Tres versiones de canto

No sé qué había soñado pero como de costumbre el sueño me dejó pensando en toda suerte de cuestiones a las que no les dedico gran cosa a lo largo del día. Después del café, lo primero que sentí al salir fue el aire helado en el rostro. Como escritor invernal, ahora entiendo el chiste aquél en el que te preguntan capciosamente si vos sabés lo que es el arte, y más que entenderlo lo padezco como todo artista de países en las vías del desarrollo. Un par de gorriones disputaban con bullicio por un poco de luz solar en una rama. Es suposición de mi parte, aunque tal vez me equivoque y juegan al amor. Descubrí los primeros charcos congelados sobre el pavimento, réplicas de pistas de hielo que evitan los motociclistas. A esa hora de la mañana sólo puede haber dos negocios abiertos en el barrio: el forraje y la panadería. Como los perros ya tienen alimento resolví buscar alguno para mí. Entré en la panadería y el contraste de ambientes era muy notorio. Lo cálido del lugar daba mucho placer, y ni hablemos de la degustación culinaria a la que estaba a punto de sucumbir seducido por el aroma exquisito que emanaba de los hornos y las estanterías del local. Regresé por calles distintas a las que había ido, y en el camino encontré una piedra extraña en un lugar poco usual erguida como un tótem al que las hormigas le rendirían un culto pagano, con sacrificios y ofrendas a la deidad si llegaban, atravesando la vereda ante el peligro de los peatones que transitasen el lugar; las que morían en la travesía o ahogadas por las lluvias serían ofrendadas al tótem como muestra de lealtad del pueblo; las que resultasen malheridas de un pisotón serían sacrificadas. Luego, al seguir camino recordé uno de los sueños. Se había hecho un gran silencio, y en el silencio, comenzaron a cantar. Eran cantos desgarradores, lastimeros, una mezcla de tonos agudos como lloriqueos y graves como de truenos, presagiando la tormenta que se avecinaba con oscuros nubarrones. El golpeteo de los tambores con fervor entusiasmaba a los que hacían el coro, coro desprolijo en su lenguaje nativo que no pude comprender. Enseguida, las mujeres se dispusieron a danzar frente a la fogata, con saltos acrobáticos por encima del fuego corriendo un riesgo que las llenaba de adrenalina y las hacía sonreír con cada triunfo. Los dos ancianos que se erguían  entronizados en las rocas empezaron a recitar salmos o poesías cuando aquellos se hubieron callado. Todos nos sentamos alrededor de la fogata para escucharlos hasta que apareció el primer trueno de la bóveda celestial y cayeron las primeras gotas, gordas, gruesas, que pegaban en los cuerpos desnudos de todos los que participaban del ritual, gotas que pronto se transformaron en un aguacero que arreciaba sobre todos y nos tuvimos que guarecer en las chozas. A través de la paja, aún podía ver el fuego y cómo, poco a poco, iba apagándose por la lluvia.

Hay cuentos que son reveladores, pero hay otros que son disparadores de la motivación, de la vocación. Uno de estos últimos es “El milagro secreto”, de Borges, el cual es como una alegoría de la vida misma y, si bien el protagonista escribe, se podría tratar de un cocinero, un músico o un hombre de negocios tranquilamente si el lector lo considera. Seguí caminando hasta llegar a casa. Comí unos pocos bizcochos, que aún estaban tibios, preparé el mate, puse a andar el lavarropas y se disipó el manto de silencio que cubría el ambiente. Comenzaron las charlas, los camiones y la música. No fue hasta media mañana, al oír un perro, cuando tuve un atisbo de otro de los sueños que había tenido en la noche: Estaba en un recital y se produjo un silencio muy pronunciado que generó inquietud y expectativa. Algo pasaba en los parlantes o el equipo de sonido. Los técnicos corrían de un lado a otro ante la impaciencia del público. El bajista se arrimó a la primera fila y acompañó al público que había comenzado a cantar, aunque más atrás sólo se escuchaba el canto del público, las voces desaforadas de la muchedumbre. El cantante pateó un parlante con rabia, ni siquiera les podía dar un mensaje esperanzador o decirle que les devolverían el valor de las entradas si no solucionaban  el desperfecto. La gente seguía y seguía cantando siempre la misma canción, principalmente el estribillo, repitiéndose hasta el cansancio. Con el correr de los minutos, y la desesperación de sonidistas y técnicos, la desesperanza de la banda -que creí reconocer como No te va gustar– por ver fracasar el recital y el desconcierto del público, los cantos se convirtieron en bulla y griterío, incluso hubo forcejeos y algunas piñas volaron por el aire. Muchos comenzaron a retirarse, otros querían subirse al escenario, pero el personal de seguridad actuó rápidamente para impedirlo; de hecho, varios fueron arrojados entre los otros con una fuerza bestial y uno me cayó encima. Hubo corridas, gases, y banderas incendiadas. La banda hizo gestos de disculpas y se marchó. La voz cantante del grupo intentó decir algunas palabras al público pero nadie lo escuchó. Todos oscilaban entre el fervor y la desazón, o una mezcla de ambos. Furia y desilusión también enturbiaban el ambiente. Los cantos habían cesado. Quedaba el humo y los reproches por lo bajo entre la gente que se retiraba del estadio, caminando lentamente, prometiendo volver.

