza, precisamente la lata de Heinekken de medio litro.

-90 pesos. -respondió el empleado.

Los rugbiers, con una tranquilidad propia de golfistas, se miraron entre ellos y dijeron uno tras otro:

-Es cara.

-Es cara.

-Es cara.

El capitán, inmutable, volvió a tomar la palabra, esta vez para preguntar por el precio de la picada, cuyas bandejas se observaban detrás del vidrio de una heladera exhibidora.

-150 pesos -dijo el empleado impertérrito.

Los rugbiers, cuyo sudor no cesaba de gotear el mosaico del local, se volvieron a mirar entre ellos y uno a uno dijeron:

-Es cara.

-Es cara.

-Es cara.

El empleado los miraba detrás del mostrador y, cuando los vio girar y creyó que se iban, los rugbiers tomaron posiciones de frente como en su mejor scrumm con un grave y sostenido grito de guerra:

-¡¡¡¡Escaramuza!!!!!!!!!!

Arrasaron con hamburguesas, picadas y latas de Heinekken, cayendo otros productos a su paso cual huracán, mientras el empleado, acurrucado en un rincón, debajo de un mostrador veía pasar al capitán, en la cola de los alegres rugbiers, con una tira de salamines colgando del cuello a título de medalla.

4G

Segundo Décima era un rockero de cuarta. Pero de no cuarta categoría como podría presuponer algún desprevenido, sino de cuarta generación. Cuando todos iban por la segunda, él metía quinta a fondo. Sin embargo, no fue sino hasta su sexto disco cuando lo reconocieron en una premiación en la que había sido ternado como artista revelación. Segundo, no obstante, se rebeló y no asistió a la entrega quedando la estatuilla en manos de su manager, quien la vendería luego para comprar chocolates. Décima tenía la particularidad de haber sido el primero en fundar un quinteto de vientos en esa categoría musical. Una de las canciones de dicho disco, titulado “Noveno cuarteto” disparó algún tipo de controversia con sus colegas. Parte de su letra daba parte de la filosofía que encaraba Décima en aquél tiempo:
A Dios gracias, existe el olvido
santo remedio final
en el que se desvanece mi mal.

Los más agitados fueron sin dudas Los tipitos, quienes pusieron el gritito en el cielo. Segundo Décima, lejos de retractarse, lo reafirmó en sucesivas canciones posteriores, sobre todo en el octavo hit del duodécimo disco ( dicho sea de paso, éste alcanzó a ser Disco de Níquel con las ventas al público en su primer año ), que sentenciaba en un pasaje del mismo:
La memoria en su tiranía
no cumplirá la promesa,
finalmente te olvidaré
tengo absoluta certeza
fue falsa la travesía
de mí te desterraré.

A pesar de sus numerables logros, Décima cayó con su último disco ( el vigésimo ) en el olvido del público. Los jóvenes no escuchaban sus canciones ni las tomaban en consideración. Los más veteranos, por su parte, reconocían que Segundo había perdido el ímpetu que caracterizó sus comienzos en la música. Se despidió con más pena que gloria dejando su vocación definitivamente tras la trágica muerte de su mujer, la afamada actriz Gloria Penna, en un accidente automovilístico. Hoy Décima pasa sus días recluido en su chalet de la cuarta avenida, alejado de la música, a la cual no destina ni una décima de segundo de su vida.

Diálogo entre dos marmotas

-¿Desde cuándo insultar a otro causa gracia?
-Desde el advenimiento de la imbecilidad.
-¿Por qué un insulto en una dirección es gracioso y en la opuesta es ofensivo?
-Por la relatividad de los polos intercambiables y la intransigencia de los caminos.
-¿Por qué la ignorancia tiene el impulso de perpetuarse en su orgullo de no saber?
-Porque desconoce su condición y hace alarde de ella en contraste al conocimiento que la descubre.
-Si todos tenemos algo de imbécil de lo que jactarnos, los que dominan el mundo ¿son los reyes de la imbecilidad?
-En el país de los imbéciles, el idiota es rey.
-¿Quién nos guiará en el camino del despojo de la estupidez?
-Sólo aquél estúpido que se haya despojado de su estupidez.
-¿Por qué la imbecilidad es tan atractiva?
-Porque se considera que se la puede dominar, que se la puede conquistar con poco.
-¿Cuál es la diferencia entre un idiota y un imbécil? ¿Y el estúpido?
-El imbécil hace diferencias, el idiota no las reconoce; el estúpido pregunta.
-¿Los imbéciles puede ser eruditos?
-Doctos.
-¿Cómo reconocemos al estúpido?
-Se viste a la moda, habla a la moda y piensa a la antigua.
-¿Por qué somos tan idiotas?
-Por mérito. Valor y tesón. Constancia y sacrificio. Y sobre todo superación y competencia.
-¿Cuál es el límite de la estupidez?
-Carece de fronteras concretas y se propaga al doble de la velocidad de la luz. Además se hereda y se cultiva.
-Cuando comprenda todo lo expuesto, ¿qué ocurrirá?
-Obtendrás tu diploma de imbécil y una corona de idiota.

