Verdad de perogrullo

Todo es más simple de lo que parece. Para comprender basta la ecléctica meticulosa situación de anglosofismo, compararla con la insolvente retícula parcialmente elaborada de fabricación autárquica, someterla a la equivalente inmanencia del ser indudablemente sempiterno, recluirla al nicho ambivalente de la colosa facción en apertura y relegarla a la noción de ilusoriedad estelar bajo el manto del conocimiento general de las cosas y su pragmatismo posmoderno. ¿ Viste que no era tan difícil? Buenas noches.

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Actualidad actualizada

En algún punto indeterminado de la Historia, el juicio y la comprensión de los demás tomó forma de ‘verdad’. La opinión general apoyada por una mayoría hegemónica constituía la última palabra ( y muchas veces la única ). En ámbitos o ambientes donde algún saber existe, esto es lo primero que se descarta para arribar a tal o cual conocimiento, como por ejemplo el científico y cualquiera de sus ramas. No bastó entonces con la revolución científica para desterrar esta noción apócrifa sino que la radicalizó con disidentes de diversos y variados sistemas del saber donde no hay verdad alguna ni nadie la conoce pero lo que apoyen las masas pareciera ser el eje central de una oscura verdad, obsequiando como resultado una época donde somos capaces de discutir con un analfabeto sobre gramática, con un iletrado sobre química, con un linyera de economía y con un ególatra de distribución del ingreso.

Posibles génesis según varía la cultura

G1
En el principio era la Construcción, y en la Construcción se vivía sin Dios y nadie en la Construcción sabía siquiera de Dios. Ahí todo era distinciones entre esto y aquello, ese y éste otro, índigo y violeta, Pitufo y Larguirucho, amargo y tereré, antes y después qué, Borges y Cortázar, hambre y capitales, dioses y eruditos, vida y esperanza, ignorancia y yo qué sé. La Construcción estaba siempre ahí, con una característica sobresaliente: nada podía permanecer; por ello, todo cambiaba, mutaba, se transformaba o como le quiera llamar al proceso que regía lo único que había. Esto lo supo Edén, que era parte. Cuando tomó conocimiento del estado de cosas, pensó: cagué fuego. Entonces comenzó a discutir el asunto con los muros de la Construcción pero éstos lo fueron arrinconando a tal punto que cuando se lo estaban por engullir en un rincón, Edén cayó por un tubo durante cientos, miles, millones de años al vacío. Cuando terminó de caer, se asomó y observó que al final todo estaba lleno de construcciones, pero como durante la caída no había comido nada estaba tan flaco, tan flaco, tan flaco que atravesaba todas las construcciones y no chocaba con nada ni nada parecía detenerlo. Se había vuelto invisible. Cuando rayaba la desesperación, se plantó delante de él una mujer de una belleza sin par, que apiadándose del pobre diablo, le tendió una manzana para que se alimentara y recobrara vitalidad.
-¿Y vos? ¿De dónde saliste? –le preguntó Edén tras dar un mordiscón.
Ave, paciente con la inocencia de Edén, le contestó dulcemente:
-De tu esternón, mi amor.

G2
La luz era tan radiante que obstruía al sol y todos estuvieron de acuerdo en que se podía prescindir de sus servicios, si es que alguna vez los brindó. Entonces se organizaron varias excursiones a las estrellas, para ir apagándolas de a una, ya que a la noche consumían demasiados recursos de la tierra que estaban destinados a la vanguardia ideológica contemporánea. Así, poco a poco las constelaciones pasaron al olvido, la luna se inhibió y el sol finalmente se esfumó. No obstante todo se seguía observando tal como antes porque dejaron en su lugar luces que simularon cumplir alguna función. Los alimentos dejaron de surgir de la tierra como consecuencia, pero sustitutos de apariencia similar fueron concebidos por el conocimiento, aunque por algún extraño fenómeno cada vez se comía mucho más que lo necesario y el hambre era tan feroz en todas las bestias que poblaban el espacio sideral que ninguna estaba satisfecha. Las sustituciones también se realizaron en esas especies, que eran todas las que tenían movilidad. Éstas y las otras se duplicaban, triplicaban y multiplicaban a tal punto que el espacio no daba abasto a pesar de que se procuraba reducirlas con diversos métodos. No obstante, la filmación guionada fue interrumpida por el director, de nombre Edén, que luego gritó:
-Detengan la acción, llévense las cámaras, apaguen la luz.
-¿Qué sucede, vida? –le preguntó Ave, su mujer, quien llegaba con una canasta de manzanas colgada de un brazo no especificado.
-Esta película es una cagada. –respondió aquél.
-¿Y si mejor tirás unas costillas a la parrilla? –preguntó Ave. –Los nenes tienen hambre. –agregó. En efecto, tenían ciento ocho niños que alimentar.
-Tenés razón, el cine no es lo mío. –sentenció Edén.

Se fueron sin dejar rastros. No quedó ni el loro. Ni siquiera sabíamos si algo o alguien había porque todo estaba muy oscuro. Al final, estábamos nosotros y éramos nosotros, pero como no teníamos nada recobramos la Palabra y se hizo la luz. Y ese fue el principio.