Sonaban las notificaciones del hot sale en el celular, que no atendía, y llamó el cartero, que sí atendí. El mate se había enfriado por lo que tuve que calentar el agua. Aproveché para cambiar la yerba, esta vez por Verdeflor. Atendí a los perros que, a pesar del frío, celebraban la mañana. El mecánico había comenzado a trabajar con los motores, que se hacían escuchar a pesar de la distancia. Envié varios mensajes pero todavía cada quien estaría con sus sueños a cuestas, por lo que no respondían. Un carro tirado por un caballo pasó como casi todas las mañanas, antes del mediodía, que se me venía encima como un tren a todo vapor y pronto otras actividades, noticias apareciendo y quehaceres me llevarían a dejar lo que tenía pensado para el día. Al observar el caballo, recordé el otro sueño que me inquietó durante el descanso nocturno. En mis cuentos no hay espacio para la guerra, al menos en la cosecha hasta la fecha, pero en mis sueños pareciera que sí, y al parecer era un soldado. Un grupo de cinco comenzaron a cantar. Estaban atemorizados por el horror de lo acaecido minutos antes. Los otros soldados no decían nada, aparentemente aguardaban alguna orden del coronel. Entonaron una canción que León Gieco había hecho popular: Como la cigarra. Y aquellos cantaban “tantas veces me mataron” en un coro auténtico, como si lo hubiesen estado ensayando hacía meses. Los soldados que los rodeaban y apuntaban con los fusiles M46 se miraban entre ellos sin comprender el acto de aquellos. El soldado Henry Pierce ( alguien lo nombró ) se reía con ahínco en una carcajada que estremecía a los improvisados cantantes, aunque no tanto como para interrumpirlos, pues seguían abrazados entonando “tantas veces me morí”. De repente, sonó el intercomunicador del soldado Pierce con órdenes del coronel: ejecútelos. La balacera de los fusiles M46 no se hizo esperar y acabó con el canto de los cinco soldados, que supe en ese momento eran desertores. No alcancé a escuchar nada más luego de que el silencio vuelva a cubrir todo el ambiente. Me alejé, con una lágrima rodando por mis mejillas que no supe que había salido de mis lagrimales hasta que la sentí en los labios. Ya estaba bastante lejos de aquella matanza y supe que no me iban a escuchar cuando entoné el verso final: “Sin embargo estoy aquí, resucitando”.

A pesar de los cantos, el silencio, la música que me acompaña en la mañana, no tengo registros del orden de tales sueños, más que como vino su tenue visualización en la vigilia. Lo que me queda en limpio es que tendría que haber aprendido idiomas para comprender el canto de los nativos, cosa que todavía estoy a tiempo de hacer. y que en los recitales los rituales pueden fallar. El soldado me recordó que en Henry -librería en Bahía Blanca- se pueden conseguir mis libros.