Comunicaciones telefónicas

-¡Buenas tardes! ¿Hablo con el titular de la línea?
-Sí, él habla.
-¿Me podría pasar con el suplente?
——

-Buen día Señor. Lo llamo por el inodoro.
-¡Mierda! ¡Cómo avanza la tecnología!
——

-Buen día. ¿Está el señor Señor?
-Sí. ¿De parte de quién?
-Dígale que de parte de Quién.
——

-¡Señor! Lo estamos llamando de la compañía Compañía para ofrecerle un nuevo beneficio.
-¡Oh! ¡Qué bien! ¿Y en qué consiste el beneficio?
-Con este beneficio que le ofrecemos usted obtendrá nuevos beneficios.
-¡Oh! ¡Qué bien! ¿Y en qué consisten esos beneficios?
-Con esos nuevos beneficios que le ofrecemos usted obtendrá nuevos beneficios consistentes en obtener nuevos beneficios.
-¡Oh! ¡Qué bien! ¿Y en qué consisten esos nuevos beneficios? …
——

-Señor, lo estamos llamando para verificar si su línea ya está habilitada.
-No. Sigue cortada.
-Bueno, seguimos trabajando en su reparación. Disculpe las molestias.
——

-¡Hola! ¿Se encuentra el señor Ramón Schwartzemblieggert?
-No. Aquí vive Ramón Schwartzemblieggerzj.
-Ah. Disculpe. Que tenga buen día.
——

-¡Hola! ¿Hablo con usted?
-Sí, efectivamente él habla.
-¿Le molestaría dejarnos a solas?

Alto rendimiento

Cuando practicaba deportes, mi mayor bronca pasaba cuando, en juegos de equipo, no era partícipe de los errores. Pensaba y daba vueltas al asunto… por qué tenía que jugar con semejantes chotos?? No me podría haber tocado jugar en un equipo con jugadores un poco, y digo un poco, màs decorosos? Qué malos que eran! Encima se creían el Barsa!En fin, mi apreciación como jugador estaba tan alta que pensé muy seriamente en llevar mis apetencias atléticas a practicar un deporte en el que no tenga que depender de otros para los resultados. Así fue que me volqué al tenis. Jugaba solo, dependía de mi rendimiento y no podía culpar a nadie si las cosas no resultaban. Me tenía mucha fe, básicamente por la destreza que mostraba sobre el césped, la inclinación natural que tenía para los deportes aeróbicos y la alta competencia y el buen estado físico y de salud que ostentaba. El torneo fue maravilloso: bien organizado, con jugadores de alto nivel y gran afluencia de público. Se extendió a lo largo del año y jugué todos los fines de semana. Al finalizar la temporada, más allá del goce natural por la participación en tan magno deporte y quedar último cómodo habiendo ganado un sólo game en todo el año , resolví volver a jugar con mis antiguos compañeros del fulbito de los domingos. Qué se yo… son buenos pibes y tan mal no la pasábamos. Quizá haya algo de cierto en eso que una vez el Tortu me dijo: el choto sos vos.

Frases memorables de ayer, hoy y siempre

Los grandes personajes de la historia suelen considerarse como tales por el público por sus atributos sobresalientes, sea en destreza, inventiva, talento y genialidad, por eso se divulgan sus frases más elevadas para que sirvan de modelo a la humanidad. Y si bien el hombre actual no tiene tiempo ni ganas de leer todas, algunas de ellas rozan lo supremo y es por tal motivo que muchas veces en los medios y en las redes se tergiversa lo dicho por éstos seres de orden superlativo, que supieron salir de la norma y la monotonía de la gente vulgar para hacerse un lugar en el pensamiento universal. He aquí algunas de las frases de mayor trascendencia y valiosas de tales ánimas que han pisado la Tierra, para que reflexionemos en lo profundo de la existencia del ser humano:

“Esta sopa está fría”- Jorge Luis Borges

“Oia… se me desataron los cordones”- Albert Einstein

“Decime cuál, cuál, cuál es tu nombre”- Mozart

“¿Me pasás el talco de una buena vez?”- Winston Churchill

“Anoche soñé con ranas, parlantes y tilingos” – Juan Pablo II

“No te pongas tanta ropa”- Napoleón

“¡Qué cara está la lechuga!” – Charles Chaplin

“Buenas noches, señor presidente” – Marylin Monroe

“Me duele el páncreas” – Friedrich Nieztche

“Habemus papas fritas” – Steve Jobs

“Mmmmmm…¿Sentís ese olor?” – Freddie Mércury