G3
Al principio era el Espacio y el Espacio era todo. Pero no era el espacio entre dos palabras ni el espacio entre dos objetos, sino el espacio, a secas, ya que ni siquiera había humedad; el agua vino mucho después; y el vino ni hablar. Tampoco había dioses, ni científicos, ni filósofos, ni poetas, ni sed, ni música, ni imágenes, ni palabras. A medida que el proceso continuó empezamos a hablar, a escribir, a dibujar, a pintar y todos querían mirar, pero como no estábamos dotados del sentido de la vista aún, no veíamos nada y nos empezamos a tocar, a abrazar, a empujar, a pellizcar para corroborar que fuera cierto. Pero aún no lo creíamos y los intentos de iluminar los ojos fueron entretenidamente útiles pero ineficaces. A esa altura, se le ocurrió a un minero llamado Edén ocultar el Espacio bajo tierra. Se tomó el trabajo de reunirlo todo, que cabía en una cantimplora, y lo enterró en un viaje al centro de la tierra. Entonces, de eso que había sido el principio no quedó nada y todo lo demás quedó navegando, como el haz de luz de la linterna del casco que él llevaba puesto en la cabeza, a la deriva. Cuando asomaba por el túnel, su mujer, Ave, lo puso en vereda:
-Devolvele la cantimplora al pequeño Sec inmediatamente. –le dijo, cargando una bolsa de frutas que había comprado en el shopping.
-Está bien, pero si me das una manzana de esas que llevás ahí. –respondió el minero, que estaba muy hambriento y fatigado por el viaje.

Ave la dejó caer en las manos de Edén, que en su intento por atraparla se golpeó contra el lateral de la excavación, quebrándose una costilla. Luego, la cantimplora se restituyó a su legítimo propietario y el Espacio fue liberado, quedando todo como al principio.

G4
En el principio no había edenes, ni aves, ni espacio, ni palabras. Con el inexplicable surgimiento de los elementos a partir de allí, se producen también las formas cuya identificación resulta imprescindible para saber de qué estamos hablando por lo que surgen los nombres y la memoria que facilita la tarea de que al reconocerlas se las pueda nombrar. Con ella también surge el tiempo y la anticipación, y ambas comienzan a interactuar así como también los elementos constitutivos en una vibración intermitente. No obstante, ese movimiento secular del principio original puede interrumpir su pulso en un instante, quedando sólo aquello que es lo que en definitiva es. Se podría decir que el Ave reposa libre en el Edén y que allí no queda más Espacio para ponerlo en Palabras.

 

Desarrollaremos las distintas posibilidades en diversos biblioratos de acuerdo a los disímiles pueblos que las adopten.

De palabras

Frases que son memorables
recuerdos insoportables
la palabra detestable
un sentido indescifrable.

Un insulto camuflado
en elogios disfrazado,
un concepto equivocado
por otro distorsionado.

Una palabra de aliento
quejas y algún lamento
si amar es un sentimiento
repleto está el pensamiento.

Oraciones y poesías
expresiones y alegrías
la voz de todos los días
gritos de algarabía.

Un sermón o un discurso,
el dictado en otro curso,
la cultura la sostiene
la mente así se entretiene.

De un himno, su nacimiento,
de canciones, presentimiento,
en la tabla, mandamiento,
en lo eterno sólo un momento.

La palabra está en eso
y está la flor del cerezo,
dando vida en cada instante
asistiendo hasta un infante.

Es ella que vitalmente
te despierta en el presente
A veces causa un descuido
si no sirve mejor lo olvido.

Es vida y también camino
que transita el peregrino
que busca, acaso, verdad
y halla, así, libertad.

Pues libre de haber andado
diversos caminos transitado
así puede reconocer
lo ilimitado del ser.

No ser nada no es mentira
si lo dice el que delira
ser todo parece poco
si lo afirma un pobre loco.

Entonces, ¿acaso somos
un libro o algunos tomos
de una historia ficticia,
si una palabra te acaricia?

Será que sencillamente
lo que es lo es simplemente
sin un asomo de duda.
Lo dijo mejor un Buda.

Desilusión

Creía que el mundo le debía
felicidad, verdad y libertad.
Reflejo de sí cual un espejo
hallaba allí falsedad, fallaba.
Desencanto, mentira y canto
voces, ruidos, besos, roces
olvido y recuerdo, descuido
rezo, plegaria, soledad, preso
barrotes de ideas en el marote.

Fragua

Por la esquina, orgullosamente madruga,
Pasa la mentira creyendo ser verdadera.
Estafa, engaña, amilana las almas en pena
Se yergue en su envoltura de caucho
Y a veces viste de seda, o desnuda so pena.
Otrora, mañanas, pasa en cajón de madera.

Sueña la humanidad

Sueña el hombre ser grande
tan monstruoso que asusta.
Sueña la dulce niña inocente
tan sólo quiere un megusta.

Sueñan el déspota y el tirano
arrasar con las poblaciones,
sueña el pobre niño jugando
alegría pintada en emoticones.

Sueñan el vil y el rastrero
cómo joder al hermano,
sueña en el vientre materno
criatura con ser humano.

Sueña el avaro, el mezquino
cuánto acaparar más poder
sueña triste el inquilino
poder pagar un alquiler.

Sueña el pueblo y la esperanza
que brille (al fin) el amor y la paz,
sueña la humanidad en su danza
que el sueño sea verdad… capaz.