Tiempo para soñar

“Mucha calma para pensar
y tener tiempo para soñar”.  Joao Gilberto

Sagrada la vida que asoma a la herida, en psiquis y en soma sagrada y querida; la parca temida, aliada y rendida, rinde pleitesía al coraje y bravía, al valor valentía, al follaje que se nutre del calor, que no tiene pudor al cambiar de atuendos, que le da dividendos a las formas de vida, cobrándolo enseguida con el canto del ave que suave y titubeante desgrana la mañana, y al emprender vuelo saltando del suelo irá atravesando brindando consuelo. Leyendo textos viejos, me encuentro y me recreo, me pierdo, me distiendo, se abre un abanico de posibilidades a la hora de la escritura que uno no sabe ( la ciencia cierta del no saber ) si dirigirse hacia aquí o hacia allí, o al más allá de las palabras. Toda vida es aquí, lo que soñemos tiende a ser aquí, el encuentro, la voz, los proyectos, y vidas por venir, se desarrollan florecen decaen justamente aquí, al amanecer precisamente cuando las aves inclinan la balanza de la belleza sobre las cosas feas o que nos disgustan. Lo cultural marca el ritmo de vida: días que se mueven, horarios que se estancan, semanas inocentes, tardes de sabores que exprimen los sentidos. Hace falta música para que el aire vibre y suene la melodía proverbial que acaricie el espíritu por encima de la libido, materia o sustancia ígnea de la unión con la mujer que descansa ahora en la cama esperando el anuncio de un nuevo día. Nuevo como el aire que respiro, nuevo como el alba, nuevo como el canto vivo, nuevo como el escrito que se extiende de tinta sobre la faz blanca de la hoja, nuevo que se renueva al parpadear y al silabear estas frases, hasta que la suerte los separe. En la salud y en la enfermedad comprendemos que estar vivo es otra suerte, una suerte de milagro si se quiere, apreciándolo en su máximo esplendor al recobrar la salud, olvidada cuando se tiene ya que obra como norma. Cuando hay salud es posible pensar y cuando irrumpe la enfermedad esta se lleva gran caudal de atención, hasta que nos volvemos médicos especialistas en tales cuestiones que atraviesan el cuerpo. Y pudiendo pensar, los sueños aparecen –siempre que el tiempo no nos devore- y con ellos los deseos: de progreso, de bienestar, de felicidad. Tener tiempo es vivir, independientemente de la actividad en que recaiga el tiempo, el cual podría ser de construcción, de reflexión, de inflexión, de inventiva, de siembra o de narrar los vaivenes del mismo tiempo, como pasatiempo. El tiempo no puede traer la solución a todos nuestros problemas, pero que tengamos tiempo para resolverlos es parte de la solución. Por otro lado, no todo son problemas: hay desafíos, caminos sinuosos, obstáculos al avance, en fin, situaciones que nos piden atención y otras que es mejor desestimar; por eso reloj, no marques las horas, deja que mis pasos me revelen los secretos más profundos de este ser. Las creaciones del tiempo, variopintas, quedan vetustas con sus correteos; los sueños están al presente, vivaces, para olvidarlos luego con nuevos sueños o con el ajetreo del tiempo, con cada hilo de pensamiento que nos lleva hacia montañas y cordilleras cubiertas de nubes, nubes de palabras, imágenes y sensaciones que pronto brotarán en discursos académicos o comerciales, ofreciendo algún modo o alternativa para vencer el tiempo, vaya paradoja del destino, cuando el tiempo venza, y el ocaso de los sueños pinte todo el paisaje con su luz.

Sueños de vigilia

A veces los sueños de los hombres se hacen realidad o, mejor dicho, tienen su reflejo en la vigilia ( ¿por qué razón deberíamos llamar al sueño irreal? ). Y a veces, no obstante, los sueños que tienen lugar cuando dormimos no desaparecen totalmente con la llegada de la vigilia, al abrir los ojos, sino que se entremezclan en un todo que nos envuelve. Y a veces, sin embargo, algunos de esos sueños se tornan pesadillas que creemos olvidar al despertar, o al menos evitamos con ello su discurrir que parecía –en sueño- inevitable.
Lo mismo ocurre con la vigilia, que no siempre es pura y carga con ella sueños y ensueños, visiones y fantasías, ilusiones y temores, que con el transcurso del día se van desvaneciendo hasta que caemos dormidos en algún sueño maravilloso del que no querríamos despertar.

