En mi sueño eres tú

Otro sueño que se esfuma
Esperanza de esta pluma
Por darle voz al corazón
Que navega sin timón.

Otro sueño a la deriva
Sin embargo sigue viva
La connotación lasciva
De esta lengua primitiva.

Otro sueño que despiertan
Disgresiones encubiertas,
Conclusiones tan inciertas
Que ni al viento lo conviertan.

Otro sueño que se aplaza
Que derrapa y se desplaza
Cual paloma de la plaza
Picoteando una calabaza.

Otro sueño, otra muerte
Me engaña y me divierte,
Y aunque no tenga la suerte
Tengo el gusto de quererte.

Tiempo para soñar

“Mucha calma para pensar
y tener tiempo para soñar”.  Joao Gilberto

Sagrada la vida que asoma a la herida, en psiquis y en soma sagrada y querida; la parca temida, aliada y rendida, rinde pleitesía al coraje y bravía, al valor valentía, al follaje que se nutre del calor, que no tiene pudor al cambiar de atuendos, que le da dividendos a las formas de vida, cobrándolo enseguida con el canto del ave que suave y titubeante desgrana la mañana, y al emprender vuelo saltando del suelo irá atravesando brindando consuelo. Leyendo textos viejos, me encuentro y me recreo, me pierdo, me distiendo, se abre un abanico de posibilidades a la hora de la escritura que uno no sabe ( la ciencia cierta del no saber ) si dirigirse hacia aquí o hacia allí, o al más allá de las palabras. Toda vida es aquí, lo que soñemos tiende a ser aquí, el encuentro, la voz, los proyectos, y vidas por venir, se desarrollan florecen decaen justamente aquí, al amanecer precisamente cuando las aves inclinan la balanza de la belleza sobre las cosas feas o que nos disgustan. Lo cultural marca el ritmo de vida: días que se mueven, horarios que se estancan, semanas inocentes, tardes de sabores que exprimen los sentidos. Hace falta música para que el aire vibre y suene la melodía proverbial que acaricie el espíritu por encima de la libido, materia o sustancia ígnea de la unión con la mujer que descansa ahora en la cama esperando el anuncio de un nuevo día. Nuevo como el aire que respiro, nuevo como el alba, nuevo como el canto vivo, nuevo como el escrito que se extiende de tinta sobre la faz blanca de la hoja, nuevo que se renueva al parpadear y al silabear estas frases, hasta que la suerte los separe. En la salud y en la enfermedad comprendemos que estar vivo es otra suerte, una suerte de milagro si se quiere, apreciándolo en su máximo esplendor al recobrar la salud, olvidada cuando se tiene ya que obra como norma. Cuando hay salud es posible pensar y cuando irrumpe la enfermedad esta se lleva gran caudal de atención, hasta que nos volvemos médicos especialistas en tales cuestiones que atraviesan el cuerpo. Y pudiendo pensar, los sueños aparecen –siempre que el tiempo no nos devore- y con ellos los deseos: de progreso, de bienestar, de felicidad. Tener tiempo es vivir, independientemente de la actividad en que recaiga el tiempo, el cual podría ser de construcción, de reflexión, de inflexión, de inventiva, de siembra o de narrar los vaivenes del mismo tiempo, como pasatiempo. El tiempo no puede traer la solución a todos nuestros problemas, pero que tengamos tiempo para resolverlos es parte de la solución. Por otro lado, no todo son problemas: hay desafíos, caminos sinuosos, obstáculos al avance, en fin, situaciones que nos piden atención y otras que es mejor desestimar; por eso reloj, no marques las horas, deja que mis pasos me revelen los secretos más profundos de este ser. Las creaciones del tiempo, variopintas, quedan vetustas con sus correteos; los sueños están al presente, vivaces, para olvidarlos luego con nuevos sueños o con el ajetreo del tiempo, con cada hilo de pensamiento que nos lleva hacia montañas y cordilleras cubiertas de nubes, nubes de palabras, imágenes y sensaciones que pronto brotarán en discursos académicos o comerciales, ofreciendo algún modo o alternativa para vencer el tiempo, vaya paradoja del destino, cuando el tiempo venza, y el ocaso de los sueños pinte todo el paisaje con su luz.

Sueños de vigilia

A veces los sueños de los hombres se hacen realidad o, mejor dicho, tienen su reflejo en la vigilia ( ¿por qué razón deberíamos llamar al sueño irreal? ). Y a veces, no obstante, los sueños que tienen lugar cuando dormimos no desaparecen totalmente con la llegada de la vigilia, al abrir los ojos, sino que se entremezclan en un todo que nos envuelve. Y a veces, sin embargo, algunos de esos sueños se tornan pesadillas que creemos olvidar al despertar, o al menos evitamos con ello su discurrir que parecía –en sueño- inevitable.
Lo mismo ocurre con la vigilia, que no siempre es pura y carga con ella sueños y ensueños, visiones y fantasías, ilusiones y temores, que con el transcurso del día se van desvaneciendo hasta que caemos dormidos en algún sueño maravilloso del que no querríamos despertar.

Soñando

Dormido estuve soñando
Y que a mi lado estás vos
Soñando estuve creando
Así como crea un dios.

En el sueño era vertiginoso
El drama y la sensación
Y en un profundo reposo
Soñaba una dulce canción.

Un sentimiento rotundo
Me descubrió en otro mundo
Mas luego el sueño se olvida
Y descubrimos esta vida.

Soñé que el piso era el techo
Y un árbol de fruto da amor
Soñé que un niño en su lecho
Soñaba un mundo mejor.