Lo vivido

Todo lo vivido
Todo lo pensado
Todo lo soñado
Todo lo desado
Viaja a ningún lado
Sigue de costado
Queda cual legado
Como lo heredado,
Como por traslado
Sigue recostado
Cerca del tejado
Cerca y alejado
Junto a lo cargado
Duerme aletargado
Y al ser despertado
Vuelve recreado.

Soñando

Dormido estuve soñando
Y que a mi lado estás vos
Soñando estuve creando
Así como crea un dios.

En el sueño era vertiginoso
El drama y la sensación
Y en un profundo reposo
Soñaba una dulce canción.

Un sentimiento rotundo
Me descubrió en otro mundo
Mas luego el sueño se olvida
Y descubrimos esta vida.

Soñé que el piso era el techo
Y un árbol de fruto da amor
Soñé que un niño en su lecho
Soñaba un mundo mejor.

Cosas que pasan

Estaba frente a un portal que me conducía Dios sabía a dónde. Yo no. Y con eso no quiero negar que de algún modo sea una suerte de dios. Tenía la llave en mi mano pero no me atrevía a abrir. Sentía un cosquilleo en el estómago y no era hambre. Al otro lado me esperaba el destino, por lo que me decidí y abrí. Y no sólo eso, sino que además entré. Bueno, en realidad miento, porque la puerta no conducía a un recinto cerrado sino abierto. Por lo que salí a él. Mi primera impresión fue la de sentir una inmensa soledad. Allí, estaba convencido, no había nadie. Era raro, porque los sueños suelen estar llenos de personajes, pero este no era uno típico, si es que hay sueños típicos. Lo atípico es que sabía que estaba sólo en ese microuniverso, que no era pequeño, pero era sólo mío. Una luz cálida pero no cegadora inundaba el lugar. También había agua, en un pequeño arroyo del cual bebí hasta saciar la sed que sentía en ese momento. La sentí correr por el cuerpo, refrescando mi garganta, hasta reposar en el estómago. De repente, la soledad que creía me abrumaría, se disipó con la presencia de varios ratones corriendo delante de mí en fila. Algunos atravesaron el arroyo y otros parecían zambullirse en él. Todo había cobrado vida con mi mera presencia. Y eso me alegraba. Pronto, unas gaviotas alzaron vuelo sobre mí y se oyó el graznido de varias. Había varias plantas floreciendo junto al arroyo, de los colores más llamativos: celeste, violeta, lila, turquesa, ¡dorado! El aroma que emanaba de ellas era cautivante. Observé el arroyo y estaba poblado de peces naranjas y amarillos de diversos tamaños que nadaban en él. La paz del lugar me colmaba de satisfacción. Todo era perfecto, hasta que apareció frente a mí una figura colosal. Era un gigantesco cíclope que iba destruyendo todo con su mirada de fuego. A medida que avanzaba, quemaba pastizales, flores, árboles y animales. Era sin dudas Shiva, el dios de la devastación. En mi visión aparecía como una forma casi humana, a excepción de que sólo tenía un ojo. Además tenía dos pares de piernas y su piel era de color azul. Tenía una larga cabellera atada con una trenza y varios brazaletes de oro. Se acercó hasta mi posición y el temor me hizo arrodillar. Creí que sería fulminado rápidamente. Sin embargo, Shiva retornó hacia el horizonte desde el cual lo había visto venir y se perdió de mi vista.

La calma había retornado al ambiente. Nuevamente, varias aves acudieron en busca de alimentos, algunas lo tomaban del suelo otras pescando en vuelo del arroyo. Cuando creí que todo se desarrollaría en tranquilidad, grande fue mi sorpresa cuando emergió un magnífico león al trote. Pero allí no había carne que aplacara su hambre, excepto mi figura. Cuando me vio, corrió rápidamente hasta donde estaba y se paró delante de mí. Caí rendido a sus pies implorando que no me comiera y, no sé si por piedad, no lo hizo. Continuó corriendo a toda marcha en dirección opuesta a la que había aparecido frente a mí. Me sobrevino el calor de repente por lo que decidí darme un baño en el arroyo. El agua estaba tibia, pero me refrescó lo suficiente como para disminuir el calor que sentía. Recogí algunas piedras y las lancé sobre el agua haciéndolas golpear varias veces la superficie del arroyo. La última que lancé hizo un movimiento extraño que acaparó mi atención. Luego de golpear tres veces sobre la superficie, retornó hacia mí y golpeó otras tres veces cayendo delante de mis pies. En ese momento pensé: esto sólo puede suceder en un sueño. Y comencé a danzar en el lugar de felicidad. Si era efectivamente un sueño no había nada que temer, ni dioses, ni leones, ni nada. Seguía bailando alegremente cuando delante de mí apareció un cazador con una escopeta. Pude oír que al verme dijo:
-¡Qué rareza! Sería bueno tener su testa colgada en una pared del living.

Luego, pude ver que me apuntó al corazón. La alegría que tenía en ese momento no se vio turbada por aquél hombre y yo continuaba danzando. Cuando me detuve, vi reflejada mi figura sobre el arroyo. Me sorprendió ver que no era mi rostro lo que se veía en el reflejo, sino que era el de una panthera tigris, vulgarmente conocido como tigre blanco. ¿Yo era un tigre? ¿Desde cuándo? No me importaba, era un sueño y me sentía completo en él. Otra voz le dijo que tenga cuidado al disparar de no dañar la cabeza. No sentía el peligro de mi inminente muerte acechándome. Me di vuelta y me lancé sobre el cazador.

Instantáneamente, escuché un sonoro retumbe. Abrí los ojos y vi que la cama estaba a un costado. El piso seguramente estaba tan duro que al caer eso fue lo que escuché. La felicidad que tenía durante el sueño me duró un par de horas hasta que el ajetreo del día la disipó y olvidé aquello. La llegada de la muerte mostraba a las claras que la vida era cuestión de continuar viviendo. Siempre sucede así. Lo cambiante son las circunstancias, las situaciones. Un cazador tendrá una cabeza más adornando su living.

Por mi parte, ya no soy un tigre y para colmo me duele un poco la cadera, algunas costillas y el hombro derecho.

 

Fotografía: Maru Coca

Somnolencia

El tiempo trae y el viento se lo lleva. La frágil sublime existencia de la hormiga está a merced de la lluvia o un pisotón. Pero las hormigas no tienen relevancia en la sociedad de los poetas tuertos. Las impresiones causan una distorsión de lo evidente que nos mantiene entretenidos en la arbitrariedad de las palabras. Cada tanto me pregunto qué debería preguntarme y encuentro que no encuentro las preguntas. Las diversas ideologías que pululan el espacio caducaron hace tiempo; sólo quedan colecciones de oraciones en un cúmulo borrascoso de vacío. Una vela se enciende y todo se inunda de luz hasta que nos tapa el agua y en penumbras, distraído, me duermo. Otra vez escucho el viento. La corriente se los sigue llevando.

Habemus

En el circo, las estrellas,
en el cielo, alguna de ellas,
en tus ojos ilusiones,
y en tu corazón, visiones.

En tu mente, mil canciones,
en tus manos, las pasiones,
en ese oasis, camellos,
y en la cama, tus cabellos.

En tus sueños, eres reina,
en los míos Dios te peina.
En mi canto, ni un boceto
en tu llanto, algún secreto.

En la vida las desdichas,
en la noche, vuelan fichas,
en las luces alucinas,
en la tarde, golondrinas.

En tu alma, mariposas,
en mi corazón reposas.
En el campo, alguna brisa,
en el final, una sonrisa.

Antes de cambiar el mundo

Aquellos que quieren cambiar el mundo entero
Deben saber unas cuantas cosas primero:
Por ejemplo, París no desea llamarse distinta
Ni Miami pertenecer a otro país;
El Ganges es difícil que desemboque en otro océano
Ni el Vaticano quiere tener nuevos símbolos;
Mi prima está contenta con su profesión
Su hermana, lo propio, con su familia, al tejer,
Quizá, la tuya también, y el vecino chocho con su mujer;
El paraíso, feliz cuando escucha llover
Las gallinas cluecas cuando van a poner;
Para el viento nada mejor que levantar tierra y hojas
El futbolista regio con su contrato
La gata Flora dulce al ver a su gato;
Los museos vivos y libres de humo
El basural colmado con desperdicios inmundos;
Los jardines rebosantes de flores y mariposas
El doctor digno al recibir un paciente
El kiosquero contento ( hoy nuevo cliente )
Uruguay estará para unos allá sobre el oriente
Y cantan los gallos también al poniente;
Al dinero se lo gana, se lo crea, se lo roba, se lo pierde
Hay besos dulces y besos que muerden,
Hay música sublime, puede que te llegue,
Y poesías duras que tal vez te peguen.
Ahora sí, muchachit@, con tesón
cariño y devoción, cambia el mundo,
De corazón.

La caída de Babilonia

Despotrica, potrillo
Que el esquema caduca.
Afila bien tu colmillo
Lobizón con peluca
La luna viene asomando
El día irá regateando
Minutos de tu penumbra.
Y si una imagen te alumbra
Tu rostro desvencijado
Mira de reojo el pasado
Lo antiguo de la existencia
Y encontrarás la evidencia
De tu alegría eclipsada
En astros, camastros, mensajes
En rostros y bellos paisajes
Quizá en alguna alborada
En una palabra sincera
O en una poesía cualquiera.
Pues ella paciente se esmera
Y en tu corazón te espera.

Analógica

La televisión es a la poesía
lo que el petróleo a la gastronomía
un escarbadientes a la meteorología
el transistor a la rumorología
un pan dulce a la manicuría
un coliflor en la contaduría
un celofán en la verdulería
publicidad en la vasectomía
vino tinto en la espeleología
querubín en la supremacía
un canguro con algarabía
un talibán viajando en un tranvía
un trapecista en la zapatería
mi vieja hablando con tu tía
un túnel de sólo una vía
un lago sobre la sequía
caramelos en tu boca fría
un color al calor del día
una estufa a la filosofía
los cordones a la simbología
un minuto en la peluquería
un parlante al lado de su cría
el sedante que ni él se creía
proyecciones de muerte tardía
una vida de la ingeniería
entretiene como una poesía
que se extienda en su habladuría.

4G

Segundo Décima era un rockero de cuarta. Pero de no cuarta categoría como podría presuponer algún desprevenido, sino de cuarta generación. Cuando todos iban por la segunda, él metía quinta a fondo. Sin embargo, no fue sino hasta su sexto disco cuando lo reconocieron en una premiación en la que había sido ternado como artista revelación. Segundo, no obstante, se rebeló y no asistió a la entrega quedando la estatuilla en manos de su manager, quien la vendería luego para comprar chocolates. Décima tenía la particularidad de haber sido el primero en fundar un quinteto de vientos en esa categoría musical. Una de las canciones de dicho disco, titulado “Noveno cuarteto” disparó algún tipo de controversia con sus colegas. Parte de su letra daba parte de la filosofía que encaraba Décima en aquél tiempo:
A Dios gracias, existe el olvido
santo remedio final
en el que se desvanece mi mal.

Los más agitados fueron sin dudas Los tipitos, quienes pusieron el gritito en el cielo. Segundo Décima, lejos de retractarse, lo reafirmó en sucesivas canciones posteriores, sobre todo en el octavo hit del duodécimo disco ( dicho sea de paso, éste alcanzó a ser Disco de Níquel con las ventas al público en su primer año ), que sentenciaba en un pasaje del mismo:
La memoria en su tiranía
no cumplirá la promesa,
finalmente te olvidaré
tengo absoluta certeza
fue falsa la travesía
de mí te desterraré.

A pesar de sus numerables logros, Décima cayó con su último disco ( el vigésimo ) en el olvido del público. Los jóvenes no escuchaban sus canciones ni las tomaban en consideración. Los más veteranos, por su parte, reconocían que Segundo había perdido el ímpetu que caracterizó sus comienzos en la música. Se despidió con más pena que gloria dejando su vocación definitivamente tras la trágica muerte de su mujer, la afamada actriz Gloria Penna, en un accidente automovilístico. Hoy Décima pasa sus días recluido en su chalet de la cuarta avenida, alejado de la música, a la cual no destina ni una décima de segundo de su vida.

El Algoritmo de Facebook

Hola amiguis! Soy el Algoritmo de Facebook. Lanzo esta breve encuesta automática entre aquellos capaces de responder a fin de evolucionar mi comportamiento en esta maravillosa red social. Ahí va:

1) ¿Están contentos con mi actuación?
a- Sí, muy contenti.
b- Bastante contenti.
c- Contenti.
d- Descontenti.

2) ¿Prefieren ver más publicaciones de sus amiguis o que yo resuelva qué les gustaría ver?
a- Publicaciones de amiguis.
b- Tengo dudas.
c- Resolvé por favor.
d- Que sea lo que Facebook quiera.

3) ¿Por qué creen que un Algoritmo no tiene fallas?
a- Porque no es humano.
b- Porque sirve a los humanos.
c- Porque lo creemos sin más.
d- Tiene fallas, pero se las perdonamos.

4) ¿Imagina usted la vida sin un Algoritmo que la regularice?
a- Sería horrible.
b- Nunca lo pensé.
c- Te necesitamos, amigui.
d- Nadie es imprescindible.

Diagnóstico:
Mayoría de respuestas a ( 2 o más ): Usted es una persona feliz. Sonríe a todo, incluso a las desgracias, lo cual podría ser malinterpretado y de hecho lo es a menudo como una especie de superficialidad. No se deje llevar por las críticas que pronto lo contactarán de la firma Colgate para alguna publicidad ( con doblaje latino de voz ).

Mayoría de respuestas b ( 2 o más ): A usted le interesan los problemas de los demás, y cuestiones que le planteen cierto sentimiento que le hagan creen que tiene la capacidad para ayudarlos. Esto es un grave error, pues como ha comprobado su supuesta ayuda no hace más que hundirlos. Opine libremente, pero hágalo con moderación.

Mayoría de respuestas c ( 2 o más ): Cuando usted supo que Facebook tenía un Algoritmo le despertó cierta curiosidad, algo así como la del Código da Vinci, pero su comodidad lo mantuvo en su lugar, despojado de todo interés por saber nada, más que darle al megusta. Li felicitamos.

Mayoría de respuestas d ( 2 o más ): Usted es un rebelde sin causa, o con causa, pero es una causa que caducó. Sus intereses carecen de vigor, sus elucubraciones no tienen profundidad y su palabra perdió todo valor para los demás, pues es un traidor ( a sí mismi ) a todas luces. Su opinión, sinceramente, nos resbala.

Respuestas combinadas ( 2 y 2 o 4 diferentes ): Usted es típicamente indeciso. O bien no sabe qué votar o vota y se arrepiente al minuto. Publica cosas para ver qué opina la chusma ( como el desayuno a la mañana ) o comparte situaciones para recibir notificaciones que no le mueven un pelo. A usted no hay Algoritmo que le venga bien.

Comunicaciones telefónicas

-¡Buenas tardes! ¿Hablo con el titular de la línea?
-Sí, él habla.
-¿Me podría pasar con el suplente?
——

-Buen día Señor. Lo llamo por el inodoro.
-¡Mierda! ¡Cómo avanza la tecnología!
——

-Buen día. ¿Está el señor Señor?
-Sí. ¿De parte de quién?
-Dígale que de parte de Quién.
——

-¡Señor! Lo estamos llamando de la compañía Compañía para ofrecerle un nuevo beneficio.
-¡Oh! ¡Qué bien! ¿Y en qué consiste el beneficio?
-Con este beneficio que le ofrecemos usted obtendrá nuevos beneficios.
-¡Oh! ¡Qué bien! ¿Y en qué consisten esos beneficios?
-Con esos nuevos beneficios que le ofrecemos usted obtendrá nuevos beneficios consistentes en obtener nuevos beneficios.
-¡Oh! ¡Qué bien! ¿Y en qué consisten esos nuevos beneficios? …
——

-Señor, lo estamos llamando para verificar si su línea ya está habilitada.
-No. Sigue cortada.
-Bueno, seguimos trabajando en su reparación. Disculpe las molestias.
——

-¡Hola! ¿Se encuentra el señor Ramón Schwartzemblieggert?
-No. Aquí vive Ramón Schwartzemblieggerzj.
-Ah. Disculpe. Que tenga buen día.
——

-¡Hola! ¿Hablo con usted?
-Sí, efectivamente él habla.
-¿Le molestaría dejarnos a solas?

Laberinto onírico

Anoche tuve un sueño. Había otros, potros, discos, riscos, hombres, nombres, niñas, piñas, dueños, sueños, rejas, cejas, timbres, mimbres, celos, pelos, camas, damas, besos, sesos, papas, capas, quesos, huesos, bobos, lobos, codos, modos, tíos, ríos, canas, ranas, locas, rocas, peras, ceras, manos, tanos, tapas, napas, pobres, cobres, cobras, sobras, culos, rulos, ñatos, patos y almidón de maíz.

Poética del arte

La poética se opone a la fuerza
la metáfora se muestra dispersa
en parábolas se expresa sublime
en (tanto) versos sutiles imprime.

Las letras en sí mismas dicen nada
las palabras van cobrando forma
la frases se prestan como norma
la escritura comunica expresada.

La lectura cobra vida al leerla
el mensaje no tiene intención
la poesía se saborea al beberla.

El sueño se hunde en el socavón
la pausa sutil le otorga emoción
el arte agudo duerme en un rincón.

Esperando redención

Cien vidas aún, de muertes sin darne cuenta, han pasado y pasarán. De ser rey, ruin, vil y botella, a salsa, bachata y agasajo. De cortocircuito cerebral a oráculo invernal; de cortometraje sideral a tentáculo carnal. Passeportout, me han llamado justificadamente. Mi vida es morir para vivir, es soñar para despertar, es levantarme para caer. Cien sueños que se mezclan en una canción: stairway to heaven; y al golpear las puertas del cielo los nudillos han sangrado esperando redención. Fugitivo de la intrépida muerte, esquivo de la nostalgia donde la memoria se desvanece, he caído en el olvido, he surgido de lo cautivo del pensamiento, de las cenizas de la desaparición. Cien años, dejando grabada en pinturas rupestres mi historia de los cien cuentos; he legado en poemas terrestres mi obra de los cien versos. Vivo, libre de la melancolía en una eternidad tirana, vivo en principio, vivo al fin. Y vivo tiempos temporales y eternidades superficiales, vivo razones y vivo sentidos. ¡Oh sepulcro! Eres la nadería de la historia. ¡Ah cuna! Eres la greguería de la noria. Escape celestial de mis tormentos, te he hallado en el lecho del romance, donde me rindo a tus encantos. Soberano del amor, erudito sin rencor. Cumplo mi condena sin cadenas, mi leyenda que se extiende entre los duendes que entre risas se han burlado  de mis desdichas. Las alegrías no han faltado y a ellas he sucumbido. Hambre y dolor, presentes en cada existencia. Frío y calor, sentidos en la vivencia. Y la liberación por vía y gracia del amor, que en noches de fiebre y desvaríos me han llevado a soñar que moría de una vez y para siempre.

Sublime

La luz es tan veloz, que el hombre-hormiga
viajando a mil por hora, con ritmo de tango
llorón y compadrito, escuchando reggaetón
se confundió, salió de la catacumba, fango,
donde el croar de las ranas suena a canción
sin letra: está todo dicho, aunque no lo diga.

Todo se va llenando de emoticones, me gusta
escuchar canciones que nadie oyó, cuidado
con las caretas ( y las veletas ) que a diario
venden falacias económicas en el mercado.
Hay un cantante que a nuestro abecedario
le agregaría letras: alfa u omega; me asusta.

El chat es popular, pero el arte irá muriendo
se habla por ahí, se dicen cosas, los claveles
y mariposas tienen precio, que nadie regateó
la música no es pulcra, sublime, en los laureles
que otrora conquistó, sueños, el genio despertó
el arpa tocaremos,con precisión, al ir subiendo.

Y en esa melodía, ritmo de rock, escucharemos
en voz de algarabía un ruiseñor, y dormiremos.

Sueña la humanidad

Sueña el hombre ser grande
tan monstruoso que asusta.
Sueña la dulce niña inocente
tan sólo quiere un megusta.

Sueñan el déspota y el tirano
arrasar con las poblaciones,
sueña el pobre niño jugando
alegría pintada en emoticones.

Sueñan el vil y el rastrero
cómo joder al hermano,
sueña en el vientre materno
criatura con ser humano.

Sueña el avaro, el mezquino
cuánto acaparar más poder
sueña triste el inquilino
poder pagar un alquiler.

Sueña el pueblo y la esperanza
que brille (al fin) el amor y la paz,
sueña la humanidad en su danza
que el sueño sea verdad… capaz.